Una grúa de auxilio en carretera esperando en un arcén en el País Vasco.

Una grúa de auxilio en carretera esperando en un arcén en el País Vasco. Europa Press

LA TRIBUNA

Serias dificultades para las empresas de grúas de auxilio en carretera

Las empresas de auxilio en carretera inician negociaciones con el sector de la asistencia en viaje para evitar el colapso de los servicios de grúa antes de fin de año.

25 julio, 2022 02:31

Hace en torno a cinco meses que el último paro de transportistas alumbró un Decreto ley de "medidas para la mejora de la sostenibilidad del transporte de mercancías por carretera y del funcionamiento de la cadena logística", pero nada se ha sostenido ni mejorado para las casi dos mil empresas de auxilio en carretera, cuya agónica situación ya comienza a imposibilitar la realización puntual de servicios no urgentes, nocturnos o en fin de semana en algunos puntos de España.

De hecho, que el oligopsonio que forman las compañías aseguradoras, clubes automovilísticos y plataformas de asistencia, no haya aplicado las subidas de tarifas a las que obliga aquel decreto ley, sin posibilidad de pacto en contrario, por el incremento de precio de los combustibles, que ya supone más de un 11% de subida de costes en lo que va de año, ni haya actualizado precios de los servicios urbanos de asistencia, en muchos casos, desde 2010, está haciendo que parte de las empresas de auxilio no puedan responder, con carácter general, a miles de servicios de auxilio.

Esto es consecuencia de la degradación de la remuneración y el exceso de cargas y trabas en las condiciones para su prestación, que obliga a estas empresas a operar en pérdidas si quieren sostener una atención rápida y de calidad durante las 24 horas de los 365 días del año.

Por ejemplo, enviar una grúa por apenas 40 euros, para que en menos de treinta minutos un trabajador especializado repare o rescate un vehículo averiado en un tramo urbano, revise y rellene numerosa documentación, además de otras obligaciones formales y de seguridad vial, cargue el vehículo en la plataforma de la grúa y deje la vía limpia y expedita, así como que gestione la situación del ocupante del vehículo proporcionándole un taxi o similar, es inviable económicamente para cualquier empresario de este país.

Lamentablemente, detrás de un conductor satisfecho con un servicio de auxilio en carretera, que puntúa a su aseguradora con cinco estrellas, hay una empresa de auxilio asfixiada con unos gastos y condiciones contractuales, que probablemente ha prestado el servicio a perdidas, o con suerte con beneficio cero. Este es el panorama hoy en día.

La situación es tan grave y ejerce tal tensión en todos los partícipes de la cadena de operaciones de auxilio en carretera, que se ha elevado a nivel de conflicto sectorial. De persistir en el tiempo comenzarán, despidos, cierres, concursos y falta de servicio en nuestras carreteras.

Muy preocupados por ello, y constituidos en Alianza para estos menesteres, los representantes del sector han emplazado a las citadas compañías aseguradoras, clubes automovilísticos y plataformas de asistencia, para agotar toda vía de diálogo, habiéndose producido ya las primeras reuniones con el objetivo de buscar acuerdos marco que permitan sanear el mercado, antes de que puedan producirse movilizaciones, paros, etc.

De persistir en el tiempo comenzarán, despidos, cierres, concursos y falta de servicio en nuestras carreteras.

Un diálogo privado y ceñido a la legalidad. Sin intervención del gobierno ni las administraciones públicas. A diferencia del de sus compañeros transportistas, las empresas de auxilio en carretera no cuentan con el respaldo de las instituciones. Nadie auxilia a las grúas.

En los primeros contactos se ha compartido -por todos los operadores del sector serios y responsables-, el hartazgo con unas políticas económicas, sociales y fiscales que cercenan la estabilidad y la confianza en el mercado, e impiden la sostenibilidad de modelos de negocio basados en la excelencia en la asistencia. Empero, la penuria del contexto socioeconómico no exime de responsabilidad a quienes, formando parte de un oligopsonio (una decena de compañías aseguradoras, clubes automovilísticos y plataformas de asistencia, frente a dos mil empresas de auxilio), estrangulan la viabilidad de sus proveedores con tarifas menguantes y obligaciones accesorias crecientes.

En este diálogo recién abierto, las empresas de auxilio plantean con justicia, además del primordial cumplimiento de la legislación vigente y la correspondiente subida de precios para trasladar los incrementos de coste de los combustibles, la revisión inmediata de una serie de operativas ineficientes y una mejora de la transparencia en las relaciones comerciales entre las partes.

En los aspectos operativos, habrá que posibilitar fórmulas para la reducción de radios o zonas de traslado de vehículos, adecuando exigencias a los medios y recursos disponibles; revisar los conceptos de urgencia, prioridades y prelaciones, etc.; eliminar las sanciones abusivas por retrasos en las asistencias o por acudir con vehículos no rotulados de la marca de la plataforma intermediaria; permitir efectivamente que las empresas de auxilio controlen sus modelos de gestión para favorecer la eficiencia en servicios nocturnos, largo recorrido y otros, y promover las inversiones para la mejora de comunicaciones, geolocalizaciones y los sistemas de facturación.

Además, es de recibo que, en este nuevo marco de relaciones, el coste de la seguridad laboral y la eficiencia deba compartirse entre todos los eslabones de la cadena de auxilio, sin resultar ajenos a los intermediarios. Mantener retenes de trabajadores de guardia por las noches, festivos y fines de semana, así como formar y proteger a las plantillas para minimizar los riesgos de accidentes en un trabajo tan expuesto, es inviable si esos elevadísimos costes no pueden trasladarse a la cuenta de resultados.

Demasiada gente confía en que alguien va a preocuparse de resolver sus problemas. En la epístola a los filipenses, San Pablo declara que "Dios proveerá". Los gobernantes se tornan en dioses, asegurando que, aunque estés en medio de un problema económico difícil, puedes tener contentamiento porque el Señor ha prometido alimentarte y vestirte.

Pero en esta ocasión la solución debe y va a tener que gestarse por los propios empresarios afectados (sin la intervención del Todopoderoso Estado), para promover la revisión de los sistemas retributivos de los servicios de grúa, evitar rupturas comerciales o reducción drástica de encargos, eliminar los crecientes casos de dumping y competencia desleal que se están produciendo y reforzar la legalidad vigente y las buenas prácticas de mercado.

El fracaso de estas actuaciones implicaría, conflictos y paros patronales incluidos, que España acabe teniendo un servicio de auxilio en carretera tercermundista. ¡Que nadie tenga que esperar a la grúa más de la cuenta, porque no haya grúas para acudir a su rescate!

***Emilio Domínguez del Valle. Abogado, experto en movilidad y transportes.

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