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Tribuna Abierta

Que nos perdonen los perros, no estamos a su altura

Una reflexión de un veterinario y criador canino sobre la futura Ley de Protección y Derechos de los Animales
Pablo Gómez Veiras
Por Pablo Gómez Veiras

Estoy preocupado. Acabo de leer el borrador del anteproyecto de la futura Ley de Protección y Derechos de los Animales y me ha dejado ciertamente preocupado. 

Creo que todos los que amamos a los animales y compartimos nuestra vida con ellos, nos alegramos con cualquier avance que se produzca en materia de protección animal. Por eso me preocupa que la tenencia responsable pase por la obligación de esterilizar a nuestros compañeros de cuatro patas, como plantea la nueva legislación que la pasada semana daba a conocer el Sr. García Torres (Director General de Derechos de los Animales).

 Resulta curioso que uno de los gremios que aparentemente se estaría frotando las manos con esta esterilización masiva, el de los veterinarios, haya publicado un comunicado calificando el nuevo texto que debiera proteger los derechos de los animales como “carente de rigor científico”. Y es que no es oro todo lo que reluce, ni todo son ventajas en la esterilización de un perro. Cierto es que, con ella, algunas patologías disminuyen su incidencia y se reducen las camadas no deseadas, pero también se incrementa el riesgo de aparición de otras alteraciones físicas o de comportamiento, amén del riesgo implícito de cualquier intervención quirúrgica. No olvidemos tampoco que una castración masiva no hace sino reducir la variabilidad genética de la población, que a la larga sería muy perjudicial para la especie y sus razas. Por todo ello, cada caso ha de ser valorado individualmente por el profesional, y en ningún momento la esterilización puede ser recomendada de forma rutinaria y sistemática. Y ya en confianza, me niego a creer que ese energúmeno que deja que su perra se reproduzca sin control, de repente sea responsable y cumpla con la obligación de esterilizar a sus mascotas.

Otro de los aspectos que me ha dejado despistado es la falta de reconocimiento (al menos por ahora) de la figura del criador amateur. Vaya por delante que estoy totalmente a favor de la regulación de la cría de perros, porque sería justa y muy necesaria. La legislación actual tan sólo da opción de reconocimiento como profesional de la cría al titular de un núcleo zoológico, cuyos requisitos se asemejan más a los de una granja de cerdos que a cualquier otra cosa que el lector se pueda imaginar.  En España, buena parte de los cachorros procedentes de cría responsable nacen en casa de un criador amateur. Permítanme una comparación: El criador amateur es un artesano de la cría de perros de raza. Y como buen artesano, antepone la calidad a la cantidad. Es pasión y conocimiento. En sus manos se guarda el potencial genético fruto de siglos de cría selectiva y responsable. Sí, ese trabajo minucioso de cría selectiva es el que da lugar al Pastor Belga Malinois que detecta explosivos, al Perro de Aguas que localiza a un herido bajo los escombros tras una catástrofe o al Golden Retriever que ayuda a un niño con autismo a sonreír como nunca antes lo había hecho. No esperen que los grandes criaderos comerciales pierdan su tiempo y sus recursos en hacer una cría selectiva que busque la excelencia (en salud, carácter y morfología). Además, ese modelo de cría a pequeña escala, que a menudo se lleva a cabo en un entorno familiar, garantiza la correcta socialización del cachorro desde su nacimiento, algo fundamental para su integración en la sociedad y lograr así la reducción de las tasas de abandono.  La nueva legislación ha de dar cabida y dignificar la figura del pequeño criador ético y honesto, en lugar de tender un puente de plata a la cría masiva, que en ocasiones está detrás de las grandes inversiones económicas necesarias para obtener un núcleo zoológico, tal y como lo concibe la normativa a día de hoy.

A todo esto, aplaudo la intención que plantea el Sr. García Torres en su borrador, de armonizar los numerosos registros de identificación animal que existen en la actualidad (al menos uno por Comunidad Autónoma). El control de la identificación es innegociable si queremos reducir el abandono. Según el Informe Affinity (que estudia el abandono y la adopción de perros y gatos en España), en 2020, casi el 75 % de los perros abandonados (o extraviados) carecían de microchip. Para la obtención del pedigree de un cachorro por parte de la Real Sociedad Canina de España, asociación que reúne a la mayoría de amateurs con afijo de criador, es condición indispensable la identificación del mismo con microchip. Blanco y en botella.

Las cifras de abandono y extravío de perros son sangrantes e inaceptables, pero una sociedad culta y avanzada ha de poder combatirlas con medidas menos primitivas y rudimentarias que castrar por doquier a sus compañeros de vida. Trabajemos la sensibilización y el respeto hacia los animales desde la infancia, aseguremos la trazabilidad de cada perro con su identificación, evitemos la importación masiva de cachorros de países del Este, hagamos campañas de control de microchip e impongamos sanciones ejemplares a quienes abandonen o maltraten a un animal. Es necesario que los legisladores conozcan la realidad de la cría responsable, pues de lo contrario, se lo están poniendo en bandeja a especuladores y mafias, que ahora ven el trozo grande del pastel y se frotan las manos sin importarles lo más mínimo lo que significa el bienestar animal. Y para rematar, tampoco estaría de más que de una vez por todas se aplicase la más que prometida rebaja del IVA de los servicios veterinarios. Por una parte, los estudios apuntan que la principal causa de abandono son factores económicos y, por otra, cae de cajón que la salud pública humana está en juego si no protegemos la sanidad animal.

Pablo Gómez Veiras
Pablo Gómez Veiras
Amante de los perros desde su infancia, Pablo Gómez Veiras (A Coruña, 1985), es Licenciado en Veterinaria por la Universidad Complutense de Madrid y criador bajo su afijo Tragaldabas, reconocido por la Real Sociedad Canina de España.