Fabricación de monedas de euros en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre

Fabricación de monedas de euros en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre FNMT / Europa Press

BLUE MONDAYS

Por qué la inflación elevada es sinónimo de recesión

5 septiembre, 2022 02:19

La historia nos muestra que cuando la inflación se eleva por encima de niveles digamos prudenciales las recesiones económicas son inminentes. Más que analizar las causas que llevan a esa alza en los precios me gustaría ayudar a entender el motivo por el cual un incremento de estos genera un desorden en el patrón de crecimiento hasta acabar en una recesión, o incluso, en una depresión.

La causa de un incremento en los precios es un factor confluyente de dos elementos principalmente: exceso de dinero abundante durante demasiado tiempo y un shock de oferta en las materias primas.

Los bancos centrales han vivido instalados durante demasiado tiempo en la complacencia de pensar que igual que han inundado la economía con dinero barato podrían retirarlo cuando se dieran las condiciones adecuadas. El problema es que nunca se han dado esas condiciones salvo para la economía americana. Europa es el mejor ejemplo posible del desastre monetario causado por el BCE.

Los ciudadanos europeos afrontan un ciclo tan incierto como enrevesado. Y lo peor no es que no haya precedente, sino que nadie saben cómo salir de aquí. Es la primera vez en la historia que con los indicadores de confianza y actividad cayendo a territorio de recesión, una autoridad monetaria inicia un ciclo de subida de tipos de interés. Justo lo que los manuales de texto nos enseñan que hay que hacer… pero al revés.

Los agentes económicos son conscientes de la situación no cuando suben los tipos de interés sino cuando tienen que probar la elasticidad de su cesta de consumo. Si los precios de la gasolina se disparan, la electricidad es infinitamente más cara y los precios de los alimentos se desbocan, el consumo reacciona de forma inelástica, es decir, cae pero poco. Eso lleva a que el resto de los elementos que conforman la cesta, llamémosle discrecionales, sean elásticos y caiga su consumo de forma más que proporcional impactando en el crecimiento.

Los ciudadanos europeos afrontan un ciclo tan incierto como enrevesado. Y lo peor no es que no haya precedente, sino que nadie saben cómo salir de aquí

Cuando los consumidores dejan de consumir hay un frenazo en la economía, pero eso no significa un ajuste inmediato en los precios. En este punto del ciclo en el que nos encontramos es todavía más evidente porque venimos de años de inflación moderada o incluso deflación, por ejemplo en las materias primas agrícolas, a lo que hay que sumar un shock de oferta provocado por la escasez de energía, que hacen que la inflación no se modere por el menor consumo.

Como el ajuste de los costes es igual para todos, las empresas sufren igualmente en sus márgenes los mayores costes de seguir pagando a proveedores y empleados hasta que dicen basta, y entonces suben sus precios. Todo lo anterior es lo que lleva a una espiral inflacionista previa a su consecuencia, la deflación.

Ahora mismo la situación está en lo que podríamos llamar pico de inflación lo cual no significa que se atenúe, sino que es máxima. La respuesta de las empresas es la misma que la de los consumidores: hay que aligerar la carga de costes. Y por ello empiezan a recortar gastos superfluos o no necesarios hasta ir a los más elementales. Por eso recortan personal y bajan la producción. Cuando eso es insuficiente es cuando empieza el daño de verdad. Empiezan a retrasar pagos hasta que incumplen sus obligaciones de deuda.

Y exactamente lo mismo pasa con los ciudadanos. Se quitan de costes innecesarios, no se sale, no se viaja, se pospone el cambio al coche eléctrico, se quitan suscripciones variopintas y no se renueva ni el armario ni los móviles. Así hasta que al igual que las empresas, se llega a un punto en el que para defender los costes más elementales se empieza a incumplir con la deuda, empezando por el impago de la tarjeta de crédito de ese verano por encima de sus posibilidades hasta devolver pequeños recibos. Así hasta que llega la hipoteca.

La penitencia hay que cumplirla y, por doloroso que resulte, Europa está abocada a una grave recesión económica

Ese es el escenario de recesión. La economía se ha ralentizado tanto que industria y consumo, caen de forma acelerada. Las empresas no invierten y la única vía de generación de PIB, que es la más nefasta posible, pasa porque los gobiernos soporten el escaso crecimiento posible con más gasto.

Pero el Estado es un agente más con los mismos problemas presupuestarios que empresas y consumidores solo que no tiene disciplina de gasto y se puede permitir el lujo de ser un moroso porque tiene financiación ilimitada. No se quita grasa presupuestaria y lejos de reducir costes los aumenta porque tiene compromisos políticos e intereses electorales que hacen inviable abrir ese melón llamado austeridad.

Y aquí llega todo de vuelta al BCE. Sabe que, si sube los tipos en ese escenario todo se hace más difícil. Se acelera y se anticipa el resultado final. Por eso el BCE desde hace mucho tiempo sabe dos cosas: la inflación iba a estar fuera de control y no iba a poder utilizar herramientas convencionales porque, de hacerlo, hundiría la economía. Pero la penitencia hay que cumplirla y, por doloroso que resulte, Europa está abocada a una grave recesión económica. Tiempo al tiempo.

Una investigadora, en un laboratorio vasco.

La autocrítica del ecosistema vasco de innovación: se baja la nota por primera vez y su autoevaluación cae un 2%

Anterior
Equipo de ciberdelincuencia de la Policía Nacional.

La ciberseguridad: el negocio tecnológico que nunca pasa de moda

Siguiente