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Talento 36

Esto del talento es un IKIGAI

Si no sabes qué significa la palabra IKIGAI no pasa nada, descúbrelo leyendo este artículo y entérate de porqué el cerebro juega un papel importante en el talento

El IKIGAI es una filosofía que podemos encontrar en el pueblo más longevo del mundo, Onigai. En esta localidad japonesa, sus habitantes, además de vivir muchos años, indican que se guían por este concepto para tener propósito (“gai”) en la vida (“iki”)

La receta parece ser la siguiente: hacer aquello que amas, que sea algo que la gente necesita, que paguen por ello y que se te de bien.

La teoría está muy bien, pero vamos a la práctica. Me usaré de ejemplo y comprobaremos juntos si en mi caso disfruto de esa filosofía que me llevará a sobreviviros a todos. 

El primer “check” lo tengo. Soy divulgadora y amo  serlo sobre todas las cosas. El proceso de aprender, masticar toda la información, seleccionar la relevante y adaptarla al paladar del público me produce una profunda satisfacción. En mi caso, me centro en la prevención de riesgos sanitarios. Lo mejor del día es cuando alguien te dice que tu trabajo le ha ayudado a tomar una decisión informada para mejorar su salud. 

Gracias a esas personas puedo ponerme un “check” en el segundo punto. En los años que llevo divulgando, y más después de esta pandemia, he entendido que la divulgación científica es algo muy necesario para la gente. ¡Ya llevo dos de cuatro “checks”!

Es en el tercer punto donde no podemos hacer check todavía, porque no me gano la vida como divulgadora, aunque sí que gano algo de dinero con ello. La gente compra libros, se apunta a cursos, paga plataformas en las que puede ver documentales y un sinfín de gastos más que demuestran la necesidad del ser humano de aprender. La figura del divulgador no es nueva, pero hacer de ello una carrera no está del todo instaurado

No os preocupéis por mí, esto no me quita el aliento. El IKIGAI es algo que se construye poco a poco, al igual que el último factor: el talento.

El talento innato es un concepto al que debemos darle el lugar que le corresponde. Desde la neurociencia no podemos afirmar que alguien tiene un talento natural y, mucho menos, que haya nacido con él. Las áreas del cerebro implicadas en tareas tan complejas como tocar el piano o hacer operaciones matemáticas no existen como tal en el momento del nacimiento. Apenas sabemos nada de los cerebros de los bebés, ya que no es fácil meterlos en un escáner y que estén quietos dos horas para poder obtener una imagen de calidad de lo que ocurre en esas cabecitas. 

El cerebro como semilla

Pensad en el cerebro como una semilla. Esta tiene el potencial de ser un cerebro adulto determinado, con los ingredientes que le han dado sus progenitores. Esta sería la base genética, los caracteres que podrían heredarse como ocurre con algunas patologías cerebrales

Hasta aquí se podría concluir que si unos padres son músicos, es porque tienen estructuras cerebrales que les otorgan ese talento y sus hijos las heredarán. El problema de utilizar esta premisa es que anularía la existencia de personas con talento musical en familias de talento matemático, por ejemplo. 

Lo más importante del futuro de una semilla es dónde se planta y cómo se cuida. Eso va a determinar su crecimiento y evolución. Las raíces se desplazarán buscando agua, las hojas sol y su estructura se adaptará al entorno e interacción con otros seres. El entorno es determinante

Es exactamente lo mismo lo que ocurre en nuestras cabezas mientras crecemos. El cerebro aprende vinculando neuronas entre sí. Haciendo conexiones entre estas que construyen caminos. Si un bebé está expuesto a bailes y coreografías, está constantemente estimulando las áreas cerebrales relacionadas a estas acciones. Esos caminos neuronales se recorren constantemente, fortaleciéndose y automátizandose, haciendo también que cada vez sea más sencillo aprender cosas relacionadas con esa materia. 

El talento se construye así, con la interacción del potencial de la semilla con el entorno. ¿Qué pesa más en el desarrollo de un bebé en una familia de músicos talentosos? ¿El hecho de que haya podido heredar esa facilidad?¿El hecho de que esté constantemente expuesto a música?

Los talentos funcionan un poco como las alergias. Puedes tener el potencial de desarrollar alergia  a las picaduras de avispa pero, si nunca te pica una, nunca se producirá la reacción en tu sistema inmune que te haga alérgico y, por lo tanto, no lo serás.

En una clase de primaria podemos encontrar distintas habilidades y talentos. Cuando vemos que son tan pequeños podemos pensar que no lo han podido aprender, que simplemente les sale natural. Pero lo cierto, es que los niños a los 8 meses ya saben distinguir idiomas según la entonación de cada uno. Están aprendiendo cosas cada segundo que tienen los ojos abiertos, por lo tanto, lo que ven en la tele, en nuestras casas y en sus juegos, es crucial en su desarrollo y habilidades futuras.

Hablando de educación Howard Gardner, psicólogo y profesor en Harvard, postuló la teoría de las inteligencias múltiples. Harto de hablar de inteligencia como algo único y calculable según un cociente intelectual (CI), desglosó el  concepto de inteligencia en 8 tipos: lógico-matemática, lingüística, musical, naturalista, visual y espacial, corporal cinestésica, interpersonal (social) e intrapersonal

El CI aspira a medir la edad mental de una persona, por así decirlo. Frente a un parámetro de lo que se supone que puede hacer un humano a cada edad, aquellos que “hacen cosas de mayores” tienen más cociente y viceversa. Esto se mide evaluando la capacidad de resolución de problemas de distinta índole pero, por lo general suelen valorar más aspectos matemáticos, lingüísticos y visuoespaciales. Gardner consiguió con estas 8 categorías dar una palmadita en la espalda a todo el alumnado haciéndonos sentir especiales y listos.

Dejando a un lado el cinismo, a pesar de que me encantaría comprar esta teoría, los métodos de estudio de estas inteligencias carecen de capacidad para demostrar la existencia de las mismas. El mismo autor confesó que el título de inteligencias era puro marketing y que sería más apropiado hablar de talentos. ¡Ahí sí que sí Gardner, me tienes en tu equipo!

En nuestro sistema educativo estamos caminando hacia la valoración de la variedad de competencias que podemos tener los seres humanos, permitiéndonos llegar a la vida adulta con un amplio abanico de opciones. En mi caso, ver que en el ámbito profesional valoraban aquellas competencias que me hacían destacar en mi etapa universitaria, como hacer trabajos y exposiciones,  me impulsó a iniciar mi propio proyecto de divulgación. No sé si tengo un talento innato para ello, pero sé que gracias a echarle ganas, años y esfuerzo puedo poner el último “check”.

Si echamos cuentas, tengo tres elementos de los cuatro necesarios para tener mi propósito de vida. Me falta ganarme la vida de ello, pero no dejo que esto me frustre. Peor sería tener todos los “checks” menos el de amar lo que hago. Como os decía, el IKIGAI es algo que se construye poco a poco,es algo dinámico así que puede cambiar a lo largo de nuestra vida. Lo que amo hacer hoy con 29 años, no tiene porqué ser lo mismo que amaré hacer a los 82. Lo que tengo claro es que mientras la gente necesite divulgación, alguien pagará por ella, y yo mientras sigo feliz trabajando mi talento. Sería un error esperar a completar mi IKIGAI para conseguir la felicidad. Lo primero se construye. Lo segundo se es.

Tamara Pazos, divulgadora científica en Putamen_T

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