Fotograma de La bella y la bestia

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La Jungla

7 malos que tenían más razón que un santo

En la Jungla. Vivimos en una sociedad que oprime a los malos de las películas. Solo por ser los malos asumimos que se equivocan en todo y no, muchos de ellos tienen toda la razón del mundo. ¡Merecen un respeto!

Primero de todo, la palabra "malo" es ofensiva, por lo que a partir de ahora nos referiremos como "villanos y villanas". La sociedad actual está llena de prejuicios. Hoy uno ya no puede decir que es un villano son que le miren mal por la calle, sin que los compañeros de trabajo cuchicheen a tus espaldas y sin que venga un héroe a estropearte la cena. ¡Oiga, señor Vengador, que no intentaba volar la ciudad con una bomba nuclear, solo intentaba descongelar las croquetas en el microondas! ¡Maldita sociedad villanofóbica!

Y es que muchos de los malos  malísimos villanos de muchas de las películas damos por sentado que son malos por el simple hecho de que son el rival del prota, por lo que no nos paramos ni un momento a analizar sus motivaciones, en muchos casos más que justificadas. Vale, muchos de ellos se pasan cuatro pueblos en sus planes -que por lo general incluyen matar a un porrón de gente- y otros son unos cretinos integrales, pero eso no quiere decir que no tengan más razón que un santo en buena parte de lo que hacen.

La malvada bruja del oeste (El mago de Oz)

Veamos, porque aquí se forma una confluencia de perjuicios que puede formar un agujero negro. Primero, es la mala de la película, cosa ya mencionada pero además el retrato que una bruja es mala es un estereotipo que deberíamos ir expulsando de nuestra sociedad. Es verde, que no transmite mucha empatía y además sus padres no le hicieron ningún favor al bautizarla como “Malvada”. Pero si nos fijamos un poco más, todo lo que quiere esta pobre mujer es recuperar los zapatos que Dorothy robó a su hermana después de asesinarla tirándole una casa encima. Vale, lo de prender fuego al Espantapájaros es feo y tal, pero ¿tú no te enfadarías si alguien matase a tu hermana y le robase los zapatos?

Emperador Palpatine (Star Wars)

No estoy aquí para defender al Imperio, que hizo muchas cosas mal -todo ese asunto de la Estrella de la Muerte y destruir Alderaan probablemente fue un exceso-, pero hay que reconocer también que hizo muchas cosas bien. Para empezar la República era un caos de corrupción y lo que viene siendo un sindios. ¿Os imagináis que, para protestar por un impuesto, Repsol se monta un ejército e invade Cuenca y el Gobierno no hace nada? Porque eso es lo que pasó en La Amenaza Fantasma -pero en vez de Cuenca era Naboo, algo así como la Cuenca galáctica-. Y viendo que un malo advenedizo es capaz de cargarse de un plumazo la Nueva República con un par de escenas, estamos seguros que hay muchos ciudadanos pensando “esto con Palpatine no pasaría”. Y no, no pasaría. Lastima que alguno de sus planes tuvieran algún fallo de diseño.

Las hienas (el Rey León)

Las hienas no eligen al mejor aliado en Scar, sin duda un villano de tomo y lomo. Sin embargo, ellas lo único que quieren es volver a la sabana después de haber sido exiliadas al cementerio de elefantes por Mufasa. ¿La razón? ¡No respetar el ciclo de la vida! ¡Como si los leones esperasen amablemente a que las gacelas se mueran! Un descaradísimo doble rasero. Las hienas no son más que presos políticos republicanos que quieren volver a casa, y Scar se lo permite.

El conserje (Solo en Casa 2)

Sí, este señor interpretado por Tim Curry es un cretino, pero toda la maldad que realiza es intentar hacer su trabajo. Veamos, llega un niño con la tarjeta de crédito de su padre y va arriba y abajo por el hotel más caro de Nueva York, habla con Donald Trump, alquila limusinas… ¿sin que su santo padre ni siquiera se pase por recepción? Venga, hombre, no solo no es malo sino que es el único adulto mínimamente responsable en toda la saga. ¿Su recompensa? Una bofetada de madre que se olvida a su hijo dos veces seguidas. Chuparos esa, servicios sociales.

Sid (Toy Story)

Este caso no se puede decir que “tenga razón”, pero como mínimo está representado muy erróneamente como un villano. Toy Story nos muestra a este chaval como un Dr. Mengele que mutila a los juguetes y realiza extraños montajes. Sin embargo, a la hora de valorar si realmente es malvado debemos tener en cuenta un pequeño gran detalle: él cree que los juguetes son simples objetos inanimados, no tiene ni pajolera idea de que sienten y sufren. No es que se haya encontrado manifestaciones en su habitación con el lema “stop maltrato juguetil”. Tal vez si el señor Action Man le hubiera pedido por favor que dejase de quemarle la frente con la lupa hubiera parado. No lo sabemos. En cambio Woody organiza un plan revanchista para darle un susto. Muy injusto, Woody, muy injusto. Podía haberle dado un infarto.

Las máquinas (Matrix)

Vale, de acuerdo, lo de usar a los seres humanos a modo de pila Duracell suena un poco feo, pero vamos a analizar un poco cómo llegamos a esa situación. Los hombres crean a las máquinas para que trabajen por ellos, eventualmente las máquinas cobran conciencia de si mismas y piden sus derechos -algo razonable comparado con Skynet que directamente nos tiró todo el arsenal nuclear encima-. Los humanos no solo dicen que no, sino que encima destruimos el cielo para que no tengan energía solar. ¿Y qué hacen las máquinas? Nos esclavizan, sí, pero nos meten en la simulación de una utopia ¡y nuestros cerebros la rechazan! ¡Pero seréis burros, malditos sacos de aminoácidos!

Gastón (La bella y la bestia)

Hemos hablado mucho de prejuicios sobre los malos villanos de las películas y brujas. Lo malo de los estereotipos es que no solo afectan al estereotipado, también a todos los demás. Imagínate que nunca hubieras visto a un periquito y te hubieras pasado toda la vida oyendo que los periquitos son unos asesinos devoradores de carne humana ¿qué pensarías cuando vieras uno? Pues bien, poco más o menos eso le pasa a Gastón cuando se entera de que su amor ha sido secuestrado por una bestia. ¡Que es una bestia, maldita sea! Vale, luego resulta que con buen corazón y tal, pero eso Gastón no lo sabe, él solo sabe que es una bestia y se va al rescate. Como el conserje, su único pecado es ser un completo idiota. Sin embargo, si algún día oís que me ha secuestrado una bestia, por favor sed como Gastón: imbéciles, pero venid a rescatarme.