Vivir con la incertidumbre

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DIRECTIVOS

Vivir con la incertidumbre

22 febrero, 2022 02:35

- Siento no poder explicarlo mejor -, dijo Alicia muy educadamente, - porque la verdad es que yo tampoco lo entiendo muy bien;  y ser de tantos tamaños distintos en un solo día confunde mucho-. / - No, no confunde - contestó la Oruga. / - Bueno, a lo mejor tu aún no lo has encontrado confuso -repuso Alicia - pero cuando tengas que convertirte en una crisálida, cosa que te ocurrirá algún día, y luego en una mariposa, también te confundirá, ¿no crees? - / - En absoluto - afirmó la Oruga. / 'Alicia en el país de las Maravillas'. Lewis Carroll.

En un entorno de incertidumbre como el actual, en constante evolución y cambio, donde reina la innovación y la creatividad como mantras a incorporar en cualquier proceso de mejora empresarial, debemos hacernos a la idea de que los problemas actuales ya no se resuelven como antaño. Ahora, esos momentos de inquietud a los que añadíamos noches perpetuas de insomnio, deben relativizarse. Debemos detenernos a observar la raíz de dicha preocupación, vislumbrar la orientación de nuestra futura decisión y esperar a que el contexto no varíe con la velocidad con la que ahora se desarrollan los entornos.

Porque la incertidumbre es una realidad con la que hay que vivir y convivir y en este hecho consumado dicha relación debe ser armónica, consecuente, soportable. Para tomar decisiones coherentes, apegadas a objetivos viables y plausibles, es necesario poseer un control de lo que nos rodea. Empezando por aquello que precisamente no controlamos y no debemos gestionar.

Como cazatalentos que lleva años evaluando diferentes tipos de perfiles para puestos de responsabilidad y que conversa con asiduidad con directivos relevantes, experimentados y de éxito, considero que aquellos que mejor se desenvuelven en los parámetros actuales son esos perfiles que miman y trabajan en los siguiente aspectos:

1) La forma física. Esencial ante los continuos periodos de estrés acumulados, una buena salud mental y física, aderezada con ejercicios para desarrollar ambos campos, permite una toma de decisiones más acertada, pues está demostrado que existe una relación causal entre el descanso efectivo y la toma de decisiones acertada. Además, una continuidad en el ejercicio físico permite establecer lo que denomino "áreas perimetrales de desconexión", esos momentos en los que sueltas toda la tensión acumulada de la jornada y lo orientas a otros vectores.

2) La autoseguridad. O convencimiento en la forma de hacer y proceder. El directivo de éxito es aquel que afronta sus compromisos con la certeza de que el resultado final será satisfactorio para sus intereses, conforme a los planes establecidos previamente. Capacidad, experiencia, información y buen equipo forman los componentes que revierten en esa seguridad autoinducida.

3) Capacidad para reconocer y aprender de los errores. Cuando cometemos un error, debemos tener la capacidad para identificarlos cuanto antes y tener la humildad para afirmar que lo hemos cometido. La autoridad del directivo no se mantiene en el sostenimiento del error u oscureciendo su desarrollo, sino atajando la situación y reuniendo el valor para darle la vuelta.

4) Confianza en los demás. Siempre se ha dicho que no hay buen líder sin buen equipo. Los grandes personajes de la Historia que han contribuido con la firmeza de su actividad o ejemplos ofrecernos un legado póstumo, siempre han confiado sus capacidades a los buenos profesiones que los rodeaban, para alcanzar así objetivos comunes. Eso que todos llamamos delegar no es otra cosa que dar a cada uno según sus capacidades y recompensar según sus resultados.

5) No temer al error. Porque el fracaso solo es un paso que acerca más a la solución definitiva. Recordemos cuando a Edison le reprocharon sus continuos fracasos a la hora de crear la bombilla, generando luz eléctrica que hasta hoy nos acompaña. Dijo: "no he fracasado: solo he hallado tres mil maneras de cómo no se construye una bombilla". Hay que tomar riesgos, medidos, controlados, asumidos, pero riesgos. Lo demás, es una permanente conformidad en lo establecido. Y eso casi conduce al éxito. Pero solo casi. Porque la peor decisión a veces, es aquella que no se toma.

6) Saber cuándo intervenir. El buen directivo es aquel que sabe en qué momento debe tomar ciertas decisiones, cuando debe arremangarse y sacar adelante las cosas. La estrategia se puede definir desde el púlpito, la batalla se libra siempre en el terreno. Pero siempre teniendo en cuenta que, además del competidor o adversario, existe algo llamado incertidumbre, una factor que, con la mentalidad adecuada, y la prudencia y decisión convenientes, puede convertirse en aliado para saber gestionar las nuevas oportunidades que el futuro nos ofrece.

*** Antonio Núñez es senior partner de Parangon Partners.

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