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Letras

20 Razones para un Nobel

15 octubre, 2010 02:00

El arte de la novela

Los méritos literarios de Vargas Llosa son tan obvios que, para justificar el premio Nobel ni siquiera siento la necesidad de vaciar sobre su cabeza el cubo habitual de alabanzas. Son numerosos los deleites a él debidos. Habría que ser muy desmemoriado para no acordarse de los ensayos que consagró al arte de la novela, extrayendo sabiduría del estudio detenido y profundo de obras ajenas. Tiene Vargas Llosa una faceta que le ha granjeado detractores, la del hombre que piensa en voz alta sobre los fenómenos colectivos. Hay quienes se cierran al placer de la lectura de sus obras por divergencias de opinión. Pobrecillos. FERNANDO ARAMBURU

El Nobel de la esperanza

Como escritora, como ser humano, y como cubana, estoy profundamente feliz con la noticia de que nuestro querido Vargas haya recibido el Nobel. Como escritora, porque su obra es un ejemplo para cualquier escritor, es pura enseñanza estilística, de un soberbio delirio sustancial y artístico dentro de una majestuosa obra narrativa. Vargas Llosa no ha cesado de defender los derechos humanos de mi país. Los escritores cubanos, y los cubanos todos, jamás olvidaremos lo que este gran caballero de las letras ha hecho y sigue haciendo por nosotros. ZOÉ VALDÉS

Nos sobra dónde escoger

Cuando Octavio Paz ganó el premio Nobel le envié un telegrama con el palíndromo en francés: LE BON NOBEL. Veinte años después el Nobel, tantas veces aleatorio como una lotería literaria, vuelve a salir redondo y recompensa a otro gran escritor de nuestro idioma. A Vargas Llosa le sobran títulos para alcanzar este galardón y por fortuna a sus lectores también nos sobra donde escoger. ¿Conversación en la Catedral? ¿La fiesta del Chivo? Como lector he pasado horas magníficas con Vargas Llosa y recuerdo con especial gratitud las primeras, tal vez las mas intensas, cuando descubrí deslumbrado un nuevo autor y su nuevo mundo en las páginas de La ciudad y los perros, La casa verde, Los cachorros, tres libros que ocupan un lugar preferente en mi biblioteca terca desde que se publicaron por primera vez. JULIÁN RÍOS

La eterna juventud

Leyendo a Vargas Llosa fuimos muchos los escritores de mi generación que aprendimos algo sobre el arte de escribir. Sin renunciar a narrar, Vargas Llosa siempre acertaba a encontrar la “manera” que le correspondía a cada historia, y eso le llevaba a explorar y ampliar los límites del propio oficio de contar historias (porque no todas las historias pueden contarse siempre del mismo modo). Quizás ese afán de exploración y renovación explique en parte ese secreto de la eterna juventud que mantiene tan lozanos, tan actuales, sus textos más antiguos. Por ellos, como por los grandes clásicos de la novela, no parece haber pasado el tiempo. IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN

Grandeza innegable

La narrativa de Vargas Llosa guarda un equilibrio fundamental por encima y por debajo de sus tribulaciones políticas y es de una grandeza innegable. Cuando leí La ciudad y los perros me alarmó pensar cómo un hombre tan joven había asimilado tanta experiencia y había sabido crear una estructura narrativa tan luminosa y tan compleja, donde a la vez que todo era un viaje hacia adelante, lo era también hacia atrás. Lo apuntado en La ciudad y los perros estalla como una gran floración selvática en novelas posteriores, en las que se cruzan, como hilos de un mismo tejido, los diálogos además de las situaciones, adensando físicamente la historia y propiciándole al lector una visión global y a la vez atomizada de la realidad. JESÚS FERRERO

El peso del triunfo

Antes hubo otros (García Márquez, Paz, Aleixandre) con quienes mantuve amistad o conocimiento, pero lo de Vargas Llosa es como si le hubieran dado el premio a un compañero de clase. No uno cualquiera, claro, sino el más sobresaliente del colegio. Siempre ha sido así. Es una condena que arrastra, la de ser siempre el más listo, el que mejor escribe… Lo asombroso es que no se ha cansado de ese papel, uno de los más duros. La literatura americana está plagada de triunfadores que no soportan la carga de ser el mejor, pero a Vargas no sólo no le aplasta el peso de sus virtudes sino que lo afinan. Y eso incluso cuando fracasa, porque sabe que triunfar en todo sin conocer el fracaso es una frivolidad. Por eso su único fracaso, no resultar elegido presidente del Perú, incluso como fracaso es un triunfo admirable. FÉLIX DE AZÚA

Apasionado y apasionante

Mario Vargas Llosa me parece un escritor extraordinario, uno de esos poquísimos novelistas que son al mismo tiempo narradores irresistiblemente apasionados, y apasionantes, e intelectuales de primer orden. Es, además, uno de los escritores más jóvenes que conozco, y quizás el único de su tamaño —en lengua española al menos— que se arriesga a afrontar cada nuevo libro como un reto ambicioso y definitivo, con el mismo empeño, la misma entrega de un aprendiz de veinte años. Eso es lo que le hace tan grande. Yo le daría el premio Nobel todos los años, aunque sólo sea porque, de mayor, lo que yo quiero ser es Vargas Llosa. ALMUDENA GRANDES

Metáforas de la realidad

Su obra literaria ha tenido siempre la ambición de construir esos mundos completos que tuvo la gran novela del siglo XIX, utilizando, sin embargo, las técnicas y las innovaciones estructurales de los grandes narradores de la primera mitad del XX. Hay que agradecerle que, en un tiempo donde parece predominar un gusto masivo por los libros de evasión, siga trabajando con tantaconvicción la ficción literaria, como un instrumento para hacernos comprender mejor la realidad caótica que nos rodea, y los oscuros impulsos que mueven el poder. Además, su lengua es el español, y lo utiliza con rigor, concisión, gracia y riqueza, mostrando que la lengua de Cervantes sigue siendo capaz de continuar creando extraordinarias metáforas de la realidad. JOSÉ MARÍA MERINO

Modelo y referente

El menor elogio que se puede dedicar a Vargas Llosa es que incluso cuando uno de sus libros nos decepciona no lo hace tanto como para que no haya merecido la pena su lectura. El mayor, que es un modelo para cualquier escritor. Pocos enseñan en sus novelas tanto sobre el oficio, pocos acompañan su obra narrativa de una ensayística como la suya. No necesitaba el Nobel para ser un referente indiscutible pero habría sido injusticia que no se le dieran. MARCOS GIRALT TORRENTE

Rabia y verdad

Creo que Vargas Llosa es un grandísimo novelista. Libros como Conversación en la Catedral fueron decisivos para animarme en mi vocación, y son novelas imponentes La guerra del fin del mundo o La fiesta del chivo. Es cierto que, en sus narraciones,resuelve lo político en el espacio de los sentimientos y las pasiones, pero también lo es que la propia Conversación o Lituma en los Andes están escritas con una verdad y una rabia indiscutibles. Sin Vargas, nos faltaría algo muy importante a los lectores y a los escritores españoles. RAFAEL CHIRBES

Razones como libros

Hay tantas como libros ha escrito. Para los jóvenes narradores peruanos, Vargas Llosa es iun símbolo. Siendo niño, solía ir en bici a su casa con la esperanza de verle, porque si se asomaba a la ventana justo cuando yo pasara, eso confirmaría que iba a ser escritor. Nunca apareció, pero su lección literararia y personal nos ha dado alas. Don Mario es un maestro y un genio. IVÁN THAYS

Inagotable

Es un narrador superdotado. Su capacidad para crear mundos de ficción parece inagotable. La fauna de sus personajes, de las situaciones y ambientes en las que se mueven, de las pasiones que le invitan a contar es portentosa. Y su maestría a la hora de construir y manejar esos mundos es poco menos que endiablada. He leído toda la obra de Vargas Llosa y algunas de sus novelas varias veces. Llevo 40 años siendo devoto lector suyo y he aprendido mucho de él como escritor. Tengo una gran deuda con él. Así que mis razones para que le den el Nobel son obvias. LUIS LANDERO

El Nobel gana a Vargas Llosa

Hace muchísimo tiempo que el premio Nobel de Literatura se merecía ganar a Vargas Llosa, por que no sólo es un excelente narrador, sino un hombre comprometido de verdad con su tiempo y su verdad. Como novelista, es un autor poderoso, importantísimo y original. Es también un hombre de letras y un político valiente y ejemplar, en el mejor de los sentidos. Su labor periodística tampoco tiene desperdicio. ÁLVARO POMBO

El más universal

Vargas Llosa no sólo es uno de los mejores escritores de nuestra lengua, sino también el más universal de los narradores contemporáneos, capaz de intuir conexiones entre vidas y ámbitos geográficos distintos y de profundizar en ellas valiéndose de la ficción. Se diría que nada de lo humano le es ajeno y que ha sabido iluminar los problemas fundamentales de nuestra época -desde los milenarismos ideológicos de cualquier signo a los nacionalismos- mediante eficacísimas historias enraizadas en múltiples escenarios geográficos y culturales. Es un escritor global, con una imaginación abierta a la totalidad del mundo contemporáneo y una sensibilidad estética y moral singularmente apta para comprender los encuentros, choques y fusiones de civilizaciones, mentalidades y temporalidades muy diversas. JON JUARISTI

Coherencia

La razón esencial para obtener el premio Nobel es una obra sólida y coherente. Mario la tiene desde hace años, y sigue aumentándola con cada nueva novela y ensayo que publica. Ahora, después del Nobel, la gente comienza a darse cuenta del excelente narrador que es, pero Vargas es el mismo escritor que a los quince años se planteó serlo hasta sus 74 de hoy, con la misma independencia, talento y libertad. Tras tantos años de autores de izquierdas muy desiguales, hoy puede decirse que el Nobel gana al fin a un excelente narrador. J. J. ARMAS MARCELO

Una borrasca intercontinental

A falta de un-imposible- criterio capaz de evaluar objetivamente la calidad de una obra literaria, sólo cabe definirla a través de la influencia que ha ejercido en otros autores. La literatura de Vargas Llosa cumple este criterio en varias generaciones de escritores, tanto en español como en lenguas extrajeras a través de sus traducciones. Pocos autores vivos, en cualquier idioma, han tenido y tienen un campo de contagio tan grande. Si la literatura fuera un mapa meteorológico, los libros de Vargas Llosa serían una borrasca de dimensiones intercontinentales, con las isobaras muy juntas, como páginas de un grandísimo libro. Marcada por una fortísima personalidad, su prosa ha sido decisiva en la regeneración de la novela de los últimos 50 años, que no podría entenderse sin su figura. Hasta aquí lo comprobable. Seguro que los demás candidatos también cumplían estos requisitos en sus respectivos idiomas, vale, pero a alguno tenía que tocarle. Y lo celebro. AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO

Pura inspiración

Es uno de los nobeles más merecidos. Vargas Llosa debía haberlo ganado desde hace muchos años. Tiene el sólo cinco o seis novelas que están en la esencia de la literatura iberoamericana de todos los tiempos. Es, sin duda, uno de los grandes maestros de la lengua y el gran artífice de las estructuras. Yo soy un lector consuetudinario de su obra. Siempre que voy a empezar un libro releo Conversación en la catedral, que es pura inspiración. La escribió como un constructor de catedrales, con miles de piezas, que al final se unen para llegar a la armonía. En mi última novela, El hombre que amaba los perros, además, tomo como modelo La guerra del fin del mundo. Aunque se sabe de antemano quién será el perdedor al final te mantiene atrapado todo el tiempo. Es buenísimo a la hora de mostrar que los perdedores pudieron ganar alguna vez. Su capacidad para manipular al lector es magistral. Con sus recursos narrativos y dramáticos consiguen siempre hacer pensar y sentir al lector lo que él quiere exactamente que piense y sienta. Hoy me siento feliz. LEONARDO PADURA

Narrador total y hombre de acción

Con el Nobel a Vargas Llosa se premia al narrador total: al creador de fábulas que nos conmueven por su capacidad para deleitarnos y por su conocimiento acerca del corazón del hombre; al constructor de complejas estructuras arquitectónicas al servicio de la gran novela contemporánea; al padre de personajes inolvidables que forman parte ya del imaginario de todo buen lector (Pantaleón Pantoja, el Escribidor, el Conselheiro, el cabo Lituma, los Inconquistables, la tía Julia); al crítico entusiasta de la mejor novelística universal, al agudo analista de Flaubert, de García Márquez, del Tirant lo Blanc, de Juan Carlos de Onetti; al trabajador infatigable enamorado de su oficio de leer y escribir. Pero además se premia al hombre de acción que ha perseguido siempre para los países de Hispanoamérica (y en especial para el suyo, El Perú) un futuro libre, próspero, razonable y moderno. Estamos de enhorabuena. CARLOS MARZAL

Literatura de fuego

¿Razónes? Porque ha escrito al menos seis títulos imprescindibles para la literatura universal. Porque se ha movido con soltura por el mundo, para narrarnos cosas ocurridas tanto en la amazonía peruana como en los sertones brasileños o el caribe. Porque es uno de los que más ha hecho por renovar el castellano. Porque es clásico sin dejar de ser moderno. Porque ha enseñado que la verdadera patria del intelectual es la calle, la esfera pública. Porque con su ejemplo ha sido responsable de que muchos de nosotros asumamos la vocación literaria como debe ser: el todo por el todo, creyendo íntimamente, como Vargas Llosa, que “la literatura es fuego”. EDMUNDO PAZ SOLDÁN

Constructor de catedrales

Una razón para conceder el premio Nobel a Vargas Llosa? Es el escritor total. Siempre he asociado al novelista Vargas con un constructor de catedrales. Sus novelas responden a una concepción monumental de este arte. Es un narrador poderoso, heredero de la gran novela del XIX y de la mirada oscura, casi distorsionada del viejo Faulkner. Un punto de partida que ha dado de sí tres o cuatro novelas maestras y ha servido para levantar una obra sólida, coherente y llena de ambición artística. Catedral por la magnitud de sus proyectos y catedral por la complejidad y la riqueza de sus elementos. Por ese lenguaje renovado y engrandecido gracias a su esfuerzo. Además, a su narrativa hay que añadir su obra ensayística, llena de lucidez y profundidad en la interpretación de algunos grandes maestros y en el análisis del propio hecho de escribir. ANTONIO SOLER