Terele Pávez, orgullosa con su premio Goya.

Terele Pávez, orgullosa con su premio Goya. Gtres

Cine Adiós a la Actriz

Cinco motivos (y cinco títulos) por los que Terele Pávez era única

Ayer fallecía la intérprete, que ganó el Goya por Las brujas de Zugarramurdi tras cinco décadas entregada al mejor cine español.

Javier Zurro

Actrices como Terele Pávez son de las que uno se encuentra una vez en la vida. Nunca fue la estrella, ni la diva de la función, pero ella era el alma de todo lo que tocaba. Llenaba de fuerza cada una de sus frases y con esa ronquera masticaba cada línea de diálogo como si fuera la más importante de todo el guion. No había director, o persona que la conociera, que no cayera rendido a sus pies. Sus compañeros se convertían en amigos y familia. Hoy todo el mundo de la cultura llora por una de esas mujeres que "sólo se paren una vez", como recordaba su representante Paco San José. Alguien único por estas cinco razones y cinco películas que recordamos en su honor.

Su voz ('La Celestina')

La voz de Terele no era suave, ni melosa. Era ronca y áspera. Una voz de alguien que ha vivido, que se ha manchado en el barro y que lo muestra en cada frase que dice. Tenía eso tan difícil que hace que uno identifique a un actor sólo con escuchar la primer sílaba que diga por la boca. Con ella desprendía fuerza, carácter y unas tablas como las que mostró en La Celestina (1996), uno de los pocos protagonistas que tuvo.

Su dignidad ('Los santos inocentes')

Terele Pávez era una mujer que vivía preocupada por lo que ocurría a su alrededor. Le preocupaba la política, los recortes, la pobreza, y lo mostraba en cada entrevista. En una de las últimas concedidas a El País dijo que hablaba con mendigos en la calle porque los ministros no están en la calle. También apoyó públicamente a Podemos y visitó La Tuerka de Pablo Iglesias. Para dignidad la de su Régula en Los santos inocentes, la adaptación de Mario Camus de la obra de Miguel Delibes en la que ella mostró su poderío como un personaje aplastado por las clases poderosas que buscaba sobrevivir y un futuro mejor para sus hijos.

Su generosidad ('La puerta abierta')

"Era la persona más generosa que he conocido", decía ayer a este periódico su representante, Paco San José, y esa característica la destacaron también todos los que la conocieron, incluida Carmen Machi, con la que tuvo un tour de force asombroso el año pasado en La puerta abierta, por la que ambas optaron al premio Goya. Un papel que en un primer momento iba a interpretar Amparo Baró, y que Pávez tomó en su lugar como un regalo que ella agrandó con su presencia.

Su presencia ('La comunidad')

Siempre estuvo agradecida a Álex de la Iglesia. Él la recuperó para el cine en El día de la bestia y no dejaría de hacerlo en cada uno de sus estrenos. El cine de Álex no se entiende sin Terele, y la última parte de la filmografía de la actriz no sería la misma sin papeles como el de La comunidad, donde su brutal presencia física competía con la de una Carmen Maura en estado de gracia.

Sus frases míticas ('Las brujas de Zugarramurdi')

Álex de la Iglesia fue, además, el que puso en su boca las frases más ácidas e irreverentes de sus guiones, que con la voz de Terele Pávez se convertían en una bomba de destrucción masiva. El culmen llegó con Las brujas de Zugarramurdi, de la que todo el mundo salía diciendo esa mítica línea de diálogo: "A mí no me dan miedo las brujas, a mí lo que me da miedo son los hijos de puta".