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La tribuna

Para reducir la inflación no valen atajos

La política expansiva para combatir la inflación es un arma de doble filo en este contexto que ha cogido desprevenidos a los políticos.

31 marzo, 2022 01:52

El regreso de la inflación está suponiendo un cambio relevante para una economía como la española que se había acostumbrado a tener crecimientos muy bajos o incluso negativos de los precios en la última década. Las ganancias de competitividad-precio recogidas en todos estos años de atrás desde la crisis de 2008 con respecto a la media de la eurozona, están disipándose de un modo preocupante y con un escenario cada vez más complejo para sustentar el superávit por cuenta corriente que tan importantes réditos ha generado para nuestro país (0,6% del PIB al cierre de 2021).

La inflación adelantada de marzo nos devuelve a épocas pasadas, a problemas que parecían estar superados, pero que vuelven a la superficie conforme nos hacemos más dependientes de las importaciones de ciertas materias primas y bienes críticos para el funcionamiento del paradigma ecológico-digital abanderado por la Unión Europea desde 2019.

Mientras que no se produce ningún tipo de conflicto y la tendencia globalizadora de largo plazo se mantiene, la política económica no presta atención a cuestiones como la soberanía, la autonomía estratégica o el aprovisionamiento de elementos fundamentales para el devenir del país.

La inflación adelantada de marzo nos devuelve a épocas pasadas y a problemas que parecían estar superados

Sin embargo, tras una pandemia mundial con fuertes repercusiones en España y la aparición de múltiples restricciones y 'cuellos de botella' en el comercio mundial, se ha visto hasta qué punto se ha ido fraguando una "dependencia silenciosa" que, ante las primeras restricciones, se ha traducido en tensiones inflacionistas de medio y largo plazo.

Un escenario que ha cogido desprevenidos tanto a Gobiernos como a Bancos Centrales, más preocupados por mantener abierto de forma permanente el grifo del gasto y la liquidez que en poner en marcha reformas procompetitividad y favorables a un crecimiento sostenido de la productividad total de los factores, la piedra angular para que las economías de mercado funcionen a largo plazo.

En este sentido, el IPC (al igual que el deflactor del PIB cuando se publique la Contabilidad Nacional del primer trimestre de 2022) no es más que el reflejo de las tensiones que vivimos, las cuales sufren especialmente aquellas familias y empresas más vulnerables, con situación de endeudamiento poco sostenible y con un problema a largo plazo en materia laboral y formativa.

Ante este problema de primera magnitud, los Estados que no tienen autonomía monetaria deben contar con un arsenal bien dotado de políticas económicas que contribuyan a la desinflación, el incremento de la competencia en los mercados y la estabilidad macroeconómica, empezando por un mecanismo tan básico como es eliminar los efectos de la inflación sobre la recaudación fiscal, de manera que los ciudadanos no sufran una "progresividad en frío" que mine aún más su renta disponible.

En segundo lugar, se necesita una política al menos no expansiva por el lado del gasto para evitar retroalimentar el consumo de aquellos bienes donde más se concentra la inflación como es el caso de la energía o los alimentos. Una política fiscal de signo expansivo como puede ser conceder subvenciones o generar déficits de tarifa en ciertos mercados es un arma de doble filo que es necesario desaconsejar y optar por otras vías de estabilidad.

Se necesita una política al menos no expansiva por el lado del gasto para evitar retroalimentar la inflación

Precisamente en esta línea, por último, se sitúan las políticas de reforma estructural para conseguir el cambio de composición de combustibles, tecnologías y mecanismos de fijación de precios para eliminar rigideces internas que multipliquen los efectos negativos de las subidas de precios que se producen en los mercados internacionales.

En este aspecto, es imprescindible ejecutar una política ambiciosa de "mercado único" real que acabe con ineficiencias que suponen enormes costes como son los excedentes de producción agroalimentaria que se pierden porque no pueden ser vendidos en el mercado interno por falta de redes comerciales, atomización de la producción, falta de previsión ante los distribuidores o las consecuencias gravemente negativas que provocan las importaciones masivas de productos provenientes de terceros países a precios muy bajos y que no cumplen con los mismos estándares y exigencias que en el mercado interno.

De esta forma, será posible en los próximos meses con la ayuda de los mercados internacionales ver un respiro en el IPC hasta que retorne a una senda más estable y acorde a los objetivos de política monetaria del BCE. Hasta entonces, una tasa de inflación de los bienes y servicios de consumo tan alta es una amenaza muy importante.

No vale en escudarse con que la inflación subyacente está en el 3,4%. La inflación subyacente suele ser en Economía un false friend, ya que no se puede prescindir completamente del impacto de los precios energéticos y alimentarios sobre el conjunto de bienes y servicios presentes en la cesta de la compra del INE. Además, tiene un comportamiento retardado con respecto al dato de inflación corriente.

No valen atajos ni trucos a la hora de luchar contra la inflación. Es necesario actuar rápidamente, con criterio y decisión.

*** Javier Santacruz es economista.

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