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Ruta do Adro Vello, los recuerdos de la historia que salen a la luz en O Grove

El itinerario recorre la costa noroeste de la localidad en un espacio protegido por la Red Natura 2000, entre playas paradisíacos, antiguas fábricas de salga y los restos de una villa romana en el entorno de O Carreiro
Vista aérea del yacimiento de Adro Vello, O Grove.
turismo rias baixas
Vista aérea del yacimiento de Adro Vello, O Grove.

Enmarcado en plena ría de Arousa, el municipio de O Grove se ha convertido en uno de los destinos turísticos por excelencia de las Rías Baixas. Este pueblo marinero en forma de península destaca por su riqueza natural y paisajística, una excelente gastronomía ―sobre todo si hablamos de marisco (considerado el mejor de Galicia)― y sus opciones de ocio y cultura, entre otros. Una buena manera de descubrir la localidad es a través de sus múltiples rutas de senderismo, y uno de los itinerarios más interesantes es el del Adro Vello, cuyo punto de partida se encuentra en el entorno de O Carreiro.

Un paseo por la historia y naturaleza de O Grove

Praia de Area Grande, O Grove. Foto: Mancomunidade do Salnés

La ruta circular do Adro Vello (PR-G 115) recorre parte de la costa noroeste y el interior de la península de O Grove entre arenales paradisíacos, antiguas fábricas de salazón y yacimientos arqueológicos tan importantes como el que designa a esta senda homologada. Se trata de un itinerario de corta duración (de poco más de una hora) y escasa dificultad, pues el recorrido completo apenas supera los 3 kilómetros de distancia.

Asimismo, la Ruta do Adro Vello tiene un gran valor medioambiental ya que la mayor parte del trayecto se realiza a lo largo de una zona protegida dentro de la Red Natura 2000. El inicio de la ruta se sitúa en los márgenes de la playa de Os Castriños y avanza pegado a la línea de costa hasta el arenal de O Carreiro. En este punto podremos observar los restos de la villa romana de Adro Vello y los antiguos saladeros, fuente de riqueza del pueblo durante varios siglos.

Iglesia parroquial de San Vicente. Foto: Visit o Salnés

Desde los vestigios de Adro Vello el camino continúa serpenteante por el litoral y los arenales de San Vicente que nos trasladan hasta las primeras fábricas de salga, datadas en el siglo XVIII, así como la iglesia parroquial, casa rectoral y campanario de San Vicente. Las paredes de este templo esconden un reducto de la historia local e incluso sus jardines son también una importante prueba de ello, ya que aquí se ubica una escultura conmemorativa del hallazgo de una moneda del Traslatio en Adro Vello, elegida también como símbolo Xacobeo 2021.

Adro Vello, una joya arqueológica en el olvido

Cuando en los años 80 los restos de Adro Vello quedaron al descubierto  ―el director de excavaciones por aquel entonces fue José Ignacio Carro― , estos pronto se convirtieron en una de las joyas arqueológicas de Galicia y todo el noroeste peninsular. Pese a todo, la parcela quedó relegada al olvido durante décadas, vallada y cerrada al público salvo en ocasiones puntuales. A principios del 2022, el yacimiento arqueológico de Adro Vello fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) y pasó de inmediato a estar protegido por la Lei do Patrimonio Cultural de Galicia. Hasta la fecha, la situación de abandono e inacción de las autoridades en el entorno suponía una importante pérdida para el patrimonio y el legado histórico de la localidad. 

Adro Vello en O Grove. Foto: Turismo O Grove

Volviendo atrás en el tiempo, durante los primeros años de excavaciones en Adro Vello, estas sacaron a la luz la existencia de una villa de época romana y una necrópolis de inhumación (con hasta diez niveles) datados entre mediados y finales del siglo IV.  Los trabajos en el entorno también desvelaron los restos de una pequeña iglesia visigótica del siglo VI o VII, así como una fortificación de la Baja Edad Media que podría haber servido como protección ante las amenazas llegadas desde el mar. En ese sentido, como dato curioso cabe destacar que debido a los constantes saqueos de piratas y los fuertes golpes de mar en la construcción, el templo religioso fue trasladado durante el siglo XVIII hasta el lugar que ocupa actualmente la iglesia parroquial de San Vicente.

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