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Gabriela Consuegra, de Venezuela a Galicia para contar la historia de Alvarito, su padre

La periodista de Caracas publica su primer libro, titulado 'Ha pasado un minuto y queda una vida', en el que aborda la enfermedad y la pérdida de su figura paterna
Gabriela Consuegra.
Andrés Rodríguez Morado
Gabriela Consuegra.

Pesa 268 gramos y contiene 32.496 palabras. Ha pasado un minuto y queda una vida es el primer libro de Gabriela Consuegra, y en él cuenta el epílogo de Alvarito, su padre. En el 2014 fue diagnosticado de cáncer y esta joven periodista de Caracas (Venezuela) decidió guardar entre tinta y papel los recuerdos de su progenitor.

Leer a Julio Cortázar hizo que Gabriela quisiese venir a Galicia, donde vive desde el 2016. Mientras, escribía este libro editado por Planeta que ya está disponible en librerías y en formato digital. Antes de que pueda comenzar a leerlo, la autora me hace un spoiler: "Al final, el protagonista se muere". También me pide disculpas por su humor negro.

A través de sus casi 200 páginas Gabriela cuenta su particular odisea de siete años, que la ha mantenido entre dos continentes. "No ha habido un día que no haya llorado escribiéndolo", afirma. A continuación, esta prometedora escritora nos cuenta cómo ha sido esta experiencia.

¿Cuándo empezaste a escribir este libro?

Mi padre enfermó en el 2014 de cáncer. Antes ya tenía un EPOC y algo había escrito al respecto, pero el libro lo empezaría ese año. Hasta este 2021. Realmente, en mi caso se escribe poco y se edita muchísimo. Es un libro corto y hubo que hacer muchos cambios.

¿Cuál fue el motivo por el que quisiste escribir sobre la enfermedad de tu padre?

El comienzo de la enfermedad fue muy violento. Hubo posibilidades de que no pasase de esa noche. Ese día, obviamente, no escribí nada, pero me encontré muy de golpe con la posibilidad real de que se acabe su vida. Después fue cambiando su pronóstico. Yo estaba en un taller de crónicas. No había podido escribir nada, así que decidí hacerlo sobre lo que había pasado. Quería buscarle el lado menos trágico dentro de esa experiencia. Surgió la necesidad de convertirlo en una forma de recordar a mi padre. De almacenar y quedarme con algo de él. Me atormentaba mucho la idea de que nadie más lo iba a poder conocer. Si yo tengo una pareja ahora ya no conocerá a mi padre. Eso me aterraba. Traté de conservar algo de la persona que él era.

¿Comenzó a nivel terapéutico o como algo más?

Comienza como un acto terapéutico. Mi hermana, doctora, se había venido a vivir aquí a Galicia. Yo me sentía muy sola. Ante ese encuentro tan violento con la enfermedad sientes la orfandad antes incluso de que pase. Convives con eso. Cuando noto que voy teniendo más material, pensé en convertirlo en un libro. También estaba ahí esa preocupación de que mi padre no iba a estar más y este libro quizás se convierta en un recuerdo de él. 

¿Cuál fue el momento en el que decides que será un libro?

Fue mi propio padre el que me lo dijo. Me dijo que terminase el libro. A partir de ese momento, ya no había opción. Se convirtió en una promesa implícita que yo nunca hice.

¿En qué momento decides mudarte desde Caracas a A Coruña?

Mi hermana vino a hacer el postdoctorado hace más de una década. Le gustó mucho y se quedó. No me compensaba graduarme en Venezuela, por la situación que hay. Decidí venirme a España. Yo leí mucho a Cortázar y él hablaba maravillas de Galicia. Así que dije: ¿Por qué no? Empecé viniendo de manera estacional, a veranear, y me empezó a gustar. Después, en el 2013, me iba a venir definitivamente y fue poco tiempo después cuando mi padre enfermó, así que lo pospuse hasta el 2016.

¿Cómo fue llevar desde la distancia la enfermedad de tu padre?

Llevaba dos años con la vida detenida. Fue él quien dijo que tenía que irme. Se sentía culpable de que estuviese con él cuidándolo. Por suerte, pude estar en sus últimos momentos.

El libro está estructurado en recuerdos. ¿Tiene algún sentido su orden?

Traté de estructurarlo como entiendo que funciona mi memoria. Lo dividí en tres partes. Una de esos momentos en los que alcancé a presagiar cómo iba a ser el futuro, después otra de la historia de la enfermedad y una final sobre lo que viene después y la despedida. En esta última trato de quitarme la pena y el dolor y darme cuenta de que él está conmigo todavía. 

"Yo me sentía muy sola. Ante ese encuentro tan violento con la enfermedad sientes la orfandad antes incluso de que pase. Convives con eso"

¿Cómo fue ese proceso hasta este 2021?

De hecho terminé de escribir lo último en abril de este año. Me quedaban temas pendientes porque eran muy dolorosos rememorarlos. Con el apoyo de mis editores y la idea de que ese esfuerzo emocional va a tener recompensa, conseguí escribir. Ahora me tengo que hacer a la idea de que después de tanto tiempo leyendo y releyendo ya no puedo hacer más cambios. Es cierto que cambié muchísimas veces el orden de los capítulos. Hasta el último minuto. Quería sentirme cómoda con la historia. Cambié hasta el capítulo final. Bueno, en ambos muere (risas), pero quería incluir en él una experiencia final que para mí es muy especial, que es una historia narrada por mi hermana.

¿Qué papel jugó tu hermana en este libro?

Hay una circularidad muy bonita entre ella y yo. Cuando descubren la enfermedad de mi padre ella estaba aquí en España y yo en Venezuela. Me tuve que hacer cargo de todo, ella tenía que viajar. Al final, fue al revés. Ella se fue allí y yo tuve que viajar para despedirme de mi padre. Esa circularidad permitió que cada una conociese la experiencia de la otra y nos complementó mucho más. 

¿Qué sensación tienes al exponer una parte tan importante de tu vida?

Él es una persona que cae muy bien. Estoy feliz porque creo que le habría hecho ilusión. Exponer mi propia vida no es cómodo, realmente. Pero la idea de que eso sirva para hablar de la vida de mi padre y de la persona que fue es lo que realmente me ha motivado a hacer todo esto. No es el típico héroe de novela. Es una persona totalmente normal, pero me llena de orgullo contarle al mundo su vida.

"Exponer mi propia vida no es cómodo, realmente. Pero la idea de que eso sirva para hablar de la vida de mi padre y de la persona que fue es lo que realmente me ha motivado a hacer todo esto"

¿Cómo ha reaccionado tu familia a la publicación de este libro?

Mi hermana, la pobre, ha llorado mucho. Estuvo conmigo todo el proceso, pero ahora que lo leyó de golpe, lo pasó muy mal. Más allá de estar todos en el libro, es la historia de papá. Todos se han encontrado con él en el libro. Me he sentido muy apoyada por ellos. Ahora que ya lo han leído tengo el móvil lleno de mensajes de ellos y están todos muy contentos.

Cuentas con reseñas muy positivas de otros autores como Manuel Jabois o Juan Tallón. ¿Qué sientes al respecto?

 Le suelo preguntar a mi editora cuánto pagan o con qué amenazan a la gente (risas). Es sumamente emocionante. Sobre todo porque es un libro que me ha costado mucho escribirlo. No ha habido ni una sola vez que no haya llorado escribiéndolo. Para mí lo más importante que me han dicho es que han encontrado a mi padre en el libro, que fue un gran hombre. Lo demás es un poco lo de menos. Yo creo que mi padre estaría feliz si ve a esta gente emocionada por la persona que fue. La enfermedad de mi padre también me cambió a mí y mi manera de escribir.

¿Qué vas a hacer ahora que cierras este capítulo?

Tengo ideas en mente. No tengo mucha imaginación, pero tengo una familia interesante y material del que escribir. Me gustaría escribir un libro que no fuese triste, no quiero tragedias. Tengo varios caminos abiertos. También quiero disfrutar esto. Ha sido tan largo el camino y quiero tomarme un tiempo para disfrutarlo sin más.

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