Juegos Olímpicos 2016

El último servicio (olímpico) de Gasol a España

La estrella de la ‘ÑBA’ vuelve a ser el mejor jugador español del torneo. A sus 36 años, admite que se está “haciendo mayor”, pero pospone la retirada: “Trabajaré duro para intentar seguir jugando con este equipo”.

Gasol celebra el bronce olímpico contra Australia.

Gasol celebra el bronce olímpico contra Australia. EFE

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La generación de oro no se marcha: irán decidiendo su participación con España año a año, según transcurran las temporadas. Tras la angustiosa victoria contra Australia, había casi tanta expectación por ir a la rueda de prensa de Pau Gasol como por ver a los jugadores celebrar la consecución de sus metales. El nuevo pívot de los San Antonio Spurs volvió a colocarse en el núcleo del ataque español y firmó otro partido soberbio: 31 puntos y 11 rebotes. Algo difícilmente comprensible incluso para su seleccionador, Sergio Scariolo: “Pau no da más… Antes le he dicho: ¿qué pasa, tienes una botella de gasolina guardada en algún sitio?”.

El ambiente en la selección no era de despedida, sino de ir verano a verano (el próximo mes de agosto habrá Eurobasket). Es utópico esperar que la generación dorada del baloncesto español aguante en buena forma hasta Tokio 2020, pero todos rechazaron despedidas prematuras. “No nos echéis todavía, puede que le quede cuerda para rato”, bromeaba Navarro (el “líder silencioso” del vestuario, como le llamó un Scariolo exultante) con algunos reporteros minutos después de asegurar la medalla. “Y a lo mejor a mí también”.

“Nadie sabe qué hubiera pasado con Marc aquí”

No se percibía euforia en el rostro de Gasol tras la victoria. Además del agotamiento físico, tenía probablemente dudas sobre el mensaje que iba a trasladar a la afición. Y además se había acordado de su hermano Marc nada más sonar la bocina: “Sí, me acordé de Marc, sí. Es de las pocas cosas o la única que me sabe mal. Que Marc no haya podido compartir estas cosas… Nadie sabe qué hubiera pasado con él. Cuando no está nuestros éxitos también son de él, porque forma parte de este equipo”, afirmó Pau con gesto serio.

La clave de su comparecencia fue su reflexión sobre el futuro. “No sé como voy a procesar todo esto. Me encanta jugar en la selección de mi país y siento algo especial. Es muy especial. Lo voy a hacer todo lo que pueda, aunque no voy a ser rígido con la selección. Hay mucho talento y me encanta estar en la cima de los torneos. Los años pasan, me voy haciendo mayor y alguna vez tendré que dejarlo… Cuando llegue, ya lo haré. Es parte de mi trayectoria. No puedo pedir nada más. Toda esta carrera es un regalo y jugaré todo lo que pueda. Va a ser un honor. Lo estoy pasando bien. Trabajaré duro para intentar seguir jugando con este equipo”.

Gasol y sus compañeros se abrazan tras el partido.

Gasol y sus compañeros se abrazan tras el partido. Reuters

El pívot español volvió a destacar el ambiente del grupo (“una familia”, como volvió a llamarla Ricky Rubio): “Este es un equipo con química y eso nos ayuda a salvar obstáculos. Estoy orgulloso de este grupo y de formar parte de él. Cada año estamos en las posiciones altas de los torneos y agradezco a todos los jugadores su entrega. Estoy feliz por todo. Jugamos a un gran nivel […] No tuvimos una buena preparación y hemos logrado una medalla que nos hace sentir orgullosos a todos”, concluyó visiblemente cansado.

17 años de triunfos con España

Cuando aún no vestía de azulgrana y 'sólo' medía 185 centímetros, Pau Gasol jugaba de base en Cornellá. Aún no habían llegado los éxitos en categorías inferiores, ni el Barça había puestos sus ojos en él. Tampoco existían ofertas de Estados Unidos (sí, entonces también ofertas de universidades yanquis), pero Pau Gasol ya estaba ahí. También cuando el Barça lo pescó para sus categorías inferiores y Sasha Djordjevic le abroncaba cuando le encontraba fumando con su inseparable Juan Carlos Navarro en los aledaños del Palau Blaugrana.

Pau Gasol era el chico espigado, aquel que Charly Sainz de Aja nombraba en segundo o tercer lugar tras los éxitos en Mannheim y aquel glorioso Mundial júnior de Lisboa 1999. Cuando un triple de Carlos Cabezas casi sobre la bocina sentenció al equipo de Estados Unidos y Germán Gabriel se llevó los elogios como el jugador con más proyección de los júnior de oro. Pau Gasol fue todo eso. Lo que no podía imaginar ni él mismo es aquello en lo que se convertiría.

Los júniors de oro celebran el Mundial de 1999.

Los júniors de oro celebran el Mundial de 1999. EFE

Tras su debut en la ACB en enero de 1999 a las órdenes de Aíto García Reneses, la proyección fue imparable. Especialmente tras la salida de Rony Seikaly del equipo por diferencias con la directiva, lo que le abrió las puertas de la gloria. Ganó la Copa del Rey, conquistó la ACB como MVP y logró una medalla de bronce con la selección absoluta como introducción de lo que ha llegado a convertirse en uno de los palmarés más brillantes del baloncesto internacional. Sin duda, el mejor jugador de la historia del baloncesto patrio y uno de los más respetados a nivel mundial.

Para el recuerdo quedará cómo todo el equipo estadounidense en pleno -Kobe Bryant, LeBron James, Kevin Durant y Carmelo Anthony a la cabeza- rindieron pleitesía al rey de Europa después de una segunda plata olímpica que, lejos de culminar sus ambiciones, no hicieron sino ampliarla hasta unos límites que el deporte español nunca llegó a concebir. Si la plata de Los Angeles 1984 fue un hito, Pau Gasol (junto a Navarro, Calderón o Felipe Reyes como máximos exponentes de los júnior, y sin olvidar figuras clave como la de Carlos Jiménez o el actual presidente de la FEB, Jorge Garbajosa) llevó al baloncesto patrio un paso más allá.

Sin él sería impensable un título mundial, por mucho que él no jugase la final. Impensable sería que la plata del Eurobasket 2007 se concibiera como una decepción, con él como principal damnificado por ese maldito tiro que no quiso entrar en un Palacio de los Deportes que contuvo la respiración hasta el extremo. Impensables las seis medallas continentales desde 2001 (tres de ellas de oro y sólo con un bronce, porque en 2013 él no estuvo). Impensables las dos odas al baloncesto que firmó rodeado de sus amigos en Pekín 2008 y Londres 2012. Impensable que un jugador español alcanzase dos anillos de la NBA con su protagonismo. Impensable que Pau Gasol fuera español.

Su palmarés habla del jugador, pero su personalidad dice mucho más de él. Aquel mate sobre Kevin Garnett en su año de rookie que denotaba la ambición sin límite; que apadrinase a su hermano y a Juan Carlos Navarro en Memphis como el gran amigo que todos dicen que es; su obra social junto a Unicef o en la NBA, que han premiado en varias ocasiones como jugador más implicado con la comunidad de aquellos equipos por los que ha pasado; que Kobe Bryant, uno de los jugadores más competitivos que conoce la historia del baloncesto, le llame 'hermano'; que Chicago le quisiera para reconstruir su franquicia; que San Antonio le haya contratado para un último baile...

Con la retirada de Pau Gasol de la selección se acaba un ciclo, el mejor del baloncesto español. Un pedazo de la historia de nuestro deporte que se va también con Rafa Nadal. Un trozo de nuestra historia que desaparece, pero que permanecerá como espejo en el que mirarse buscando un reflejo de grandeza cuando proceda o una inspiración cuando sea necesaria, que sin duda lo será.