La presidenta del BCE, Christine Lagarde.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde.

La tribuna

BCE, el mismo plan, pero con flexibilidad

El BCE vislumbra que la inflación se instale cerca del 2% a medio plazo, lo que le abre la puerta a acelerar el final de sus programas de compras y a empezar las subidas de tipos.

11 marzo, 2022 03:09

El Banco Central Europeo afrontaba un dilema en su reunión de ayer, que la presidenta Lagarde expuso en estos términos: había gobernadores partidarios de no tomar decisiones en un momento de máxima incertidumbre, y otros resueltos a proseguir con el plan de acción ateniéndose a las dinámicas de crecimiento e inflación previas a la invasión de Ucrania. Las decisiones adoptadas muestran claramente que se impusieron estos últimos, aunque dejando la puerta abierta a cambiar de rumbo según aconsejen los acontecimientos.

La medida más relevante ha sido una reducción y finalización de las compras de bonos más rápida de lo comunicado en diciembre. Una vez cerrado el Programa de Compras en la Emergencia Pandémica (PEPP) a final de marzo -que venía adquiriendo unos 80.000 millones de euros al mes-, el mecanismo ordinario (APP) será temporalmente incrementado a 40.000 millones en abril, para decrecer en los dos meses siguientes hasta ser cancelado, en principio, en junio.

Puede parecer agresivo en un momento de turbulencias geopolíticas, económicas y financieras. Por esto Lagarde repitió una y otra vez en la rueda de prensa dos aspectos fundamentales: que ajustarán esos ritmos en función de los datos, y que seguirán reinvirtiendo prolongadamente todos los vencimientos e intereses de los más de cinco billones de euros de bonos gubernamentales y corporativos en su balance.

El anuncio del final de las compras es importante, porque es un prerrequisito para comenzar a subir los tipos de interés. Si finalmente los acontecimientos permiten al BCE parar la Expansión Cuantitativa en junio, el camino estaría despejado para dejar caer en la reunión del 8 de septiembre que se dispone a dejar atrás el -0,50% a más tardar el 15 de diciembre.

El anuncio del final de las compras es importante, porque es un prerrequisito para comenzar a subir los tipos de interés

En este calendario acabaría el año en el -0,25% y subiendo otros dos o tres cuartillos a lo largo de 2023. En cualquier caso, no altera la perspectiva de unos tipos de interés permanentemente inferiores a la inflación, lo que venimos en llamar el "impuesto invisible sobre el patrimonio".

Quizás el cambio de mensaje más significativo ayer fuera que, por primera vez en casi una década, el BCE declare que considera que las expectativas de inflación se están "re-anclando" cerca del 2% y que ve factible que su objetivo pueda alcanzarse en el medio plazo, aunque reconociera que depende de unos incrementos salariales medios en la zona euro que siguen siendo inferiores a ese nivel.

Merece la pena pararse un momento en las nuevas previsiones económicas del banco central, la primera institución multinacional en actualizarlas después del inicio de la guerra. En línea con el impacto en el PIB real que venimos estimando desde que se disparó el precio del petróleo, la estimación del crecimiento en 2022 ha sido rebajada en medio punto hasta el 3,7%, dejando sin apenas cambios las de 2023 en el 2,8% y de 2024 en el 1,6%, cerca ya del lánguido ritmo potencial a largo plazo.

Mucho mayores han sido lógicamente los ajustes respecto a la inflación. El nivel de IPC promedio ha saltado del 3,2% al 5,1% este año, y tres décimas hasta el 2,1% en 2023. Sin embargo, el cambio más sutil pero relevante es el de las tasas general y subyacente previstas para 2024 -ambas en el 1,9%- ya suficientemente próximas al objetivo del 2,0% como para iniciar la larga marcha hacia los tipos positivos.

Hasta aquí lo que podríamos considerar el "menú del día" del BCE. Pero hubo además algunas referencias a los que considero elementos cruciales para que no se deteriore el panorama económico más allá del impacto del encarecimiento de la energía: la estabilidad financiera y el mantenimiento de la plena funcionalidad del sistema crediticio.

Quizás haya pasado desapercibido para muchos inversores y medios de comunicación, pero un factor que ha amplificado la volatilidad en las bolsas ha sido el desplome de los bancos. No se ha debido a su exposición directa a Rusia o al rublo -que es marginal salvo para un puñado de entidades- sino por la operativa de sus clientes en derivados sobre materias primas.

Fue reconfortante ver salir al vicepresidente de Guindos y asegurar que, como nosotros, vigilan muy de cerca que se cumplen las peticiones de aportaciones adicionales de garantías en los contratos de opciones y futuros, que no hay pérdidas relevantes en créditos comerciales y que no peligra la estabilidad financiera.

En tanto que los indicadores de estrés sistémico (el propio del BCE, los diferenciales crediticios, las primas de riesgo del interbancario y los CDS) se mantengan contenidos, partiendo además de niveles tan confortables, las condiciones agregadas de financiación seguirán siendo favorables, el grifo del crédito seguirá abierto, y probablemente logremos -con la ayuda inestimable del BCE- esquivar la recesión.

*** Roberto Scholtes, director de Estrategia de UBS en España.

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