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El Comercio, el bar abanderado por los churros que en Semana Santa cede protagonismo a "las torrijas de la abuela"

La serie de EL ESPAÑOL de Sevilla, 'Un domingo menos', cuenta la historia de este icónico bar del centro de Sevilla.

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Hay bares que pasan desapercibidos y otros que se llevan todo el protagonismo de la calle. El Comercio pertenece a esa segunda estirpe. Desde 1904, en el corazón de Sevilla, ha aprendido a mantenerse fiel a su esencia pese al turismo que invade el centro de la ciudad -y casi que la periferia-.

Ahora, la serie de EL ESPAÑOL de Sevilla, 'Un domingo menos', rinde homenaje a este emblema de la capital hispalense que, aunque sin lugar a dudas es conocido por sus churros con chocolate, durante la Cuaresma y la Semana Santa, estos le ceden el protagonismo a sus torrijas.

Fiel a sus raíces, el dulce típico de la que es una de las tradiciones más arraigadas de España, se sigue haciendo "con la receta de la abuela", según cuenta a este periódico Paula, la cuarta generación a cargo de este establecimiento.

Abogada de profesión pero criada en este rincón de la calle Lineros entre cafés, zumos y churros con chocolate. Por eso, tras la pandemia decidió ponerse al mando de la empresa familiar.

En este momento, el Covid-19 actuó de punto de inflexión. El confinamiento trajo consigo una nueva líder, pero no acarreó -casi- ningún cambio más. "La carta sigue siendo la misma desde que abrimos", señala Paula. "Y la forma de elaborar los platos también".

Sin embargo, en los últimos años, al pasear por la mencionada calle, algo es diferente. La cola de clientes con todo tipo de acentos esperando a ser atendidos casi la inunda de un lado a otro.

El nacimiento de este bar se remonta a hace más de un siglo. 122 años concretamente. Francisco Rivera y su mujer Dolores desembarcaron en Sevilla después de una temporada en Argentina y tras haber ganado la lotería.

Posteriormente, el matrimonio decidió comprar el edificio en el que ahora se ubica el bar, en pleno Casco Antiguo de la ciudad.

A partir de este momento, El Comercio ha dado de comer a ilustres personajes como el escritor murciano Arturo Pérez-Reverte, quien no dudó en probar su producto estrella.

El interior del establecimiento conserva la esencia de "bar de toda la vida". Suelo ajedrezado, barra de madera, azulejos mudéjares y mesas y sillas de forja y mármol. Nada de terciopelos, flores secas ni metales dorados.

Llegados a esta fecha, en Lineros conviven el niño cargado con su túnica de nazareno, la madre e hija que van en busca del nuevo traje de flamenca y el guiri ataviado con las sandalias y el calcetín.

Parada de turistas

El Comercio ha dejado de ser exclusivamente del sevillano. Ahora cualquier vecino de la Giralda tiene que compartir barra con el de fuera.

"Las redes sociales" -no las del propio bar, que no existen, sino la de los clientes- han sido las encargadas de aupar el negocio y hacerlo conocido alrededor de medio mundo. Aun así, Paula insiste en que el éxito y la fama no han cambiado el alma del lugar.

Las recetas tradicionales, el seseo sevillano -que conservan sus camareros- y los platos preparados con mimo siguen formando parte de la idiosincrasia de este recoveco con suelo 'de ajedrez', barra y mesas de forja y mármol.

La carta sigue siendo pequeña -alrededor de unas 20 opciones-, plasmada en pizarra con tiza blanca y aferrada a las recetas más típicas. Aquellas que no solo los días de Cuaresma y Semana Santa apetecen.

Por eso, cuando llega la época previa al Domingo de Resurrección, sevillanos y visitantes eligen este emblema de la capital hispalense.

Hay quien se decanta por desayunar unos churros antes de los días grandes y quien recompensa una tarde ultimando los preparativos con una de las torrijas de la abuela.

Tal vez por esto, más que un establecimiento centenario, El Comercio se ha consagrado como uno de los emblemas de la ciudad. Un secreto que se empapa en almíbar una vez al año y un domingo menos en el calendario para darle la bienvenida a la Semana Santa de Sevilla.