La tipología arquitectónica de Ciudad Jardín en A Coruña

La tipología arquitectónica de Ciudad Jardín en A Coruña

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La tipología arquitectónica de Ciudad Jardín en A Coruña

La casa situada en la calle Martín Salazar 12 es un modelo de vivienda que se responde a la tipología arquitectónica propuesta para Ciudad Jardín. Esta obra de Rodríguez-Losada, autor del proyecto de esta colonia, es una muestra de la imagen planteada para la arquitectura de este fragmento de ciudad

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La utopía es tan verdadera, a veces, como la realidad. No porque en ella se vislumbren ecos de realismo, eso simplemente alteraría su definición, sino porque desaparecería conceptualmente. Su persistencia en el imaginario creativo no responde al idealismo, sino a una constante que formula la vanguardia del futuro. El crítico de arquitectura Kenneth Frampton explica que el progreso en arquitectura se produce por crisis o por utopía, es decir, que el contexto se somete a un profundo análisis proponiendo ideas que resuelvan los problemas detectados, o bien se formula un proyecto ideal al que aspirar, una dirección. La crítica es siempre una opción para la apertura de un foro de discusión sobre el espacio habitado, pero la utopía propone una imagen renovada, un nuevo comienzo.

“Nápoles es la ciudad más misteriosa de Europa, la única ciudad del mundo antiguo que no pereció como Troya, como Nínive, como Babilonia. Es la única ciudad del mundo que no se hundió en el inmenso naufragio de la civilización antigua. Nápoles es una Pompeya que nunca fue enterrada. No es una ciudad: es un mundo.” - Curzio Malaparte, La piel

Hay ciudades que nunca desaparecen, sino que renacen de forma constante, otras consiguen construir sus utopías aunque sea de forma parcial. Y en ese momento, dejan de ser utopías y se convierten en pequeños fragmentos de irrealidad, al menos, desde la perspectiva temporal en la que se construyeron. Con el tiempo, estas áreas visionarias se consolidan creando espacios con una lógica y composición internas muy singular que es posible identificar rápidamente. Las ciudades utópicas o los fragmentos de ellas se perciben, hoy en día, como áreas urbanas insertadas en una estructura urbana más diversa.

“Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos.” - Italo Calvino

Así el mecanismo descrito por Frampton entre la utopía y la crisis, podría trasladarse siguiendo la narración de Calvino, en deseo frente a recuerdo. Y es que el deseo es capaz de abatir al recuerdo buscando salir adelante, porque como escribe Calvino: “Uno llega a un momento de la vida en que de la gente que ha conocido son más los muertos que los vivos. Y la mente se niega a aceptar otras fisonomías, otras expresiones: en todas las caras nuevas que encuentra, imprime los viejos calcos, para cada una encuentra la máscara que más se adapta.”. Las nuevas morfologías urbanas se enlazan con el tejido existente cuando este acepta e integra la nueva propuesta. A pesar de ello se sigue percibiendo como un fragmento de ciudad con una lógica interna.

Fotografía: Nuria Prieto

Fotografía: Nuria Prieto

Un debate premonitorio

En el siglo XIX la forma de la ciudad es objeto de debate, pero no se trata de un discurso al margen del resto de problemas sociales, sino que este se ve influido por el resto de las cuestiones. La dignificación de las condiciones de trabajo, las enfermedades o el crecimiento urbano derivado de las revoluciones industriales impulsan el debate y lo trasladan al ámbito de la composición urbana. Desde la planificación urbana, una de las corrientes de pensamiento deriva en la idea de “urbanizar el campo, ruralizar la ciudad” enunciada por Ildefonso Cerdá. El pensamiento utópico en torno a este concepto es desarrollado por pensadores como los socialistas utópicos como Saint-Simon, Considerant, Cabet o Fourier o socialistas científicos como Engels, Proudhon, Kropotkin, Chadwick o H. George. El concurso Gross Berlín de 1910 contribuye a abrir el discurso sobre la ‘ciudad jardín’ o el ‘suburbio jardín’ y pronto comenzaron a aparecer ejemplos de este nuevo modelo urbano como la ciudad jardín de Burgos (1923), Cartagena (1929), Málaga (1925) o Sevilla (1929). Pero, además de la organización urbana, este tipo de intervenciones llevan la utopía también al lenguaje de la arquitectura. Si la ciudad jardín se basa, en cierto modo, en la creación de tejido urbano saludable más próximo a la organización rural que los ensanches decimonónicos, también se busca que su lenguaje arquitectónico traslade esta atmósfera a la propuesta.

Fotografía: Nuria Prieto

Fotografía: Nuria Prieto

En A Coruña, la Ciudad Jardín es un proyecto de 1929 firmado por Eduardo Rodríguez-Losada que pronto comienza a urbanizarse con obras de arquitectura singulares de los profesionales más relevantes del momento como Antonio Tenreiro, Santiago Rey Pedreira o Rafael González Villar. Cada arquitecto interpreta la estética de esta nueva propuesta urbana proponiendo un lenguaje para cada obra. La mayor parte de estas obras adapta el criterio personal de cada profesional a la morfología del proyecto, es decir, proyectan viviendas unifamiliares aisladas con parcela, pero desde la perspectiva coyuntural y personal de su propia investigación profesional. Algunas obras, sin embargo, muestran un lenguaje intrínseco a la idea original de la Ciudad Jardín británica. En Reino Unido, Ebenezer Howard (1850-1928) desarrolla su ‘Garden city’ que plasmó en obras como la publicación ‘Tomorrow’ de 1898, así como Letchworth de Parker y Unwin.

Fotografía: Nuria Prieto

Fotografía: Nuria Prieto

Una tipología para Ciudad Jardín

En 1925 Eduardo Rodríguez-Losada desarrolla el proyecto para una vivienda en la calle Martínez Salazar, una obra cuya estética pertenece al concepto esencial de la Ciudad Jardín tradicional. Esta vivienda, villa Carmiña, es una obra que responde a la tipología que Rodríguez-Losada había proyectado para esta colonia. La tipología definía una vivienda con cubierta a dos aguas al estilo holandés, con aleros, y disposición en L, de tal manera que se genere una fachada principal significativa. Esta morfología de vivienda se envolvería de una estética ruralista, pero no arraigada a Coruña, sino a la arquitectura holandesa o británica, cercana a los ‘cottages’ o a la arquitectura popularmente conocida como ‘gingerbread’.

La estética de la vivienda responde a esta tipología tan singular que se inscribe en la utopía de un rural anglosajón. De hecho, el proyecto de la Ciudad Jardín coruñesa sigue el modelo de Bilbao que buscaba en aquellos momentos acercarse al modelo británico, por ello se adopta su imaginería. Sin embargo, la mayor parte de obras construidas en esta colonia no responden a esta tipología, sino que resultan más libres en su planteamiento. Así, se puede encontrar obras racionalistas, modernas, eclécticas, neogóticas o modernistas. Pero esta vivienda, sí responde a dicho modelo canónico planteado por Rodríguez-Losada.

La vivienda, de dos alturas, es un volumen compacto cuya cubierta en L dota de cierta fragmentación. Esta morfología permite significar el acceso mediante el hastial de la cubierta. Este elemento, además, vuela sobre la línea de fachada creando aleros muy pronunciados que en ocasiones se apoyan con tornapuntas. La tipología adopta la ornamentación europea mediante la imposta de elementos que buscan imitar la madera de los sistemas mixtos de cerramiento: piedra-madera típicos del norte de Europa y muy comunes en el mundo anglosajón. Además, el recercado de los huecos es variable, simulando ser piedra en los huecos de remate curvo. Todas estas ornamentaciones impostadas se realizan mediante el pintado y el relieve, un esgrafiado que busca dotar de verosimilitud a la madera. Además, se añaden líneas de cornisa y balcones ricamente adornados que completan el conjunto.

Sin embargo, el elemento más curioso, por no resultar tan común en la arquitectura rural española, es el lambrequín del hastial o ‘gingerbread gable’. Este ornamento se fundamenta en una subestructura destinada a asegurar la estabilidad de la unión del alero en la proyección sobre el hastial, pero popularmente se asocia a las casitas de muñecas. Esta decoración significa el acceso y singulariza la estética de la vivienda hasta el punto de convertirse casi en el elemento distintivo de la casa. Este tipo de elementos pueden encontrarse también en algunas otras viviendas de Ciudad Jardín como las viviendas gemelas de la calle Virrey Osorio 31, también e Rodríguez-Losada y construidas el mismo año que villa Carmiña.

Fotografía: Nuria Prieto

Fotografía: Nuria Prieto

Fotografía: Nuria Prieto

Fotografía: Nuria Prieto

Un lugar llamado utopía

La utopía, no solo es un modelo aspiracional, sino que su planteamiento idealista es capaz de construir un nuevo modelo de ciudad cuya estética genera una atmósfera singular o, incluso, exótica. La imagen de una arquitectura anglosajona que remita a la campiña inglesa o a los paisajes holandeses, belgas o alemanes, permite crear la ilusión de encontrarse no en esos paisajes, sino en una atmósfera idealizada de los mismos. Victor Hugo decía sobre sí mismo: “¿Sabe cuál es mi enfermedad? La utopía. ¿Sabe cuál es la suya? La rutina. La utopía es el porvenir que se esfuerza en nacer. La rutina es el pasado que se obstina en seguir.” Frente al pasado, el futuro se vislumbra como una utopía en la que construir ideales. Un lugar inexistente, onírico, pero productivo.

Fotografía: Nuria Prieto

Fotografía: Nuria Prieto

“Un mapa del mundo que no incluya Utopía no vale la pena ni siquiera mirarlo, porque deja fuera el único país en el que la Humanidad siempre desembarca. Y cuando la Humanidad desembarca allí, mira hacia fuera y, al ver un país mejor, zarpa. El progreso es la realización de las utopías.” Oscar Wilde

Las colonias urbanas, a veces, no son más que pequeños fragmentos de utopía que permiten pensar que el futuro de la ciudad puede ser diferente e impredecible. Quizás, esa idea de una ciudad indómita de futuro incierto, sea precisamente lo que contradictoriamente es más real, aunque la incertidumbre se acerque a la utopía.