Varias de las protagonistas de los ascensos.
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El precio invisible del éxito: las historias que sostienen los tres ascensos del deporte femenino en A Coruña
Marineda Hockey, Maristas y Victoria femenino celebraron el pasado fin de semana un triplete histórico para A Coruña. Detrás de cada ascenso hay jornadas dobles, exámenes, lesiones, renuncias y una convicción compartida: seguir adelante cuando nadie mira
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A Coruña vivió el pasado fin de semana una de esas páginas deportivas que trascienden el resultado y terminan convertidas en recuerdo colectivo. En cuestión de horas, el deporte femenino coruñés firmó un triplete difícil de imaginar hace apenas unos años: Marineda Hockey certificó su ascenso a la máxima categoría nacional, Maristas selló su salto de categoría en baloncesto con la subida a la Liga Femenina Challenge y el Victoria CF femenino culminó una temporada memorable con un ascenso a 2ª RFEF.
La ciudad celebró los abrazos, las lágrimas y las imágenes de felicidad que inundaron pabellones y campos. Pero toda celebración tiene una trastienda menos visible. Detrás de cada fotografía hay historias personales construidas en silencio, lejos del foco, donde el deporte se mezcla con trabajos a jornada completa, exámenes que esperan al regresar de un desplazamiento o lesiones que obligan a reconstruirse desde cero. Porque si algo une a estos tres ascensos es precisamente eso: ninguno llegó por casualidad.
Marineda Hockey, un ascenso construido en un año
En el caso de Marineda Hockey, el éxito tiene algo de vértigo. El club nació en junio de 2025 y, menos de un año después, estará entre la élite del hockey femenino español. La velocidad del crecimiento explica parte del mérito, pero no cuenta toda la historia.
Mar Franci en un partido.
Para entenderla hay que escuchar a jugadoras como Mar Franci, que resume con naturalidad lo que para muchas sería una exigencia casi imposible. La jugadora explica que compaginar el deporte con la vida profesional no es una excepción dentro del hockey femenino, sino la norma.
"Compaginar el deporte con el trabajo no es una tarea fácil, pero es la realidad que nos toca vivir a la mayoría de jugadoras, tanto aquí como en casi cualquier equipo de hockey femenino. Al ser un deporte minoritario y además femenino, casi todas tenemos nuestros estudios o trabajos aparte del hockey, así que el esfuerzo y la conciliación forman parte del día a día de la temporada", relata.
En su caso, la organización no es una habilidad puntual, sino una forma de vida adquirida desde niña. Mar explica que el deporte de equipo te obliga desde muy temprano a construir tu rutina alrededor del compromiso colectivo y que, con los años, ese hábito termina marcando también la vida adulta.
"Desde que empiezas de pequeña adquieres un compromiso con el equipo y con los entrenamientos. Vas creciendo, pasando por el instituto, la universidad, el trabajo… y siempre acabas adaptando tu rutina para poder compaginarlo todo. Creo que es uno de los valores más importantes que te transmite el deporte: la responsabilidad, el compromiso y la capacidad de organizarte", asegura.
"Era el principal objetivo de la temporada porque Coruña se merece un equipo en Primera División y teníamos esa meta entre ceja y ceja desde el principio"
Mar Franci, jugadora de Marineda Hockey
Fuera de la pista, trabaja con niños y niñas, una vocación que le sirve también como refugio emocional en medio del desgaste competitivo. Mar reconoce que esa conexión con su trabajo le ayuda a sostener la exigencia de cada semana.
"Tengo la gran suerte de que mi trabajo me encanta. Estar con niños y niñas es mi vocación y ver cómo crecen y aprenden a lo largo del curso es algo muy especial. Cuando te gusta de verdad lo que haces, todo se lleva mucho mejor", explica.
Cuando habla del ascenso, el discurso cambia de lo individual a lo colectivo. Lo resume como una recompensa compartida para una ciudad que, a su juicio, merecía volver a tener presencia en la élite del hockey femenino.
"Era el principal objetivo de la temporada porque Coruña se merece un equipo en Primera División y teníamos esa meta entre ceja y ceja desde el principio. Poder compartir esa alegría con las compañeras, el cuerpo técnico, la directiva y toda la gente que estuvo apoyándonos fue algo increíble", recuerda.
Alejandra Martín en un partido.
Esa misma idea la comparte Alejandra Martín, fisioterapeuta y también jugadora del equipo. En su caso, la conciliación tiene incluso una dimensión doble, ya que además de competir se encarga de cuidar físicamente al grupo. Alejandra describe jornadas laborales completas que desembocan directamente en entrenamientos nocturnos y madrugones inevitables al día siguiente.
"Trabajo una jornada completa hasta por la tarde y, como muchas del equipo trabajamos, los entrenamientos suelen ser bastante tarde para que podamos ir. Entonces entrenar tarde, acostarse tarde y luego madrugar para volver a trabajar se hace duro a veces. Además, no llegas con la energía que te gustaría, y más si tienes un trabajo físico como es el de fisioterapeuta", relata.
"De vez en cuando toca pedir algún día libre para viajar a un partido"
Alejandra Martín, jugadora del Marineda Hockey
La exigencia obliga a organizar cada detalle, hasta el punto de que a veces el calendario competitivo se cruza con las vacaciones personales. “Como el hockey es un deporte minoritario todas tenemos que compaginar con el trabajo y de vez en cuando toca pedir algún día libre para viajar a un partido”, explica.
Aun así, la recompensa ha dado sentido a cada sacrificio. Alejandra recuerda especialmente el impacto de levantar la Copa de la Princesa y certificar después el ascenso. "La temporada ha sido redonda. Ganar la Copa fue una experiencia preciosa y conseguir el objetivo a dos jornadas del final ha sido un lujo. Empezar un club desde cero y ascender a la máxima categoría en menos de un año es increíble", resume.
Fátima Ríos en un partido.
Entre esas historias también aparece la de Fátima Pino, una de las jugadoras más jóvenes de la plantilla, que ha compaginado toda la temporada con segundo de Bachillerato y ahora encara la Selectividad. La jugadora reconoce que el equilibrio entre estudios y deporte de alto nivel exige una disciplina casi quirúrgica.
"Compaginar segundo de Bachillerato con entrenamientos y partidos, incluidos desplazamientos a Madrid, Bilbao, Navarra, Asturias y Alicante, requiere mucha organización y bastante esfuerzo diario. Hay días en los que acabo muy cansada y aun así me toca ponerme a estudiar o preparar exámenes, así que intento aprovechar cualquier rato libre, aunque muchas veces igualmente me toca trasnochar", cuenta.
"Hay días en los que acabo muy cansada y aun así me toca ponerme a estudiar o preparar exámenes, así que intento aprovechar cualquier rato libre"
Fátima Ríos, jugadora del Marineda Hockey
A pesar de todo, asegura que nunca se planteó renunciar. "Durante el año hay bastantes sacrificios y te pierdes planes que te gustaría hacer, pero como disfruto del hockey y de lo que hago, creo que merece la pena", afirma.
Peque en un partido.
El Victoria, un ejemplo de conciliación
En el Victoria CF femenino, el ascenso también tiene rostro de reconstrucción personal. El de María Calvo "Peque", que regresó al fútbol después de más de un año parada por lesión. La futbolista se incorporó en octubre, con la temporada ya iniciada y con todas las dudas que acompañan siempre a un regreso largo.
"Venía de estar más de un año parada por una lesión, con todas las dudas que eso genera tanto física como mentalmente. Pero desde el primer día todo fue muchísimo más fácil de lo que imaginaba porque me acogieron súper bien, tanto las compañeras como el cuerpo técnico hicieron que me sintiera una más desde el principio", recuerda.
Su día a día tampoco deja espacio para el descanso. María trabaja y enlaza directamente con los entrenamientos, una rutina que obliga a vivir permanentemente al límite del cansancio.
"Hemos creado un grupo muy unido y eso hace que incluso en los días malos tengas ganas de ir a entrenar y compartir tiempo con ellas"
Peque, jugadora del Victoria CF
"Muchas veces salgo de trabajar y prácticamente voy directa a entrenar, llego tarde a casa, preparo cosas para el día siguiente y vuelvo a empezar. Hay días en los que físicamente y mentalmente acabas cansada porque no tienes demasiado tiempo para descansar o desconectar", explica.
Sin embargo, cree que precisamente esa dificultad refuerza el valor de lo conseguido. "Cuando algo te apasiona encuentras la manera de sacarlo adelante. Todo ese esfuerzo hace que luego valores muchísimo más momentos como el ascenso", asegura.
La conexión del vestuario fue, para ella, el gran secreto competitivo del equipo. "Hemos creado un grupo muy unido y eso hace que incluso en los días malos tengas ganas de ir a entrenar y compartir tiempo con ellas”, destaca.
Cuando recuerda el instante del ascenso, lo que más le impacta no es el resultado, sino todo lo que ese momento condensaba. "Lo que más me impactó fue pensar en todas las horas de esfuerzo, en la gente que ha estado apoyando desde fuera, en los sacrificios de cada compañera y en todo lo que hemos vivido juntas durante el año. Ver a todo el mundo emocionado y abrazándonos fue una sensación increíble", recuerda.
Nuria Rios durante un partido.
Maristas y la paciencia que termina premiando
La historia de Nuria Ríos en Maristas empieza con una lesión y termina con una celebración. La jugadora explica que el golpe llegó justo cuando intuía que estaba ante una temporada especial.
"Mi lesión fue un golpe duro por el momento en el que se dio. Fue justo al empezar la pretemporada de lo que yo sentía que iba a ser una temporada muy bonita para el equipo y personalmente para mí", recuerda.
Lo más complicado fue convivir con la sensación de no avanzar. "El tramo previo a la operación fue el más difícil porque sentía que no avanzaba y me frustraba bastante”, admite. Decidió operarse en Sevilla, rodeada de su familia, y desde ahí comenzó un proceso paciente y meticuloso.
"Para mí fue muy importante sentir que Maristas quería contar conmigo cuando estuviera recuperada"
Nuria Ríos, jugadora de Maristas Coruña
"Desde el minuto uno estuve trabajando para volver. Nunca quise acortar plazos ni hacer ninguna locura. Me rodeé de profesionales que me ayudaron a llevar el proceso con la cautela necesaria para reconstruir la confianza", explica.
Al regresar a A Coruña encontró algo decisivo: la certeza de que el club seguía esperándola. "Para mí fue muy importante sentir que Maristas quería contar conmigo cuando estuviera recuperada y que me transmitieran calma", cuenta.
Su regreso fue un triunfo íntimo; el ascenso, la culminación colectiva. "La temporada ha sido para recordarla siempre. Como equipo hemos sido un grupo muy sólido y Fer ha conseguido crear una idea de juego donde todas hemos encontrado nuestro hueco", señala.
Con el paso de las jornadas, la ambición fue creciendo hasta convertirse en certeza. "El ascenso nunca fue un objetivo marcado al principio, pero a medida que avanzaba la temporada se fue convirtiendo en una obsesión para todas. No lo exteriorizábamos mucho por no gafarlo, pero había una convicción enorme dentro del grupo", reconoce.