El rey de la patata en España tiene nombre y apellido: el empresario vallisoletano Javier Meléndez. El marido de la expresidenta de las Cortes de Castilla y León, Silvia Clemente -ahora militante de Ciudadanos, tras perder las primarias para liderar el partido en la región-, se ha convertido en cuestión de cinco años en el mayor productor y distribuidor de esta hortaliza en el país. Lo ha hecho liderando la que era la empresa familiar, Patatas Meléndez S.L, que quedó solo en sus manos a partir del año 2017, tras cerrar un acuerdo secreto con la familia patatera. Desde entonces, sus doce clases de patatas (en su mayoría, españolas) llegan a un 20% del mercado español y su marca no ha hecho sino multiplicar su facturación. En 2017, registró 57 millones de euros

De hecho, más que su nombre, es más probable que reconozcan su apellido, pues es fácilmente reconocible en las bolsas de patatas que se venden prácticamente en la mayoría de los supermercados españoles. Este gran éxito profesional, si bien, no ha sido él único en el matrimonio castellanoleonés.

Al mismo tiempo que Meléndez ganaba presencia en el mercado de la patata, su mujer, Silvia Clemente fue escalando puestos en la política autonómica. En la que comenzó siendo consejera de Medio Ambiente en 2001 con el Partido Popular y terminó como presidenta de las Cortes de Castilla y León en 2015 hasta el pasado 21 de febrero, cuando decidió dejar su cargo y formar parte de las filas del partido naranja en la región. 

La expresidenta de las Cortes de Castilla y León, Silvia Clemente, junto a su marido, Javier Meléndez.

Meléndez controla el cien por cien de su empresa desde comienzos de 2017; es el director gerente y único accionista. Durante los tres últimos años su producción se ha duplicado hasta alcanzar las 145.000 de patatas anuales, que se elaboran en sus instalaciones, situadas en Medina del Campo (Valladolid). Las cifras del negocio hablan por sí solas, de hecho, la sociedad de Meléndez se situó entre las 70 pymes españolas que más crecieron el año pasado. 

Fue su padre, Rafael Meléndez Laguna, quien comenzó con el negocio familiar en 1992. Año en el que creo la empresa Agroinnova. Hasta entonces, la familia Meléndez, oriunda de Pedrosa del Rey (Valladolid), donde el dueño de la empresa se crió, se había dedicado exclusivamente a cultivar patata y venderla.

Inversión en I+D

Más tarde empezaron a comercializar el producto para Matutano y con la marca El Abuelo en exclusividad para El Corte Inglés, tras lo que en 1999 fundaron Patatas Meléndez para ampliar el mercado. Diecisiete años después, en los que la empresa también tuvo pérdidas económicas, Javier se quedó con toda la empresa, a la que prácticamente le ha dado la vuelta. Además de su experiencia en el sector de la mano de su padre, el esposo de Clemente también había cursado sus estudios medios en Valladolid, donde se licenció en Empresariales, lo que le ayudó, en parte, para llevar a cabo su aventura empresarial. 

Una transformación que incluso le ha valido para hacerse con la Medalla Europa al Mérito en el Trabajo, que le concedió la Asociación Europea de Economía y Competitividad en octubre de 2018. "Es el reconocimiento al trabajo de toda esta empresa familiar", dijo tras recoger el premio. La clave de su éxito, según el mismo sostiene, está en la inversión de más de cinco millones que se ha realizado en Investigación y Desarrollo para contar con las instalaciones más punteras. Entre ellas, máquinas de lavado ultrarápidas, una nave de refrigeración de 10.000 metros cuadrados -la mayor de Europa- o un sistema de visión digital para detectar fallos en la patata. 

Y además, en la reestructuración de todos los equipos de mando en la compañía, especialmente a los que mantenían relación directa con los agricultores. De este modo, se crearon acuerdos, se les asesoró, se garantizó la excelencia de sus cosechas y se negoció directamente con ellos, sin mediadores. Es decir, los agricultores volvieron a tener un papel fundamental a la que hora de que la empresa Meléndez comerciase con sus materias primas.

Patatas Meléndez.

Eso reforzó la empresa, compuesta ahora por 150 trabajadores, y sobre todo ayudó a ofrecer mejores variedades, formatos y mayor calidad en todas las patatas. Así, el rey de esta hortaliza ahora cuenta con hasta 12 clases de este producto. La patata ideal para cada necesidad, siempre pensando en el uso culinario, indican en la empresa. Entre ellas, para freír, "crujientes y sabrosas", de guarnición, para asar, la roja -que absorbe sabores, las de sabor auténtico o las cachelos, de la tierra castellanoleonesa.

No obstante, todas las patatas con las que trabajan no proceden del territorio español. Solo ocurre con tres cuartas partes de sus hortalizas (principalmente de agricultores de Castilla y León, Murcia y Andalucía), el resto proceden sobre todo de Francia. Aunque su plan estratégico con vistas a corto plazo tiene dos objetivos: llegar a producir 250.000 toneladas y conseguir que el cien por cien de las patatas sea de origen nacional. Un objetivo complicado ya que la clave del marido de Clemente es "conjugar la calidad culinaria y el atractivo visual" y hay un periodo del año en el que es difícil ofrecer una patata española porque su aspecto deteriora. Aún así la empresa está trabajando en ello realizando dobles cosechas en el sur del país para tratar de tener el producto lo más fresco posible y no tenerla tanto tiempo guardada. 

Expansión internacional 

Además, la empresa patatera también se encuentra inmersa en una expansión internacional. También exporta sus hortalizas a Portugal y a países del Este de Europa. En estos países, Meléndez vende las patatas que no se pueden sacar en España porque no tienen suficiente calidad visual, es decir, tienen una imagen más deteriorada. En cambio, las producciones más óptimas de la Región de Murcia y Andalucía se exportan a Holanda y Bélgica. Así mismo, la empresa del vallisoletano también ha visto una oportunidad de negocio en la comercialización del boniato, un producto que pronto empezaran a exportar ya que es muy consumido en el territorio europeo.  

Entre tanto, todas estas estrategias y cambios empresariales han hecho que el pasado año, la empresa facturase un total de 57 millones de euros y tuviese un beneficio de  seis millones respecto al año anterior, es decir, aproximadamente un 10% más. Si bien, unos cuantos años atrás los ejercicios económicos de la ahora empresa líder de distribución de patatas no fueron especialmente positivos. 

La 'ciudadana' Silvia Clemente.

Javier Meléndez registró medio millón de pérdidas entre 2010 y 2012, sin embargo dos años más tarde, en 2014, apuntó 2,5 millones de beneficios en plena crisis económica, al mismo tiempo que su novia desde 2008, y después esposa en 2015, Silvia Clemente, en ese margen de años, tomaba posesión como Consejera de Agricultura en la Junta de Castilla y León, con Juan Vicente Herrera al frente. 

Este incremento exponencial de su beneficio se produjo debido a que, según reveló Eldiario.es, el marido de Silvia Clemente consiguió importantes subvenciones de la Administración regional. Patatas Meléndez S.L., la empresa que acabó en manos de Javier tras sellar un pacto de confidencialidad con sus padres y hermano -que se quedó con la empresa Agroinnova- en enero de 2017 para poner fin a numerosos pleitos, recibió entre 2008 y 2018 (el tiempo en el que Clemente fue consejera hasta 2015 y luego saltó a la presidencia de Las Cortes de Castilla y León) una subvención de 3,3 millones de euros. Una cantidad que bien pudo ayudar en esos años al reflote de la empresa patatera.

Muestra de ello, además de la estrategia empresarial, es que en 2015 -último año en el que Clemente estuvo al frente de la Consejería- la sociedad tuviese 2,5 millones de euros de beneficio, que crecieron hasta los 3,1 millones el año siguiente y que en 2017 se convirtieron en seis. 

Durante esos años, Patatas Meléndez logró el sello de calidad de Tierra de Sabor, la marca que ideó su mujer Silvia Clemente, con la que comparte una hija, desde la Consejería de Agricultura  para distinguir a los alimentos de Castilla y León. La patata era uno de los productos estrella. El logotipo, un corazón amarillo que, según ha podido saber este diario, muchos agricultores definían más bien como una "patata" que Clemente había mandado diseñar en honor a su pareja.