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Portugal da marcha atrás y recula del ‘Plan Centeno’

El ministro de Finanzas luso abandona la idea de reducir el déficit a un ritmo más lento y apuesta por mantener el rumbo marcado por Passos Coelho, a quien criticó por los recortes y la 'austeridad'

Centeno, el ministro de Economía

Centeno, el ministro de Economía Reuters

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El célebre crítico francés del siglo XIX, Jean-Baptiste Alphonse Karr, dijo aquella frase de que “cuanto más cambia algo, más se parece a lo mismo”. Y esa se podría utilizar para describir el rumbo del Ministerio de Finanzas luso bajo el economista socialista Mário Centeno, que se parece cada vez más al del Ejecutivo conservador de Pedro Passos Coelho.

En cuestión de cinco meses de Gobierno, la delicada situación financiera de Portugal y la incesante presión de las autoridades comunitarias han hecho que el ministro, quien aseguró que había llegado la hora de “pasar página a la austeridad”, apueste cada vez más por la consolidación financiera frente al crecimiento económico.

El ejemplo más claro del cambio de rumbo se dio a conocer el jueves con la aprobación del Programa de Estabilidad 2016-2020 por parte del Consejo de Ministros. Aunque el programa económico socialista –que el propio Centeno defendió a EL ESPAÑOL en una entrevista el pasado noviembre– apostaba por la reducción del déficit y la deuda pública a un ritmo más lento que el anterior Ejecutivo –“para permitir que la economía tenga espacio para crecer”–, el Programa de Estabilidad aprobado ayer insta a una reducción del déficit casi idéntica a la del Gobierno anterior.

Según el documento, la velocidad de reducción proyectada para el déficit entre 2015 y 2017 sería de un 1,6%, idéntico al ritmo marcado en el Programa de Estabilidad presentado por la ex ministra de Finanzas Maria Luís Albuquerque hace exactamente un año.

Cambio de estrategia

El cambio de dirección de Centeno es también evidente en el presupuesto que el Gobierno prepara para 2017. Según fuentes del Bloque de Izquierda y el Partido Comunista Portugués –los dos partidos de la izquierda que actualmente sostienen al Ejecutivo minoritario del socialista António Costa–, se trabaja sobre un déficit público del 1,4% para el próximo año, lo que supone una reducción de 0,8 puntos cara al 2,2% del presupuesto de 2016.

Comparado con el Programa de Estabilidad preparado por Albuquerque hace un año, se nota que el presupuesto de uno y otro es casi idéntico. La ex ministra partió de un déficit de 2,7% en 2015 y proyecto una reducción hasta el 1,8% en 2016, y 1,1% en 2017. Centeno parte del 3% en 2015 –un porcentaje que, al final, ha sido incrementado al 4,4% por Eurostat–, con una reducción hasta el 2,2% este año y 1,4% en 2017. El porcentaje final es diferente, pero el ritmo es el mismo: una reducción del 1,6%.

Tampoco hay enormes diferencias en 2018 y 2019: el Programa de Estabilidad de Centeno proyecta un déficit del 0,9% y de 0,2% en esos periodos. Reducciones del 1,2%, versus los 1,3 puntos porcentuales proyectados por el Gobierno de Passos Coelho. La estrategia va directamente en contra de lo que Centeno indicó en una entrevista con EL ESPAÑOL hace cinco meses. Entonces, justo antes de jurar el cargo de ministro, el economista aseguró que su intención era dejar atrás la era de recortes y transformar los patrones de producción en Portugal. Centeno dijo que su plan respetaría los compromisos suscritos con Bruselas en lo relevante a la reducción del déficit, pero que apostaría por cambiar el ritmo de esa reducción.

“El [anterior Gobierno] quería hacerlo con prisa,” explicó Centeno. “Nosotros consideramos que se debe hacer con calma porque la economía está sufriendo. Queremos cambiar el ritmo y reducir el déficit del 3% actual a 1,5% en 2019”.Concretamente, el programa del Partido Socialista proponía pasar del déficit de 3,2% en 2015 al 2,8% en 2016, 2,6% en 2017, 1,9% en 2018, llegando al 1,5% en 2019.

El Programa de Estabilidad aprobado hoy prevé alcanzar esa meta en la mitad del tiempo. “Cambiando el ritmo conseguimos el margen para cumplir dos objetivos que pueden parecer antagónicos: cumplir los Tratados y aliviar la Austeridad”, declaraba Centeno hace cinco meses. “Todo tendrá que ser negociado con Bruselas, pero las diferencias entre el Programa de Estabilidad y nuestro programa no son enormes, por lo que consideramos que será posible”. 

Lucha con Bruselas

Cuando estaban en la oposición, los socialistas criticaban al Gobierno de Passos Coelho por “pasarse” con la austeridad y “estar obsesionados con complacer a Bruselas”. Aseguraban que el esfuerzo de consolidación del país era excesivo, y que perjudicaba a la economía. Ante el exceso de rigor de los conservadores, el pasado otoño el Partido Socialista prometió a sus aliados de la izquierda que si le otorgaban su apoyo parlamentario, el futuro Gobierno pondría en marcha el fin de la austeridad y los recortes, prometiendo reponer los salarios de los funcionarios públicos, aumentar el salario mínimo y descongelar las pensiones.

¿Cómo lo pagarían? En su entrevista con EL ESPAÑOL, Centeno aseguró que las medidas serían financiadas “precisamente con el margen que nos da el cambio de ritmo de la reducción del déficit y la deuda pública. Ese margen nos permite reducir impuestos. No estamos quitando dinero de un lado para crear subsidios o pagar obras públicas (...) Al eliminar impuestos los que estamos permitiendo es que la gente se quede con su dinero. No vamos a hacer la revolución, pero tenemos que cambiar algunas políticas para dar cierto espacio de actuación a las empresas y a las familias, para que ellas puedan comenzar a invertir y tomar decisiones”.

La presión de Bruselas, sin embargo, parece haber sido definitiva. Los desacuerdos entre Lisboa y las autoridades comunitarias acerca del Presupuesto General del Estado portugués presentado –y revisado a instancias de la Comisión– el pasado febrero parecen haber tenido efecto sobre Centeno, que ahora parece mucho más conservador en sus previsiones. Es probable que el ministro quiera evitar que Bruselas pida medidas adicionales para forzar un ajustamiento mayor del déficit estructural del país a todo coste.

En la rueda de prensa tras la aprobación del Programa de Estabilidad, sin embargo, Centeno aseguró que las relaciones con las autoridades comunitarias eran buenas, y que el documento simplemente era “prudente” e insistió en que las relaciones entre las partes son excelentes. “Las negociaciones que mantuvimos con Bruselas fueron calificadas tanto por el Eurogrupo que por la Comisión como fructuosas y constructivas (...) Es con precisamente ese espíritu que hemos actuado siempre, y es con ese espíritu que trataremos el análisis del Programa de Estabilidad, declaró el ministro. 

Programa Nacional de Reformas

La aprobación del Programa de Estabilidad de Centeno ha coincidido con otras dos significantes noticias económicas en Lisboa. Paradójicamente, a la vez que se anunció el nuevo énfasis en la reducción del déficit, el Ejecutivo presentó el ambicioso Programa Nacional de Reformas, que supondrá la inversión de 25.000 millones en materia de pensiones y transportes, entre otras 120 medidas que el Ejecutivo Costa promete llevar a cabo para 2020.

El Programa de Reformas incluye la actualización automática de las pensiones, la construcción de 1.200 km de líneas ferroviarias –iniciativa que costará 1.275 millones de euros– y la expansión de los Metros de Lisboa y Oporto –que costará 275 millones de euros–. Sin embargo, sólo 6.7 mil millones provendrán del presupuesto general del Estado: más de la mitad vendrá de fondos comunitarios, y el resto de fuentes de financiamiento externo que incluye el Plan Juncker y el Banco Europeo de Inversiones. A la vez, se conocía la revisión al alza de la deuda pública y el déficit luso. Eurostat anunció que la deuda pública de Portugal fue de 129% del PIB en 2015, lo que supone una revisión de 0,2 puntos sobre el 128,8% originalmente indicado.

El aumento se debe al rescate de 295 millones de euros del banco Banif, y al desacuerdo entre Lisboa y Bruselas acerca de cómo se debería contabilizar el dinero dispensado por el Estado luso. El Banco de Portugal (BdP) –la entidad que tendría la función de compilar los datos relativos a la deuda pública en Portugal– considera que la intervención en Banif no debería entrar en el cálculo ya que corresponde a activos que actualmente forman parte del llamado “Banif Residual”. El Estado no tendrá que asumir perdidas por esos activos, por lo que el BdP sostiene que su valor no debe contar como deuda pública, y el primer ministro Costa ha argumentado lo mismo durante varios encuentros con el comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Olli Rehn.

Pese a ello, al final Eurostat ha decidido que ‘Banif Residual’ debe ser considerado como parte de la Administración Pública portuguesa, por lo que los activos cuentan como deuda. Supone una mala jugada para el Gobierno, ya que también ha hecho que el déficit público alcance el 4,4%. Según el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, cualquier déficit público superior al 3% del PIB implica el lanzamiento de un procedimiento por déficit excesivo. Sin el impacto de Banif, el déficit luso hubiese cumplido con ese cuadro.

El valor medio del déficit público dentro de la Eurozona en 2015 fue del 2,1% del PIB. Según los datos del Eurostat, Portugal fue el tercer país de la Unión en términos de mayor deuda pública, superado sólo por Grecia e Italia. Cara al déficit, Portugal y Reino Unido comparten el puesto tercero, superados por Grecia y España.