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Pepa a Loba: la cocina de "toda la vida" que atrae a Monte Alto a gente de toda A Coruña

Este establecimiento de la calle San José se ha convertido en seis años en uno de los bares más queridos del barrio gracias al carisma y al arte en la cocina de Jacobo y Pepa
Jacobo García, de Pepa a Loba.
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Jacobo García, de Pepa a Loba.
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Seis años. Eso es lo que ha necesitado Pepa a Loba para convertirse en uno de los locales más queridos de Monte Alto. Y les ha sobrado tiempo. Pepa Martínez abrió junto a su hijo Jacobo García este bar de tapas y raciones. El nombre, un guiño del hijo a la madre y, también, a la bodega de albariño de Cambados.

Antes de que el coronavirus obligase a echar el cierre a toda la hostelería, Pepa a Loba era uno de esos sitios con encanto (que sigue teniendo) en los que había días que los clientes se tocaban codo con codo sin importar. Los domingos eran una fiesta sin final. Comenzaban con unos callos y se prolongaban con música en directo.

Ahora, la situación es algo diferente. "Esto es un antes y un después. La gente está cambiadísima", dice Pepa Martínez. Pese a ello, el cliente sigue siendo la piedra angular del local. "Podríamos ganar más, pero le decimos que no a mucha gente para hacer bien las cosas. Queremos que nuestros clientes estén a gusto y se sientan bien", dice Jacobo García. Ambos nos cuentan la historia de este bar y como ha cambiado la calle San José desde hace seis años.

El rincón de todo un barrio

¿Dónde empezó tu idilio con la hostelería?

Pepa: Empecé en Automóviles Sánchez, en A Grela. Había un pequeño ambigú en la parte alta y allí estaba yo. Después me fui a Mitos, otro local de hostelería. Y después me fui a la Falperra y, finalmente, a Antonio Viñas. Estos dos últimos se llamaban El café de Pepa. A mí me encanta la hostelería.

¿Y tu hijo?

Jacobo: Yo ya le echaba una mano en los últimos años de Antonio Viñas. Decidimos cambiar de aires.

P: Nosotros somos de Lugo y el primer piso en el que vivimos cuando nos mudamos a A Coruña estaba en Monte Alto, en la calle Santo Tomás. Así que nos pusimos a buscar un local por la zona. Es un barrio mágico. Tiene otra luz, otros colores. Entrar a la ciudad por Os Castros era algo más deprimente, pero según te acercabas a la Torre todo cambiaba. Se refleja el mar en Monte Alto.

¿Cómo era el local cuando os vinisteis?

P: Había comida de autor. Eran todo mesas y no había barra. Se la pusimos nosotros con el tiempo. Cambiamos todo, la verdad.

¿Cómo fueron aquellos primeros años?

J: Genial. Era la época en la que empezó a levantarse esta zona. No era tan conocida como ahora. No había ni sesión vermú de aquellas. Fue poco a poco y ahora es increíble.

P: Yo tuve una pequeña depresión. Pasar de Os Mallos a aquí. Fue como una ruptura. Lo pasé mal para adaptarme, pero ahora no me arrepiento. Estoy encantada.

¿Y la acogida de la gente?

P: Nuestros clientes son todos majísimos. Al haber estado en diferentes sitios de la ciudad, a Pepa a Loba viene gente de toda A Coruña.

J: Es lo bueno que tenemos. Además, creemos que gracias a ello, más gente viene por la zona.

"Monte Alto es un barrio mágico. Tiene otra luz, otros colores"

Pepa Martínez

Decís que antes no había apenas sesión vermú. ¿Cuáles son los momentos álgidos de la hostelería de la zona?

J: Funcionamos bastante bien toda la semana, porque tenemos pincho siempre. Además, los domingos, antes de la pandemia, teníamos actuación en directo por la tarde. Eso se notaba mucho.

P: Era un plus. La gente comía y ya enganchaba. Hasta las ocho de la tarde esto era una maravilla.

Y todo eso, siendo un local pequeño y sin terraza.

J: Bueno, ahora tenemos terraza por esta situación. Fue gracias a esta señora, que peleó día y noche para poder ponerla. Papeles a todos lados, la policía viniendo...

P: Hay que decir que la Inés [por la alcaldesa] se enrolló y se portó bien. Nos dijo que podíamos poner la terraza, y creo que fue una buena medida.

Sin embargo, antes de la pandemia llamaba mucho la atención venir aquí un domingo y ver el local abarrotado. ¿Cuál es el secreto?

P: Yo creo que los callos. La gente viene al aperitivo y ya se queda. Tenemos música los domingos, que continúa en el Eche o que hai o en el Ama, en la calle San Juan. De alguna sesión vermú salieron parejas. Es un pequeño Chaston.

J: Tenemos una clientela cómoda, de más de 30 años, que lo que busca es estar a gusto y estar como en casa. Aquí todo el mundo se conoce. Nosotros también somos de semana. El domingo es el remate, la traca final.

¿Qué atrae a la gente durante la semana?

J: Creo que el pincho. Nosotros somos de Lugo, ponemos pincho frío y pincho caliente.

Cada vez hay más sitios en A Coruña que están siguiendo esta tendencia de otras ciudades gallegas.

J: Casi no había sitios antes. Y no te hablo de una croqueta congelada o unas aceitunas. Yo te pongo empanada, tortilla, ensaladilla, caldo, lentejas, fabada... Lo que se le ocurra a mi madre.

P: Todos somos de pincho. Si no te ponen, no entra bien la caña.

¿Qué me podéis decir de la peatonalización de la calle?

J: Que la queremos cuanto antes.

P: Sí. Cuanto antes.

"De alguna sesión vermú de domingo salieron parejas. Somos un pequeño Chaston"

Pepa Martínez

Muy rotundos.

J: Es que ya me han roto hasta la terraza. Es lo lógico. No lo pedimos solo nosotros, sino que todo el mundo lo quiere.

P: Una vez tuvimos una persona infartada en el bar y tuvo que entrar la ambulancia desde la calle de la Torre. Si tenemos un incendio en la cocina, aquí no entra el coche de los bomberos. No hay zona para minusválidos, no hay garajes, no hay ORA. Aquí no hay coches de vecinos.

¿Os dijeron algo desde el Concello?

P: Que lo intentarían y que esperaban poder llevarlo a cabo en el primer semestre del próximo año.

En cuanto a vuestra cocina. ¿Qué plato es el que atrae a más clientes?

P: Mis almejas, que son riquísimas. El conejo a la pastora también. Pulpo á mariñeira, la receta de un marinero de Malpica que solo hago yo. No doy la receta, que sino me la copian. Los arroces...

J: Aquí lo que pasa es que tenemos todo fresco. No ves nada congelado. La gente nos encarga mucho. Yo destacaría también las carrilleras de mi madre. Incluso hay unos madrileños que siempre que vienen piden caldo. Aunque sea ahora, en agosto.

¿Cómo lo pasasteis durante el confinamiento?

J: Estábamos aquí [alza su mano hacia arriba] y fue un batacazo terrible. Ahora cuesta mucho, después de estar a un ritmo tan alto. Hay que ir poco a poco.

P: Yo veía mi local cerrado y me entraban ganas de llorar. Fue un hostiazo tremendo.

"Cuando volvimos a abrir, nuestros clientes nos pagaban de más. Lo que te quiere la gente y lo que te echa de menos, eso es lo que nos llena"

Jacobo García

¿Os sugiere la gente buscar un local más grande para poder tener más mesas?

P: La gente, cuando nos quejamos de la situación de la calle en la televisión, nos decía que nos buscásemos otro sitio. Además de que es difícil encontrar algo más amplio por la zona, nosotros queremos este.

J: A veces, cuando te cambias a un local más grande, pierdes esa esencia con la que naciste. Antes del COVID a la gente le gustaban los locales pequeños, les gustaba el bullicio. Tienen su encanto.

¿Qué anécdotas os pasan por la cabeza?

J: Pues mira, una muy reciente. Cuando volvimos a abrir, nuestros clientes nos pagaban de más. Si les tenías que cobrar 4 euros, te daban 10. Es una cosa que a mí me da mucha rabia, pero de la que me siento muy orgulloso y me emociono. Lo que te quiere la gente y lo que te echa de menos, eso es lo que nos llena.

P: Creo que nos hemos hecho un nombre en la zona.

Y como buenos hosteleros

¿Un vino?

J: Un blanco, el albariño Pepa a Loba, que es el nuestro. Muy rico.

P: Un Ribera del Duero, un Carmelo. Un Mencía, Crego o 18 Monasterios. Después, los gintonics que hace mi hijo son espectaculares.

¿Un plato?

P: Tengo tantas. El raxo de pluma ibérica.

¿Un local de la zona donde tomar algo?

P: Todos. Yo paro en todos.

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