La mañana ha empezado con un susto. Estábamos en la barra del Wake Up hidratando el madrugón con un zumo de zanahoria cuando, de pronto, el presidente de Iberdrola se ha puesto a explicar la “teoría de las cuerdas”. Tal y como está el país, uno que no tiene ni idea de física ha pensado… ¿para echárnoslas al cuello? 

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Menos mal. Poco ha tardado Ignacio Sánchez Galán en dibujar un futuro razonablemente optimista. Podría resumirse con esta frase: “En España tenemos un sol fantástico”. Aquí, en Casa de América, estamos bajo tierra, pero los de la barra nos hemos dejado llevar por el vocabulario termal de Iberdrola.

Hemos llegado a oler la sal. Incluso hemos visto el vapor. Se lo juro. ¡Hemos llegado a temer que saltara la alarma de incendios! Nos dejábamos mecer por el “hidrógeno verde”, las “energías marinas” y las “corrientes flotantes”.

No pensábamos que fuera a ser tan placentera la mañana dedicada a la “transición energética”. Porque “transición” es una palabra muy seria que en España tiene cuarenta millones de significados distintos.

Con Isabel García Tejerina, exministra de Agricultura y ahora senior advisor de EY, hemos sacado la libreta. La cosa se ha puesto seria. Uno escucha que el cambio climático es “antropogénico” y le sube por las piernas una marea gélida que está prohibida en el balneario de Iberdrola. Con los “trilemas” planteados por Cani Fernández, la presidenta de la CNMC, hemos pedido que nos den un par de días más para entregar el trabajo de evaluación.

También hemos apuntado mucho con la directora del Institute for Innovation and Public Purpose de la UCL. “Toma nota de Mazzucato”, le digo a un compañero de la barra. Me responde: “¿Lo quieres sólo o con leche?”. Podría presumir y tirar de pedantería, pero me he aprendido el nombre de “Mariana Mazzucato” justo antes de llegar, programa en mano. Una economista de moda que, por cierto, tiene enamorado al equipo de Pedro Sánchez.

Después ha aparecido Alberto Núñez Feijóo. Cada vez que el presidente de Galicia viene a Madrid, le entra un ataque de pánico a un asesor de Pablo Casado. Pero Feijóo, como dice un amigo, lleva amagando desde los celtas. Lo suyo es la política seria, la gestión. ¿Cómo va a meterse este hombre en la leonera del Congreso? Otro tanto sucede con Emiliano García-Page, el presidente de Castilla-La Mancha.

Porque esta mañana, no se quejarán, ¡hemos reunido a los barones del morbo! A los dos líderes que hacen de brújula -y de incordio- para sus partidos. Son algo así como la voz de la conciencia. El conjuro del sentido común. Y no han decepcionado.

“Mi buen amigo Alberto”, se ha dirigido el socialista al popular. “Espero que esto no le perjudique”, ha bromeado después. Emiliano, no me lo negarán, es lo que Andrés Montes llamaba un “jugón”. “Estamos en el centro. En todos los sentidos”, ha dicho sobre el proyecto manchego, que es al socialismo de Sánchez lo que el Idiazábal a las lonchas del supermercado.

Ha estado divertido, Page. Ha revelado que la mitad del vino español se fabrica en La Mancha. Pues, hombre, presidente, podría haber traído algo, que son las dos y seguimos con el zumo de zanahoria. “¿Y el Mazzucato no lleva alcohol?”, me pregunta mi amigo el despistado. Luego seguimos, creo que este hombre necesita una conversación.