Cine

Las diez mejores películas de 2015

"Mad Max: furia en la carretera", "The Assassin", "Timbuktú"... Torbellinos australianos de acción, poesía china de género, retratos del terror islamista. El mejor cine del año viene de todo el planeta. 

Tom Hardy, el protagonista de Mad Max: furia en la carretera.

Tom Hardy, el protagonista de Mad Max: furia en la carretera.

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Aún faltan estrenos en lo que queda de diciembre. Buenas películas que hemos podido ver ya como Sufragistas o el Macbeth de Justin Kurzel. Y, la semana que viene, la esperada Star Wars: el despertar de la fuerza, que sigue rodeada de misterio. Pero, salvo sorpresas de última hora, las mejores películas de este 2015, para EL ESPAÑOL -la lista ha sido elaborada con las respectivas elecciones de Esther Miguel, Desirée de Fez y Miguel Ayanz- son:

1. Mad Max: furia en la carretera

Sí, Mad Max: furia en la carretera, esa de coches, tiros, lanzallamas, guitarras rockeras y mucha arena. ¿Y? La grandeza no tiene género. El australiano George Miller, autor de una película de culto del llamado cine apocalíptico, Mad Max: salvajes de la autopista (1979), regresa del olvido de la industria con un reboot de una saga en decadencia. Tenía tanto mérito como papeletas para darse un batacazo. Pero le ha salido una joya, un huracán visual que no deja pestañear al espectador, lo amarra al asiento y lo zarandea sin misericordia por un futuro salvaje en el que la vida no vale nada. Tom Hardy y Charlize Theron, inmensos, son sólo dos de las virtudes de una película de estética impagable y fotografía y montaje de Oscar. Merecía la pena verla en pantalla grande. No es un estreno palomitero. Es cine de autor impregnado de sangre y gasolina para espectadores sin prejuicios.

Qi shu, la protagonista de la nueva película de Hou Hsiao-Hsien.

Qi shu, la protagonista de la nueva película de Hou Hsiao-Hsien.

2. The Assassin

Seguimos con el género… O no. Porque la nueva historia del taiwanés Hou Hsiao-Hsien es una hermosa revisión del wu-xia, el cine de artes marciales, espadachines y saltos imposibles ambientado en épocas antiguas. Pero a la vez, se aleja de los parámetros que limitan estas películas. En The Assassin hay más poesía visual, más mirada interior, que lucha. Quizá decepcione a quien espere ver Hero o La casa de las dagas voladoras, pero narra con una delicada voz propia la historia de una asesina que ha sido contratada para matar a su primo, cabeza de una dinastía corrupta. Velos, cortinas, lámparas y brumas dibujan un filme en el que personajes y paisajes se funden.

Una escena de la película de Abderrahmane Sissako.

Una escena de la película de Abderrahmane Sissako.

3. Timbuktu

Es difícil no conmoverse con la fuerza de las imágenes, mostradas sin estridencias, de esta historia de Abderrahmane Sissako. La coproducción franco-argelina nos lleva con maestría a la mayor ciudad del Norte de Mali, tomada por los islamistas. Y es el día a día, todas esas pequeñas cosas que ya no se pueden hacer, las que subrayan el absurdo de la intransigencia: jugar al fútbol, fumar, escuchar música, llevar el rostro descubierto, aunque sea una niña… amarse. Si no fuera porque el horror es real, sería una tragicomedia.

Michael Keaton y su alter ego, en la película de Iñárritu.

Michael Keaton y su alter ego, en la película de Iñárritu.

4. Birdman

La ganadora de los Oscar de este año -entra en esta lista al haber sido estrenada en 2015 en España- es una pirueta técnica con trampa: se habló mucho de su “plano secuencia” que en realidad son varios. Pero da igual: lo asombroso es su narración, sus diálogos, sus personajes. Alejandro González Iñárritu retrata en Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) el universo de Broadway, las inseguridades del actor, la psicología enfermiza de ese ente llamado compañía, los nervios, mientras Michael Keaton, que recupera su mejor forma en un guiño a su propia carrera, se convierte ante nuestros ojos en una alegoría alada del éxito y el fracaso, la vida y la muerte.

Uno de los protagonistas de la película de Pablo Larraín.

Uno de los protagonistas de la película de Pablo Larraín.

5. El club

Hay películas molestas, incómodas, de esas que dicen lo que muchos no quieren oír. Y algunas además de denunciar son gran cine. El chileno Pablo Larraín saca los trapos sucios de la Iglesia católica con esta encerrona desasosegadora: nos mete en una casa, una especie de refugio obligado, con un grupo de sacerdotes que personifican lo peor, todo aquello que la Iglesia no debe ser. Gran Premio del Jurado en Berlín, candidata al Oscar y al Globo de Oro, El Club es, ante todo, una denuncia de la pedofilia y cómo la Iglesia la oculta.

Una de las escenas del filme israelí.

Una de las escenas del filme israelí.

6. Gett, el divorcio de Viviane Amsalem

Cine casi documental, el filme de Ronit y Shlomi Elkabetz es exactamente lo que su título promete: la crónica de un divorcio en Israel. Lo que la hace especial es que, sin trucos ni efectismos, posando únicamente su cámara como un voyeur en el juzgado, el dúo de directores logra atrapar la atención sobre el laberinto sin salida al que muchas mujeres se enfrentan en un país en el que es casi imposible dejar al marido si este no quiere y en el que es un tribunal religioso el que tiene la última palabra. La poderosa y a la vez comedida interpretación de la propia Ronit, sin un gesto de más, es magnética.

Félix de Givry y Pauline Etienne, en la película de Mia Hansen-Løve.

Félix de Givry y Pauline Etienne, en la película de Mia Hansen-Løve.

7. Edén

París, años 90. Hay un nuevo sonido fabricándose en fiestas nocturnas que en pocos años lo va a invadir todo: el house party. Mia Hansen-Løve filma un viaje generacional con ascensión, auge y caída. Noches de diversión y drogas, experimentación sonora y despiste empresarial. Muchos de aquellos pioneros del techno europeo acabaron sin nada. Otros, como Daft Punk, triunfaron. Pero el filme no apuesta por ninguno: es una mirada sin nostalgia, una crónica tan personal como honesta.

Maika Monreo es Jan, en la película de David Robert Mitchell.

Maika Monreo es Jan, en la película de David Robert Mitchell.

8. It follows

Ha sido la película de terror del año. Esa historia que engancha hasta a los que no les gusta el género. Dos jóvenes, un coche y una iniciación sexual. Y, de repente, el miedo que aparece en forma de una presencia misteriosa que persigue a la protagonista. ¿Creen que lo han visto mil veces? Como toda película de terror de calidad, aquí no hay trampa ni cartón. El miedo es psicológico e inquietante, la amenaza es mayor que la sangre. Y David Robert Mitchell no se olvida de que el cine está por encima del terror, con una fotografía y una mirada que rompen los esquemas acartonados del producto teen.

Las emociones del filme de Pixar.

Las emociones del filme de Pixar.

9. Del revés (Inside out)

Píxar en estado puro. ¿Hace falta decir más? Quienes se emocionaron con los primeros minutos de Up o con buena parte de Wall-E y de Ratatouille lo habrán pasado en grande con este viaje alucinante rodado por Pete Docter a la mente de una pre-adolescente cuyos sentimientos chocan. Literalmente: sus emociones primarias son las protagonistas de la historia, con la tristeza y la alegría buscando viejos recuerdos perdidos y la ira aportando los momentos más divertidos. Otro derroche visual de la mejor animación. Pero, sobre todo, otra hermosa lección vital a través de una peli “para niños” (¿seguro?). En este caso, sobre lo que significa hacerse mayor.

Miles Teller, el batería que se enfrenta a J.K. Simmons.

Miles Teller, el batería que se enfrenta a J.K. Simmons.

10. Whiplash

Queréis la fama, pero la fama cuesta. Ya saben, si recuerdan los años 80, de qué va el tema. El filme de Damien Chazelle es obsesivo y algo enfermizo, como el profesor de música protagonizado por un enorme J. K. Simmons -se llevó el Oscar al mejor actor de reparto-, que machaca sin piedad a un joven baterista de jazz con talento. Un thriller, un duelo de personalidades y un retrato del sacrificio, la película es a la vez un tour musical de primera.