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Del libro a la escultura: los personajes de Valle-Inclán en Vilanova de Arousa

De la farsa de "La cabeza del Dragón" a el esperpento de "Luces de bohemia". Así se ven seis de los personajes más entrañables y reconocibles de las obras del escritor vilanovés convertidos en estatua
Mancomunidade do Salnés
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El maestro de las letras arousanas, Ramón María del Valle-Inclán, nació en 1866 en Vilanova de Arousa, en el seno de una familia acomodada y de origen hidalgo. Sobre su vida se ha especulado mucho, e incluso el propio literato contribuyó a crear un aura de misterio entorno a su figura. Este llegó a decir que había nacido en un barco en mitad de la ría, entre Vilanova y A Pobra do Caramiñal, aunque su nacimiento se sitúa de forma generalizada en la Casa do Cuadrante, en Vilanova, lugar en el que hoy se ha encuentra la Casa-Museo de Valle-Inclán. 

El escritor vilanovés empezó a estudiar derecho (por obligación) en el año 1888, en la Universidad de Santiago, y publicó su primer relato en la revista compostelana, Café con gotas (1886-1892). Tras la muerte de su padre en 1980, abandonó las clases y se trasladó a vivir a Madrid. Dos años después viajó a Cuba y México, donde ejerció durante un tiempo como periodista para El Universal y El Correo Español (periódico carlista fundado en 1888). 

En el trasiego de idas y venidas, Valle-Inclán retornaría a su Galicia natal, y de facto, publicaría su primer libro en Pontevedra: Femeninas, en el año 1895. Ya en 1913 fijaría su residencia en la villa marinera de Cambados, y desde ese momento su despegue literario fue irrefrenable. Del mismo modo, la vida del dramaturgo no estuvo exenta de excentricidades y multitud de anécdotas, como cuando perdió un brazo en una fatídica pelea en el Café de la Montaña, en Madrid.

Casa-Museo de Valle-Inclán en Vilanova de Arousa ( Foto de Mancomunidade do Salnés)

Valle-Inclán a través de sus obras

En el mundo de las letras, Valle-Inclán destacó como dramaturgo, poeta y novelista (además de ensayista y periodista), formando parte de la Generación del 98 y la corriente literaria del modernismo y el decadentismo, y siempre con un tratamiento del lenguaje muy cuidado. Fue el impulsor del esperpento, un estilo literario que se caracteriza por la presentación de una realidad deformada y grotesca, degradando los valores consagrados de la sociedad a situaciones ridículas. La obra cumbre de este nuevo estilo es sin duda Luces de bohemia (1920), en la que Valle-Inclán puso en boca de uno de sus personajes, Max Estrella, una definición aproximada del género: "Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede ofrecerse con una estética sistemáticamente deformada". 

Del libro a la escultura

Escultura de Max Estrella y Don Latino (Luces de bohemia)

En el paseo marítimo de Vilanova de Arousa (Plaza del Parque), se erige desde el año 2006 un conjunto escultórico que evoca a algunos de los personajes más famosos de las obras de Valle-Inclán. En el centro, la gran silueta del literato en bronce destaca con sus 1,75 metros de altura. De hecho, cada una de las piezas que le acompañan están realizadas a tamaño real y son del mismo material que la estatua motriz. La personificación de las figuras escritas por Valle-Inclán se hizo posible gracias a un proyecto impulsado por el ayuntamiento de Vilanova de Arousa para rellenar el entorno de O Cuadrante y que llevó a cabo el escultor pontevedrés Lucas Míguez. 

Antes de meterse de lleno en la creación de las efigies, Míguez volvió a navegar entre las páginas de gran parte de la producción narrativa, poética y dramática de Valle-Inclán, poniendo especial atención en aquellos pasajes en los que el escritor hiciese alguna referencia a la apariencia de sus personajes. La idea era crear un retrato lo más fiel posible al de los relatos, partiendo de la imaginación y el pensamiento del escultor tras sus lecturas, pero con cierto margen para adaptar la belleza a los cánones actuales mediante retratos anímicos y cercanos. Después de su maratón valleinclaniano y las primeras pruebas sobre el barro, Lucas Míguez seleccionó seis personajes para trasladarlos del papel al bronce: Max Estrella y Don Latino, El Marqués de Bradomín, El Príncipe de Verdemar, Lucero y Mari Gaila. 

De izquierda a derecha: el Príncipe de Verdemar, el Marqués de Bradomín, Lucero y Gaila

Así,  Luces de bohemia se vio representada en su escena final a través de la dupla formada por el poeta frustrado, Max Estrella, y su asiduo compañero, Don Latino. En dicha obra, el autor hace una crítica a la sociedad española donde ni el genio ni el trabajo tienen cabida. En el caso de la trilogía narrativa de las Sonatas (1902-1905), la figura en bronce hace referencia a El Marqués de Bradomín, considerado por la crítica el alter ego del escritor. 

De Divinas Palabras (1920) Míguez extrajo a los amantes Lucero (Séptimo Miau) y Mari Gaila ―el escultor quería evitar todo parecido de esta última con Ana Belén, quien interpretó a la protagonista en la película homónima de 1987―. Esta tragicomedia de aldea supuso la culminación del ciclo mítico de Valle-Inclán. Mantiene una estética muy cercana a los esperpentos, y por eso muchos consideran la obra predecesora del género. 

Por último, de entre las múltiples posibilidades, el artista seleccionó, de un relato desconocido para él hasta el momento, la farsa de La cabeza de Dragón (estrenada en 1905 y publicada en 1914), una obra de teatro infantil. En sus líneas, el Príncipe de Verdemar, con la ayuda de un duende, se bate en duelo contra un dragón que tenía apresada a la infanta del Rey. De esta forma, el duende y el dragón aparecen también reflejados junto al príncipe en la estatua de bronce del paseo marítimo. 

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