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España se alía con Argentina para reventar la taquilla

'Kóblic', de Sebastián Borensztein, es el nuevo ejemplo de coproducción entre ambos países.

Ricardo Darín en Kóblic.

Ricardo Darín en Kóblic.

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Tanto mirar a Europa a veces nubla la vista. El cine español siempre tiene en boca el modelo francés, la necesidad de producir con el resto de países europeos, o incluso cuando un filme tiene una gran factura técnica se dice eso de: 'parece de Hollywood'. La búsqueda de socios que faciliten el rodaje de nuevos filmes, cada vez más ambiciosos, ha hecho que se agudice el ingenio y cada vez sea menos raro ver casos como el de La próxima piel, de Isaki Lacuesta, una de las grandes favoritas a la Biznaga de Oro, que tiene capital suizo.

Con quien se empieza a despertar del letargo y se vuelve a coproducir es con latinoamérica. Especialmente con Argentina. Antes España era el socio con el que todos los países de habla hispana querían unirse, pero en la última década eso cambió, tal como explicaba el director Álvaro Brechner hace unos meses en un encuentro en la Casa de América en el que recordaba que antes “coproducir en latinoamérica significaba coproducir con España”. “Eso ha enflaquecido, se ha perdido el liderazgo por la crisis y por el avance de otras industrias como la colombiana, la chilena y la venezolana. España se encuentra en una situación delicada”, opinaba.

La última muestra de que se empiezan a rectificar los errores del pasado es Kóblic, una coproducción hispanoargentina de Sebastián Borensztein que se ha presentado con una buena acogida en el Festival de Cine de Málaga. La película cuenta con el apoyo de Atresmedia Cine, equipo técnico español y una Inma Cuesta haciendo de argentina, para lo que tuvo que contratar a una coach para imitarlo a la perfección, como ha explicado a este periódico.

El resultado no ha podido comenzar mejor, lleva tres semanas entre las más vistas de la taquilla argentina y enfrentándose a superproducciones como El libro de la selva. No es la primera vez que el realizador acude a la colaboración entre dos industrias para levantar su proyecto. Su anterior filme, Un cuento chino, era 60% español, 40% argentino, y a pesar de ser estrenado en un número limitado de salas superó los dos millones de euros en España hace cinco años. Ambas cuentan con una baza importante: un Ricardo Darín amado a ambos lados del charco.

Coproducir en latinoamérica significaba coproducir con España. Eso ha enflaquecido, se ha perdido el liderazgo por la crisis

Kóblic cuenta la historia de uno de los pilotos de los llamados Vuelos de la muerte, una de las técnicas usadas durante la dictadura militar para hacer desaparecer secuestrados. Se tiraba a las víctimas vivas desde un avión al océano. Ninguno sobrevivió para contarlo, por lo que el realizador puso el foco sobre uno de los verdugos, cuya conciencia no le deja seguir. Un tema delicado que reconoce que no se trata mucho en su país, ya que implica “un riesgo grande”. “Hay mucha gente que si una película trata ese contexto ya no van a verla porque es doloroso. Asusta ver que hemos sido capaces de hacer estas cosas. No sé cada país cómo se toma sus propias miserias, pero en Argentina hay ganas de no mirar”, cuenta a EL ESPAÑOL sobre la necesidad de revisar nuestra memoria histórica.

Exenciones para coproducir

No hay más que echar un vistazo a los años anteriores para ver que la fórmula funciona. Coproducción vistosa y de calidad con argentina es sinónimo de éxito en los dos países. En 2015 fue Truman, que triunfó en la taquilla a pesar de su modesto presupuesto.

Mejor fueron las apuestas de El deseo. La productora de los hermanos Almodóvar es la artífice de las dos películas argentinas más taquilleras de la historia, que además han paseado triunfales por el resto de mercados. Relatos Salvajes hizo casi cinco millones de euros en España, pero es que fuera de aquí hizo otros 20 millones, la mayoría en su otro país de origen. En esta ocasión también empujado por la nominación al Oscar a la Mejor película de habla no inglesa. También El Clan arrasó en Argentina aunque en España no siguió los pasos de su predecesora.

Fotograma de Relatos Salvajes.

Fotograma de Relatos Salvajes. El Deseo

Sebastián Borensztein cree que esta vía de producción es esencial actualmente y que nuestras industrias debería ir más de la mano. “Es que en muchos casos hace posible que se hagan, si no no se rodarían”, añade. Para ello pide “leyes y exenciones fiscales que permitan a las empresas privadas apostar por las coproducciones”.

Esto ayudaría mucho al país hermano, que actualmente, como recuerda el realizador, está pasando un “momento económico muy complejo” que está poniendo contra las cuerdas al sector. “La afluencia ha mermado desde Semana Santa, cuando ha habido un ajuste de tarifas con una subida de la luz y el agua de un 500%. Ir al cine es un lujo que hoy muchos no se pueden dar, es una época difícil”, dice con pena.

Hay películas que sin coproducción no se rodarían. Para ello tiene que haber leyes y exenciones fiscales que permitan a las empresas privadas apostar por ello

Inma Cuesta coincide con su director en que hay que mirar menos a Hollywood, que está “muy lejano” y más a Latinoamérica, “con quien compartimos mucho más que la lengua”. Para ello defiende iniciativas como los Premios Platino que ponen a nuestros profesionales en el mapa. El siguiente paso para seguir rompiendo barreras sería que el palmarés de Málaga también se acordara de las coproducciones con acento argentino.