Alemania

El Airbnb de los refugiados

Una pareja berlinesa crea una plataforma basada en la economía colaborativa llamada Flüchtlinge Willkomen para plantear una solución a la crisis de refugiados que también llega a Alemania.

La familia de Alban.

La familia de Alban.

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La familia de Alban, un reputado músico berlinés de 47 años afincado en el suroeste de la capital alemana, comparte piso desde hace cuatro meses con Nawar y su esposa, Melisa, dos refugiados sirios procedentes de Alepo. Esta familia alemana de cuatro miembros -Alban está casado y tiene dos hijos- conocieron a Nawar y Melisa a través de Flüchtlinge Willkomen (“Refugiados Bienvenidos”). Esta plataforma en línea lleva un par de años haciendo de intermediario en Alemania entre refugiados y quienes quieren acoger en sus casas a demandantes de asilo.

La iniciativa, apodada internacionalmente el “Airbnb para los refugiados”, no pretende ser un negocio, algo que le diferencia de la famosa compañía estadounidense, uno de los grandes actores internacionales de la llamada “economía colaborativa”. “Airbnb es una compañía capitalista y nosotros somos una ONG, ahí reside la gran diferencia entre nosotros y ellos”, dice Jonas Kakoschke, cofundador de Flüchtlinge Willkomen.

El fundador de la plataforma.

El fundador de la plataforma.

“La idea de crear la plataforma surgió porque teníamos un cuarto libre en el apartamento en que vivíamos Mareike y yo”, cuenta este diseñador gráfico de 32 años, aludiendo a su pareja, Mareike Geiling, comunicadora especializada en temas culturales y religiosos además de cofundadora de Flüchtlinge Willkomen. “Pensamos que sería difícil poder ofrecer ese espacio a un refugiado, pero resultó que no, que era muy fácil, y así pusimos en marcha la iniciativa”, agrega Kakoschke. Hoy día existe una auténtica red europea de páginas web en nueve países creadas a imagen y semejanza de la que Geiling y Kakoschke construyeron en su día en Berlín. En España, la plataforma lleva unas semanas funcionando bajo el nombre “Refugiados Bienvenidos”.

Geilig y Kakoschke se vieron desbordados el año pasado, en el que llegaron a Alemania 1,1 millones de solicitantes de asilo. Su iniciativa, levantada de la nada y a partir de su voluntad de ayudar, tuvo que transformarse rápidamente en una estructura que actualmente da trabajo a nueve personas. Seis miembros de su equipo trabajan en las oficinas situadas en el estudio gráfico donde está afincado profesionalmente Kakoschke, el norte de Berlín. Otros tres empleados lo hacen, respectivamente, en las ciudades de Hamburgo (norte), Múnich (sur) y Leipzig (este). Por medio de Flüchtlinge Willkomen ya se han contabilizado en Alemania 280 encuentros gracias a los cuales refugiados comparten hogar en suelo germano. “Queríamos mudarnos a un lugar más pequeño, porque aquí nos sobra el espacio, pero luego empezó la crisis de los refugiados y nos dijimos que podríamos ayudar”.

Entre ellos figura el encuentro de Nawar con Alban y su familia. “Un amigo me presentó la página de Flüchtlinge Willkomen, me registré y, a las dos semanas, me contactaron para concertar la cita con el casero de este apartamento para conocernos y, como todo fue bien, luego fuimos a ver el apartamento y así fue cómo encontré donde vivo ahora”, cuenta Nawar. Gracias a la solidaridad de Alban y de su familia, Nawar y Melisa llevan cuatro meses en un lindo apartamento de dos alturas situado en suroeste berlinés. Alban y su mujer son músicos y pasan pasan mucho tiempo fuera. “Queríamos mudarnos a un lugar más pequeño, porque aquí nos sobra el espacio, pero luego empezó la crisis de los refugiados y nos dijimos que podríamos ayudar”, dice Alban. En el amplio salón de su casa hay un formidable piano de cola.

Nawar, ingeniero mecánico con experiencia laboral en Siria y en Dubái, trabaja actualmente como traductor en un gabinete de abogados dedicado a cuestiones legales relacionadas con el derecho de asilo en Alemania. “Es un minijob, no está para nada bien pagado”, asegura Nawar, quien ya se ha lanzado a la búsqueda de una mejor situación laboral en el mercado de trabajo berlinés. “En el Jobcenter quieren que siga mejorando mi alemán, pero también me hacen ofertas de trabajo y yo ya me veo preparado para hablar alemán, porque hablo lo suficiente”, añade este sirio de 31 años, aludiendo al servicio público alemán para el empleo.

Escasez de vivienda 

Toda su familia está en Berlín. Sus padres, su hermana, su cuñado y sus sobrinos. Sus familiares están sufriendo las dificultades que presenta un mercado inmobiliario berlinés marcado por el proceso de gentrificación que vive la ciudad. Los precios de alquileres y de la vivienda en geneal llevan tiempo en fase ascendente. En 2015, el metro cuadrado en Berlín para una vivienda se pagaba de media a unos 3.000 euros, un 10% más que en 2014, según datos de la filial alemana de la empresa inmobiliaria estadounidense CBRE.

También hay carestía de espacio habitable. En el marcado inmobiliario alemán no hay suficientes casas disponibles, y por eso es casi imposible evitar despegues como el que está sufriendo el precio del suelo en Berlín. “Se construye demasiado poco y el mercado es demasiado pequeño”, ha lamentado en este sentido Axel Gedaschko, presidente de la Asociación Alemana de Empresas Inmobiliarias (GdW, por sus siglas en alemán). Siguiendo los cálculos de la GdW, al mercado inmobiliario germano le faltan 800.000 viviendas.

“La experiencia de vivir con gente de diferentes culturas es muy positiva”

En este contexto, los familiares de Nawar en Berlín llevan meses esperando a tener acceso a una vivienda que les permita dejar los centro de acogida de refugiados en los que están ahora. “De momento, buscan con mi ayuda su propio apartamento, pero mis padres son muy mayores, mi hermana tiene tres niños y esto no va bien para encontrar una solución como es la de compartir piso”, aclara este joven sirio.

Kakoschke, el co-fundador de Flüchtlinge Willkomen, plantea su iniciativa como una solución frente a la carestía de viviendas y como una alternativa a los centros de acogida para refugiados. “La experiencia de vivir con gente de diferentes culturas en pisos compartidos es muy positiva, y no hay ni actos violentos, ni nada por el estilo”, dice este comprometido emprendedor, aludiendo a los habituales ataques del que son objeto los primeros hogares que se ponen a disposición de los solicitantes de asilo en Alemania.

“Está bien vivir con alemanes, así comprendes mejor cómo funcionan”

Nawar lleva un año y medio en Alemania. Se muestra especialmente contento por su experiencia con la familia de Alban. “Está bien vivir con alemanes, porque así comprendes mejor cómo funcionan las personas alemanas, cómo pasan sus vidas, cuáles son sus gestos diarios, cómo responden a los problemas que tienen”, cuenta Nawar después de un año y medio viviendo en suelo alemán. “Hablamos mucho para cualquier cosa, papeles burocráticos, marcas de coches, mercados en los que comprar, los trucos de la ciudad, etcétera”, subraya. “La gente de esta casa me ayuda mucho, son my amables, me dejan utilizar todo en la casa sin pedir permiso pues me tienen total confianza, se pueden llegar a ir una o dos semanas de la casa y quedarme yo aquí como si nada”, añade.

Amenazas para el proyecto

Nawar se ve en un futuro muy cercano con su propia vida en Alemania. “Sí, en un año me veo con un trabajo y mi propio apartamento”, dice pensativo. “¿Un año? ¡Un mes!”, responde entre risas su mujer. Si Nawar y Melisa dejan la casa de Alban, a este alemán no le cabe duda de que volvería a ofrecer su apartamento como hogar para otros refugiados. “Lo haría sin dudarlo, con total seguridad”, apunta este violoncelista de fama internacional.

Puede que a Alban siga tan comprometido en ofrecer ayuda a los solicitantes de asilo como al principio de la crisis de ls refugiados. Sin embargo, algo está cambiando en Alemania. Tras los atentados del 13 de noviembre en París y, más recientemente, tras las agresiones masivas a mujeres en Colonia y otras ciudades germanas en la pasada Nochevieja “el número de anfitriones está bajando”, señala Kakoschke.

Alude así el cofundador de Flüchtlinge Willkomen al número de personas que prestan sus viviendas para los refugiados. “Sólo el pasado mes de septiembre tuvimos 1.500 registros de anfitriones, pero ahora, en lo que va de año sólo tenemos 60 personas inscritas”, dice el responsable de la plataforma en línea. “Estamos viendo que la gente ya no es tan confiada en general”, agrega.

“Hace un año estábamos concentrados en contratar a más gente para lidiar con el exceso de registros en la plataforma, ahora tenemos que pensar en cómo conseguir más acogidas”

En Flüchtlinge Willkomen manifiestan que esta tendencia de la sociedad alemana está amenazando su plataforma. Además, la iniciativa lleva tiempo siendo objeto de ataques que toman forma de comentarios hostiles en internet y de correos electrónicos de contenido racista o neonazi. “Sin embargo, nosotros hacemos todo lo posible para salir adelante, y si hace un año estábamos concentrados en contratar a más gente para lidiar con el exceso de registros en la plataforma, ahora tenemos pensar en cómo conseguir más acogidas, es cuestión de cambiar de estrategia y hacernos más famosos”, concluye Kakoschke.