A la izquierda, Pascual Berlanga, administrador único del Grupo Los Nogales. A la derecha, dos trabajadores maltratan a una anciana en uno de sus centros.

A la izquierda, Pascual Berlanga, administrador único del Grupo Los Nogales. A la derecha, dos trabajadores maltratan a una anciana en uno de sus centros.

Reportajes

Pascual, el maestro que creó Los Nogales, la residencia del horror: una máquina de hacer dinero

Este empresario tiene 11 residencias en Madrid. En el último ejercicio, facturó 27,7 millones de euros, un 45% más que el año anterior. 

Grupo Los Nogales. Cuidamos del mayor, cuidamos de la familia. 

Una sintonía pegadiza acompaña a esta idílica oración-anuncio que seguramente habrán escuchado una y otra vez en las emisoras de radio que sintonicen. Un lugar de ensueño para el anciano con un gran abanico de posibilidades, siempre asegurando la mayor comodidad de los mayores y sus familias. Un enclave lleno de vida y actividad

La realidad, como ya imaginarán, se aleja bastante de lo que quiere vender este grupo histórico de residencias para ancianos en la Comunidad de Madrid, liderado por Pascual Berlanga Sarmentera, un octogenarío que tiene en sus manos el mayor imperio de estos centros en la capital y cuyo negocio no ha hecho sino incrementar su beneficio desde que creó su primer centro en 1975. En el último ejercicio, facturó 27,7 millones de euros, un 45% más que el año anterior.

Cuarenta y cuatro años son los que este empresario, que empezó siendo maestro, suma al frente de este negocio que, según explica en una entrevista, le han regalado un gran numero de "experiencias humanas y gratificantes", la tranquilidad de hacer una buena acción y con ello poder "dormir tranquilo cada noche"

Nadie pone en duda que esta empresa haya tenido o tenga a los mejores profesionales al cuidado de sus ancianos, pero nadie negará tampoco que también ha tenido o tiene a los peores. Y que estos últimos han actuado con total impunidad durante varios años, hasta esta última semana cuando la Fiscalía de Madrid ha tomado cartas en el asunto. A raíz de unas grabaciones que hizo Francisco P. en 2018 en la habitación del centro donde estaba su madre. Había sido maltratada durante tres años hasta que murió en la residencia.  

Así eran las agresiones a los ancianos del geriátrico Los Nogales

Los vídeos y las imágenes son espeluznantes. En ellos, Mónica M. P, Bryan Israel N. C. y María Josefa T. L, tres investigados y ya extrabajadores de la Residencia Los Nogales Hortaleza, una de las once residencias que tiene la empresa en la capital española, hacen las peores tropelías con dos ancianas del módulo de enfermos. Les zarandean, les pegan, les retuercen el pecho, les amenazan con "arrancarles la cabeza", les insultan e incluso les asustan diciéndoles que va a ir el demonio para llevárselas al infierno. Todo en un clima de risas compartidas, mofándose en todo momento de las dos internas. Además, según denunciaron otros trabajadores de la residencia que hablaron con este diario, todas estos abusos se realizaban bajo la aprobación de las jefas de planta y de la directora del centro, que conocían en todo momento como se trataba a las víctimas. 

Todos los trabajadores hacían mutis cuando veían episodios del tipo y quien se atrevía a condenarlos y denunciarlos, era amenazado con perder su puesto de trabajo. Tampoco es que las condiciones laborales que ofrecen estos idílicos centros sean las mejores. Contratos temporales y precarios se suceden entre los trabajadores, que al mismo tiempo son limitados en el centro. Por ejemplo, en el centro de Hortaleza, en el módulo de enfermos dependientes, hay aproximadamente hay 100 ancianos por, de los que se suelen encargar cuatro trabajadores por turno. Esta residencia tiene 400 plazas completas. Y el grupo, unas 4.000 en total. Algunas de ellas concertadas con la Comunidad de Madrid. 

Una oportunidad de negocio en 1975

Precisamente, un mes antes de las terribles imágenes de la residencia Los Nogales, el Gobierno regional archivó una investigación sobre irregularidades en el centro tras la denuncia de 120 familiares que tenían a sus mayores en el centro. El maltrato psicológico y físico de Mónica, Bryan y María Josefa hacia las dos ancianas no se trataba de un caso aislado. En el escrito se denunciaban problemas de nutrición, servicios, asistencia e higiene. Finalmente, la Dirección General de Atención a la Dependencia y el Mayor  concluyó que la queja de los familiares no se reflejaba en la realidad del centro. Y la dirección del Grupo Los Nogales ni siquiera se pronunció al respecto. 

Ahora, medio año después, este grupo se enfrenta a un procedimiento sancionador de 600.000 euros y la directora del centro, a la inhabilitación durante un periodo de cinco años, tras comprobar que había ocultado quejas y denuncias de los familiares a la Comunidad de Madrid. 

Mónica y Josefa, las dos trabajadoras que maltrataban a ancianos en la residencia Los Nogales.

Mónica y Josefa, las dos trabajadoras que maltrataban a ancianos en la residencia Los Nogales. E.E.

Pascual Berlanga, administrador único de Los Nogales, decidió construir su primera residencia en 1975. Él se había dedicado al oficio de la enseñanza hasta entonces. Pero el anunció del Gobierno en aquel año, en el que pretendía que todas las residencias de ancianos en la ciudad fueran públicas y gratuitas, le dio la idea que con los años le convertiría en el rey de las residencias en Madrid. La idea del Ejecutivo no era posible y las residencias eran una gran oportunidad de negocio, sobre todo a largo plazo. 

"El Gobierno daba un pez y al final quitaba toca la carne, y te quedabas con la raspa", comenta Berlanga, en una entrevista que concedió en el XVIII Congreso de la Sociedad Madrileña de Geriatría y Gerontología. Así que decidió montar su propio negocio. No conocía nada del sector, de hecho, lo único que conocía del sector médico y geriátrico eran las aspirinas porque "se las había tomado de pequeño", pero de todo se aprendía.  

En Madrid, había muy pocas residencias, prácticamente ninguna. Solo la de las "hermanitas de los pobres", unas "personas admiradísimas" que se habían hecho cargo de muchos casos y habían tenido una entrega total. En esa época, se desconocían los procedimientos, pero él tenía claro que sería un gran oportunidad. "Lo que proponía el Gobierno no era rentable, había que invertir una cantidad de dinero para que el negocio tuviese un soporte económico, pudieses pagar a tu personal y crear unos remanentes", explica el gerente. 

Ese primer año, Pascual Berlanga tenía en propiedad un edificio de 7.000 metros cuadrados en la capital. No sabía qué hacer con él, pero finalmente se decidió. Construiría su primera residencia de ancianos: "Pensé que era algo que en España no existía y teníamos que promocionar; había que hacerlo de nuevas". Este pionero acertó. Después de la primera, vendría la segunda, la tercera y así hasta construir la número 11, consiguiendo que el negocio fuese cada vez más rentable. En el último ejercicio, facturó 27,7 millones de euros, un 45,8% más de beneficio que el año anterior. Aumentando, al mismo tiempo, más de un 200% su beneficio anual

Pero lo mejor no es eso, claro. Con lo que se queda este empresario es con "todas las experiencias humanas y los momentos gratificantes" que ha vivido con gran cantidad de sus ancianos -y clientes-. Lo dice con "conocimiento". En este mundo, "no hay nadie más agradecido que una persona mayor". Lo que en definitiva, hace que este empresario "se sienta satisfecho y duerma tranquilo cada noche". "Si dios me conserva la salud, seguiré luchando hasta que pueda", concluye el octogenario. 

Su compromiso con los ancianos ha sido incluso galardonado por el Ayuntamiento de Madrid. En este caso, de la mano de Samur Social. El premio, entregado por la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, a Pascual Berlanga, rendía homenaje al "excelente trabajo" que la empresa hacía con los ancianos en situación de emergencia y riesgo social y "la excelente colaboración" que existía entre ambas instituciones, al menos, hasta ese año. 

Residencia de ancianos Los Nogales, en el barrio de Hortaleza, en Madrid.

Residencia de ancianos Los Nogales, en el barrio de Hortaleza, en Madrid.

La realidad de puertas para adentro era distinta. En 2015, Francisco P. ingresó en la residencia Los Nogales a su madre. Pero, a los pocos días se cercioró de que presentaba varios hematomas, torceduras, así como hinchazones en rodillas y brazos. Cada día que la veía aumentaban. De nada servía enviar escritos al centro exigiendo una respuesta a lo que estaba ocurriendo. "Su madre estaba recibiendo muy bien trato por los trabajadores y no le causan ninguna lesión, y de haberlas era ella quien se las hacía", era la respuesta desde dirección. 

Este madrileño sabía que pasaba algo y no iba a parar hasta dar con los culpables. Después de confirmar con algunos trabajadores del centro que efectivamente se producían esas agresiones, Francisco decidió poner un teléfono móvil en la habitación de su madre, enfocado hacia la cama, según cuenta a EL ESPAÑOL, tras lo que obtuvo los vídeos en los que Mónica, Bryan y María Josefa maltrataban a su madre de la peor forma con total impunidad. 

"Te arranco el pescuezo puta"

En el examen de todas las imágenes captadas por el móvil de Francisco, se puede apreciar como Mónica, en presencia de Bryan realizaba brutales acciones durante el cambio de ropa de dos ancianas. 

Mónica le arrebata bruscamente un objeto a la anciana -la madre de Francisco, ya fallecida-, le echa la cabeza hacía abajo  hacia atrás "violentamente" mientras la está desvistiendo. La anciana se queja, mientras tanto. Y le propina dos bofetadas. 

Hematomas que presentaba la madre de Francisco a causa de las agresiones de los empleados de Los Nogales.

Hematomas que presentaba la madre de Francisco a causa de las agresiones de los empleados de Los Nogales.

Después, le quita bruscamente la dentadura postiza a una anciana y le dice: "Eh Cabrona, A ver qué te quito esto, no se muerde eh". Tras esta última maniobra y dirigiéndose hacia la otra anciana le dice: "Y tú igual como me muerdas es que te arranco la cabeza. Que estoy muy loca".

La trabajadora, poco después, va al baño y tras salir, acerca su mano a la cara de una anciana y le dice: "He meado y me he secado con la mano el chumino". "Eh, te arranco el pescuezo eh puta", le dice a la otra. Tras lo que le lanza una almohada a la anciana, que está en silla de ruedas. Y no se queda en eso, le perjura que "cogería el colchón y se lo tiraría a la cabeza". Mónica y Bryan se ríen tras ese comentario. 

A continuación siguen los insultos, les restriegan la cara a la anciana con un pañal e incluso le pinzan a la anciana la nariz. Tras salir, le dicen: "Venga a dormir que va a venir el demonio ahora". 

También se producen otros capítulos, en los que también participa María Josefa mientras Mónica asiste a las ancianas. Llamar guarra a una de las personas mayores para seguidamente decirle: "te mato". Le propina golpes cuando les está cambiando, les dice que se callen e incluso les pelliza el pecho derecho a una anciana, a la que se escucha quejarse. Cuando se van, ambas auxiliares de enfermería les comentan: "¿Sabes quién va a venir por la noche? El demonio, y te llevara al infierno del inframundo".

Juan Carlos, que tiene a su madre en la residencia, también denunciará al centro, en su caso no por un maltrato, sino por las condiciones en las que viven los ancianos y la falta de control de personal que existe en el centro, con contratos precarios y temporales, que desencadenan que los trabajadores no estén contentos con su empleo.

Además, en conversación con este diario, ha recordado algunos capítulos en los que su madre le decía que cuando paseaba en el parque que hay enfrente de la residencia, encontraba papeles en los que se decía: "En este centro se maltrata a los ancianos".  Juan Carlos siempre creyó a su madre.