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    El Asesino de la baraja acabó con la vida de seis personas, sin arrepentimiento ni perdón

    En el año 2003, Alfredo Galán, más conocido como 'El asesino de la Baraja' tuvo atemorizado durante largos meses a los ciudadanos de la Comunidad de Madrid. El hombre dejó, tras sus pasos, seis asesinatos, mientras que otras tres personas pudieron zafarse de sus impulsos asesinos. Alfredo mataba a sangre fría, al azar y con una seña de identidad que le definiría: dejaba un naipe en cada una de las escenas. Tras muchas investigaciones, la Policía detuvo a un hombre en Alcalá de Henares, Francisco Javier Antuñano. Pero él no era 'El asesino de la Baraja'. El 3 de julio de 2002, Alfredo Galán se entregó en la Comisaría de Puertollano, su ciudad natal. Ahí vivían dos de sus hermanos y su padre, viudo, que más tarde sufriría un infarto al corazón. Alfredo fue condenado a 142 años de prisión. Saldrá en menos de 10.

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    Alfredo Galán, con un comportamiento cambiante, pasó sin pena ni gloria por sus años de instituto

    Alfredo Galán Sotillo vivía en Puertollano (Ciudad Real) en el seno de una familia humilde. Era (y es) el cuarto de cinco hermanos; dos de ellos ya se habían marchado de la ciudad manchega cuando cometió los asesinatos. De pequeño fue un niño alegre y divertido, pero la tragedia le hundió cuando tan solo tenía ocho años. Su madre fallecía en el parto de su hermana y, a partir de ese momento, su carácter cambiaría para siempre. Se convirtió en un adolescente 'gamberro' que no terminó sus estudios. Con una personalidad marcada por los altibajos, pasó sin pena ni gloria por su instituto, el Comendador Juan de Távora. Cuando creció, decidió formarse como soldado profesional y fue enviado a distintas misiones en Bosnia. Un país que le marcaría para siempre.

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    Un joven de 18 años que se encontraba esperando el autobús: su primera víctima

    La primera víctima de Alfredo Galán, porque por aquel momento todavía no gozaba de ningún apodo, fue Juan Carlos Martín Estacio. El joven, de 18 años, esperaba al autobús cerca del pueblo de Barajas y murió debido a la herida de bala, que le alcanzó la nuca. Alfredo lo había elegido al azar. Los investigadores sospechaban que se trataba de un ajuste de cuentas, el escenario y la forma de asesinar coincidían con los utilizados por los vándalos. Pero, una vez que se encontró un naipe en el lugar de los hechos, esta posibilidad se desvaneció. Los agentes y los medios de comunicación no entendían nada.

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    La escena confundía a los investigadores: ¿el macabro Crimen del Rol estaba de vuelta?

    Los investigadores estaban confusos. Todo les recordaba al Crimen del Rol, pero su asesino llevaba años encarcelado. Javier Rosado, cabecilla e inductor del crimen, había creado un juego llamado Razas. Convenció a su amigo Félix Martínez para salir a buscar a alguien a quien asesinar antes de las cuatro y media de la madrugada. Su víctima fue Carlos Moreno, un hombre de 52 años, que acababa de salir de trabajar en una empresa de limpieza. Al igual que Juan Carlos, esperaba solo en mitad de la noche a un autobús que le llevara a casa. Los escenarios coincidían, las características de ambos hombres eran parecidas y todo apuntaba a que alguien estaba simulando el crimen de Rosado.

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    12 horas después, el asesino provoca el pánico en un bar de Alcalá de Henares

    Tan solo medio día después, Alfredo se dirige a Alcalá de Henares. Allí, deambula durante unos minutos hasta que decide entrar, armado, a el Bar Rojas. El establecimiento estaba regentado por Teresa Sánchez García y, ese día, le acompaña su hijo Mikel. Además, junto a ellos se encontraba Juana Dolores, una vecina, que estaba hablando por teléfono. Muy decidido, Alfredo apunta al menor y sin dudar le dispara a boca jarro. La bala le alcanza la cabeza y sale por la nuca. Cae. Su madre, Teresa, huye e intenta refugiarse detrás de la barra. Alfredo logra dar con ella y le dispara en la espalda; le hiere varios órganos y una de las balas le alcanza el pulmón. Ya está hecho. Alfredo remata la acción con otro tiro en la pierna, a la altura del femoral, convencido de que morirá desangrada. Pero no fue así. Alfredo se va, pero sin dejar ningún naipe.

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    Los investigadores no son capaces de relacionar los crímenes de Juan Carlos, Mikel y Juana Dolores

    Los agentes no son capaces de relacionar los dos crímenes. No podían imaginar que la misma persona había asesinado en tan corto espacio de tiempo. Además, como al contrario que había sucedido en el primer crimen, Alfredo no había dejado ninguna carta en el Bar Rojas. Además, tampoco los perfiles de las víctimas encajaban. Lo único que tenían en común y que los agentes sabían: todos ellos se encontraban en el sitio y en el momento inadecuado.

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    Al día siguiente, asesina a una pareja en Tres Cantos a sangre fría

    Pero Alfredo no pierde el tiempo y los investigadores se darán cuenta pronto. Al día siguiente se dirige hasta la localidad de Tres Cantos, situado en el norte de Madrid. Allí se encuentra con Eduardo Salas y Anahid Castillo, quienes estaban hablando tranquilamente en la calle. Alfredo se para a su lado, saca una pistola, apunta a Eduardo y le dispara. El joven ecuatoriano cae redondo al suelo en el acto, mientras su pareja intenta protegerse del asesino. Ella correrá mejor suerte. Anahid se cubre la cabeza con las manos y espera su fatal destino. Pero este hace que a Alfredo se le quede encasquillada la bala. Galán huye, pero antes deja un dos de copas en el suelo. La carta que representa a los amantes.

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    Las pistas que se encuentran en los escenarios permiten relacionarlo con el asesinato de un conserje

    Otro asesinato se suma a la lista de crímenes de Alfredo Galán. En este caso, se trata del de el conserje Ledesma, al que había matado en presencia de su hijo de dos años. Galán entra en el portal  de una céntrica calle de Madrid, donde se encuentra el joven junto a su retoño. Le está dando de comer. Alfredo obliga al hombre a ponerse de rodillas, le apunta y le pega un tiro en la cabeza. Sin dudar. La víctima cae y él huye, dejando al pequeño llorando desconsolado. Será su mujer quien encuentre el cuerpo minutos después. Nadie había visto ni oído nada.

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    El elemento de unión de todos los crímenes: una pistola Tókarev modelo 7,62

    Los investigadores tienen claro elemento en común de todos los asesinatos, más allá del naipe: una pistola Tókarev modelo 7,62. El arma, de fabricación soviética, probablemente en Rusia, había sido la encargada de acabar con la vida de Juan Carlos, Mikel, Juana Dolores y Eduardo. La pistola era muy difícil de conseguir fuera de este país y los agentes tenían claro que se podía haber introducido en España de dos maneras. La primera idea que barajaban era que alguien, relacionado con las misiones militares, fuera el dueño del arma. La segunda, hacía referencia a que el propietario podía ser de Rusia u otros países cercanos. Nada más lejos de la realidad.

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    Un matrimonio rumano que volvía de trabajar, la quinta y sexta víctima de El asesino de la baraja

    El 18 de marzo, tan solo un mes después, Alfredo vuelve a asesinar. Esta vez, de noche, se encuentra con dos personas en un camino de tierra en Arganda del Rey. Se trataba de dos trabajadores rumanos que volvían de su puesto de trabajo. El hombre recibió un disparo en la cabeza, mientras que su mujer, otros dos, a la altura del pecho. La pareja tenía un hijo de seis años y residían en un barrio humilde de la localidad. Alfredo antes de marcharse de la escena del crimen, depositó dos cartas: un tres y un cuatro de copas. Su seña de identidad.

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    El 2003, el año más sangriento y fatídico para la Comunidad de Madrid

    El año 2003, la misma fecha en la que Galán comete sus crímenes, fue el año más sangriento y fatídico para la Comunidad de Madrid. Durante ese tiempo, los asesinatos y homicidios eran una constante, lo que creó una gran alarma social. Los vecinos se sentían inseguros, cundía el pánico. Cada tres días, se producía un homicidio. A 20 de marzo, ya había 23 víctimas mortales, la mayoría de ellos debido a armas de fuego.

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    Los agentes deciden crear una línea telefónica para recibir pistas: todo un fracaso

    Tras el clima de tensión que había en la sociedad, los agentes decidieron crear una línea de llamada. Esta surgió con el objetivo de obtener cualquier pista sobre los asesinatos de Alfredo Galán. La mayoría de ellos, se habían llevado a cabo en plena calle, a la vista de cualquier persona. Pero, lo cierto es que el teléfono fue un auténtico fracaso. Los agentes recibieron más de 2.000 llamadas, que fueron comprobadas una a una. De estas, surgieron bromistas, videntes o personas que querían vengar a alguno de sus vecinos. En definitiva, los investigadores optaron por seguir investigando por su cuenta y dejar la participación ciudadana de lado.

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    Una de las mujeres supervivientes proporciona la única pista fiable: sus características físicas

    Por tanto, los agentes optaron por escuchar a las mujeres supervivientes. Los testimonios de Anahid Castillo y Teresa Sánchez García fueron fundamentales. Fue Anahid quien facilitó un retrato robot del asesino, lo que se convertía en la única pista fiable de la que gozaban los investigadores hasta la fecha. Según las descripciones de Castillo, el hombre medía 1.80cm, tenía perilla, era de complexión delgada y le gustaba el deporte. Los investigadores decidieron hacer públicos dos retratos robots, confiando (de nuevo) en la opinión pública.

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    Los agentes tenían claro que se trataba de un militar que había realizado misiones en los Balcanes

    Debido a la procedencia del arma y la complexión fuerte del hombre, los agentes comenzaron a investigar a militares españoles que hubieran realizado misiones en el extranjero. Les interesaban aquellos que se hubieran desplazado hasta la zona de los Balcanes, la antigua Yugoslavia o Rusia. Además, buscaban a alguien que pudiera tener una psicopatía, con una vida solitaria; sin hijos ni pareja. No se podía concebir que una persona que tuviera una vida y una familia estable tuviera tiempo -y no hubiera levantado ninguna sospecha- de cometer los crímenes. Los investigadores jugaban con ventaja: tenían una cara, un modelo de pistola y un posible perfil.

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    El 22 de mayo del 2003 detienen a Francisco Javier Antuñano por los seis asesinatos

    El 22 de mayo de 2003 la policía detuvo a Francisco Javier Antuñano. El hombre residía en Alcalá de Henares, era portero de discoteca, con una marcada ideología y calificado, en ciertas ocasiones, de xenófobo. Además, había servido al país como militar. Todo cuadraba. La dueña del Bar Rojas le reconoció, era él quien le había pegado un tiro a bocajarro a su hijo. Y no solo ella, Anahid también confirmó que se trataba del asesino de su pareja. Antuñano tenía antecedentes y fue detenido, pero el mundo se preguntaba ¿era él El asesino de la baraja?

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    Los investigadores tenían claro que él no era el asesino, pero la presión social venció

    Los investigadores, jueces y otros expertos tenían claro que él no era el asesino. Las mujeres que lo confirmaron, se podrían haber dejado llevar, ya que estaban asustadas. Habían sido unos meses convulsos, en pocas semanas se celebraban elecciones y lo más inteligente era resolver estos crímenes en el menor tiempo posible. Básicamente, un empeño político. Antuñano fue puesto en libertad, debido a las pesquisas de los agentes, la presión social y mediática.

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    El 3 de julio de 2003 un hombre se entrega en una Comisaría afirmando que es 'El asesino de la baraja'

    El 3 de julio de 2003 un hombre, en aparente estado de embriaguez, acude a la Comisaría de Puertollano afirmando que es El asesino de la baraja. Al principio, ninguno de los allí presentes le cree. Iba borracho. Por tanto, le piden que aporte alguna pista fiable que solo quien hubiera cometido esos crímenes pudiera conocer. Y Alfredo deja a todos boquiabiertos. Todas las cartas, que él había dejado, estaban marcadas con un punto azul. Un dato que no sabía nadie, ni los medios de comunicación, y del que solo eran conocedores los investigadores. Además, también explicó cómo estaban colocados los cuerpos en cada escena del crimen y cómo era el mobiliario de los lugares donde había asesinado a sus víctimas.

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    Las cartas encontradas en su casa lo confirman: él es El asesino de la baraja

    Los investigadores deciden registrar la casa de Alcalá de Henares donde vivía Alfredo. En una de las habitaciones, encuentran dos mazos de cartas y varios recortes de prensa. Todas las noticias hacían alusión a los asesinatos que él mismo había cometido.

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    Alfredo Galán Sotillo es condenado a 142 años de prisión; saldrá de la cárcel en menos de diez

    Finalmente, Alfredo Galán Sotillo fue condenado a 142 años y 3 meses de prisión por matar a seis personas e intentarlo con otras tres. El Tribunal acordó llevar al máximo la pena, dado el desprecio hacia la vida humana que había manifestado Alfredo. Aun así y, de acuerdo a la legislación española, solo cumplirá 25 años. El hombre saldrá de la cárcel cuando ya haya cumplido los 52 años. Los investigadores piensan que el objetivo principal de Galán con sus asesinatos era el de ser conocido. Había pasado durante sus años de instituto sin pena ni gloria. Nunca había destacado en nada.

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    A Alfredo Galán le marcó su paso por los Balcanes: estaba cansado física y mentalmente

    Cuando Alfredo Galán fue enviado a Bosnia, adquirió la pistola con la que acabó con la vida de esas seis personas. Además, se supo que la había introducido en la ranura de un vídeo-televisor. Según contó su familia, a Galán le marcó su estancia en los Balcanes y cuando llegó a España, explotó. Tras su misión, llegó cansado y exhausto física y mentalmente. Por ello, pensaba cogerse unas vacaciones y disfrutar de unos días de relax. Pero se produjo el desastre del Chapapote y Alfredo tuvo que ir a Galicia a ayudar. Sin descanso. Allí tuvo varios enfrentamientos, protagonizados por sus comportamientos violentos.

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    Galán había sido ingresado en un hospital psiquiátrico debido a sus comportamientos violentos

    Días más tarde es ingresado en el Hospital Psiquiátrico Gómez Ulla, de Madrid. Ante la insistencia de su familiares, en diciembre ya estaba en la calle. Ellos le rogaron a sus médicos que saliera e insistían en que había cambiado, sus comportamientos agresivos habían desaparecido. Su padre y sus hermanos deseaban pasar las Navidades junto a él y, por eso, fueron tan insistentes. A Alfredo se le diagnosticó un trastorno de ansiedad.

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    Los expertos tenían claro que Alfredo mataba porque quería saber qué se sentía

    Los expertos están convencidos que Alfredo quería saber lo que sentía al matar. Probablemente ese subidón de adrenalina, pero lo único que obtuvo fue la nada. No sentía nada. Él era su mayor seguidor: seguía las noticias sobre sus propios crímenes, según pudieron comprobar los agentes en los recortes encontrados en su casa. También, hacía comentarios sobre el Asesino de la Baraja a sus familiares y amigos, incluso en bares.

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    El análisis psiquiátrico desvela datos sorprendentes: ni está arrepentido ni conmocionado

    El análisis psiquiátrico que realizó Juan José Carrasco Gómez a Galán una vez detenido y al que ha tenido acceso EL ESPAÑOL explica que no tuvo ideas de arrepentimiento, según sus propias palabras, las víctimas “le daban igual”. Además, afirma que no tenía pensado entregarse y que lo realizó sin pensar, de forma rápida. Tampoco le afectaba acabar con la vida de otras personas, ni ninguna conmoción ni sentía frenos interiores de ningún tipo. Una vez que entra en la cárcel, denota una actitud pasiva, no le importa estar en la cárcel y así se lo hace ver a los funcionarios y familiares.

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    Miguel Carcaño o Tony Alexander King: los compañeros de Galán en la cárcel

    Alfredo Galán se encuentra en la prisión de Herrera de La Mancha en Ciudad Real. En un reportaje, que realizó EL ESPAÑOL, Galán comparte módulo con otros presos como Carcaño, el pederasta de Ciudad Lineal o Tony Alexander King. Se trata de una prisión de máxima seguridad que acoge a los asesinos y violadores más peligrosos de las últimas décadas. Otros presos mediáticos, como Miguel Ricart, el único condenado por el asesinato de las niñas de Alcásser, ha abandonado ya la cárcel, tras 21 años.

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    El Bar Rojas ha desaparecido; en su lugar hay un establecimiento de autolavado y un banco

    Lo cierto es que Alfredo Galán, durante un tiempo, causó el pánico en la Comunidad de Madrid. Los agentes no sabían cuándo este asesino en serie volvería a actuar y, por ello, el miedo era general entre los vecinos de las localidades de Arganda, Tres Cantos y Alcalá de Henares. En este último, acabó con la vida de todos aquellos, a excepción de la dueña, que se encontraban en Bar Rojas. Actualmente, ya no queda nada del establecimiento. Un centro de autolavado de coches y un banco ocupan el lugar donde hace más de 15 años perdieron la vida Mikel y Juana Dolores.

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    Francisco José Antuñano cuenta con un amplio historial delictivo: vinculado a los 'Ultras Sur'

    Francisco José Antuñano, al que detuvieron pensando que era 'El asesino de la baraja’' ha protagonizado titulares desde entonces. Más conocido como 'El Fichaje' y miembro de los famosos 'Ultra Sur' protagonizó una gran bronca hace dos años en Barcelona. Al parecer, se encontraba junto a otros históricos del movimiento como Antonio Menéndez, 'el Niño Skin', o Fernando San Mamés, 'Freddy'. Durante todo este tiempo, ha sido relacionado con la desaparición de un empresario, al que presuntamente habría cocido, o con el asalto a casa de una abogada.

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    Anahid, una de las superviviente, perdonó a Galán antes de morir

    Teresa, la única superviviente, sigue intentando rehacer su vida. No ha vuelto a ser igual después de perder a su hijo Mikel. Le quedaron secuelas, tanto psicológicas y como físicas. Anahid Castillo, la otra superviviente, falleció hace unos años debido a un cáncer. La mujer se había mudado a Ecuador y, antes de morir, pidió solo una cosa: que su madre se reuniera con Galán y le comunicara que ella le había perdonado. No pudo ser. Alfredo no la llegó a atender nunca.