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Calpe, por tierra, mar y aire

La ciudad alicantina presume de oferta de ocio gracias a su privilegiada situación, frente al Mediterráneo y con la naturaleza más salvaje a su espalda.

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Vigilante, el peñón de Ifach se erige orgulloso sobre el Mediterráneo señalando el punto en el que cielo, mar y tierra se unen. Las coordenadas quisieron que justo en ese punto de la Costa Blanca, marcado en el horizonte con ese risco a medio camino entre la isla y la montaña, creciera Calpe, bendecido por el entorno privilegiado y el clima benigno que marcan el día a día de esta villa de poco más de 20.000 habitantes.

Una población que se multiplica no sólo en verano. Es habitual que, también en los meses más (presuntamente) fríos, los forasteros hallen motivos para disfrutar de sus posibilidades. No obstante, el municipio suele ser el centro de operaciones de equipos ciclistas de élite que buscan el sol y la variedad en la orografía de la zona para acumular kilómetros de cara a la temporada. Pero no hace falta ser profesional: la oferta deportiva está al alcance de todos.

Son muchos los aficionados que han encontrado en Calpe un escenario perfecto para sus actividades, aun siendo tan heterogéneas como correr por el monte, montar en bici, escalar... o lanzarse en parapente, en un viaje vertiginoso y emocionante desde el techo del municipio hacia las profundidades marinas. Y es que al margen del omnipresente peñón, las cercanas sierras de Oltà y Toix dan la oportunidad de descargar adrenalina o, simplemente, de pasar una jornada de senderismo en un entorno de paisajes sorprendentes, inesperados y rebosantes de naturaleza.

Pero Calpe, inevitablemente, mira al mar. Más allá de sus playas, las emociones siguen bajo el agua. Además de poder contemplar los fondos submarinos con embarcaciones especiales o con la práctica del snorkel, bucear en el entorno es un clásico a lo largo de todo el año. Aunque hay varias zonas aptas para iniciarse, los más experimentados ensalzan las inmersiones en torno al cabo, especialmente la más recurrida: la de 'Los Arcos', donde las rocas que fueron desprendiéndose en el pasado han creado una orografía espectacular, llena de laberintos y recovecos en los que el juego de luces, la ausencia de corrientes y la escasa dificultad la señalan como una visita casi obligada.

Las profundidades calpinas guardan más sorpresas. Entre peces y erizos de mar, los buzos pueden visitar la primera bodega submarina del Mediterráneo. Frente al Morro de Toix se halla la cava de Vina Maris, que mantiene envejeciendo a unos 30 metros de profundidad un millar de botellas de caldos de Enrique Mendoza. Lo anecdótico, sin embargo, no debe esconder el ingenio de una técnica conocida de antiguo: las condiciones de presión, temperatura y oscuridad del fondo marino son ingredientes muy especiales en la maduración del vino. Incrédulos o convencidos con el sistema, la propia empresa invita a hacer la prueba organizando inmersiones para 'rescatar' una botella con la que comprobar la receta.

Bodegas Vina Maris

Bodegas Vina Maris

Pero para disfrutar del concepto de maridaje en sentido literal, nada mejor que dejar el neopreno en el cajón y pasear por el casco histórico de la villa para acudir a alguno de los establecimientos que ofrecen los platos típicos de la zona, -como no podía ser de otra manera en Levante- con el arroz y los productos marinos como ingredientes centrales. Imprescindible probar las dos estrellas de la gastronomía calpina: el Arròs del Senyoret, la paella de pescado y marisco pelado que adquiere personalidad propia en este rincón de Levante; y la Llauna de Calp, a base de pescado de la bahía, patatas y tomates. 

Después de comer el cuerpo pide un plan más tranquilo, pero igualmente delicioso: andar. Sin rumbo, abandonándose a los pasos por los callejones del pueblo, visitar el barrio morisco, las antiguas murallas, la Torre de la Peça... o simplemente empapándose del animado ambiente de uno de esos lugares cuyo clima invita durante toda época a sumergirse en el bullicio, incluso más allá de las famosas fiestas de Moros y Cristianos.

Y si no, vuelta a la playa, donde respirar la brisa mediterránea sobre la alfombra de fina arena. Entretanto el Ifach, el vigilante y orgulloso peñón que nos escolta, ofreciendo una estampa ora de cuento, ora de pura realidad: tan cercana como devolverle la mirada.

'Calpe, por tierra, mar y aire' es un contenido patrocinado por Ayuntamiento de Calpe.