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30 años del Náutico de San Vicente: "Esto empezó con una vocación muy clara por la música"

En 1992, Miguel de la Cierva se puso al frente del local familiar y actual templo para melómanos en las Rías Baixas. Tres décadas más tarde, el responsable del Náutico echa la vista atrás para hablar de los inicios y evolución de la sala
Náutico de San Vicente, O Grove.
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Náutico de San Vicente, O Grove.
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El Atlántico y la isla de Ons en el horizonte, el brillo sobre la arena de la playa da Barrosa y el sonido del mar como melodía de diario en un rincón de las Rías Baixas. En mitad de este auténtico paraíso, la fórmula del Náutico de San Vicente comenzó a germinar hace ya tres décadas de la mano de Miguel de la Cierva, actual responsable: "Esto empezó con una vocación muy clara por la música". No se trata sólo de un bar o una sala de conciertos; y ni siquiera podría definirse en su sentido más amplio ―o más bien delimitarse― como un local de eventos porque su realidad va mucho más allá del negocio. En esencia, el Náutico de San Vicente roza el sentido de lo que muchos acertarían a denominar: una filosofía de vida.

Antes de convertirse en un templo y lugar de peregrinaje para melómanos en Galicia, el Náutico de San Vicente experimentó su particular metamorfosis con cada cambio de década desde mediados de los años 70. "El proyecto nació como un intento de mi padre por hacer un Club Náutico, algo muy prematuro y que no llegó a prosperar como tal por el escaso interés que había entonces por la náutica", relata de la Cierva.

En aquella época, la familia había decidido rehabilitar una antigua fábrica de salazón del siglo XIX que durante los años 80 llegó a albergar un pequeño pub en su interior. Casi al mismo tiempo, Miguel de la Cierva empezaba a descubrir y explotar su gran pasión por la música, y sería ya en 1992 cuando terminaría de arrancar una aventura particular que en 30 años no ha tocado freno: "Empecé a hacer conciertos ya con bastante densidad desde los primeros años (...) Lo que sí que fue creciendo paulatinamente fue la repercusión cuando empezaron a venir artistas más conocidos", recuerda el responsable.

Del auge y el regreso a los orígenes

Playa da Barrosa y Náutico de San Vicente. Foto: Faceebok Náutico

Tres décadas de un proyecto de vida que terminó por convertirse en una verdadera leyenda en el ámbito musical. Entre las paredes del Náutico todavía resuenan las voces de músicos del calibre de Antonio Vega, Leiva, Coque Malla, Love of Lesbian, Miguel Ríos y una interminable lista de gentes de renombre que en algún momento quisieron probar la fórmula e incluso repetirla. "Son artistas que hacen grandes recintos y este sitio se ha convertido en ese pequeño club, en un entorno idílico donde vienen los grandes", explica de la Cierva. 

Pero quizás, y así lo recalca también su dueño, lo más bonito del Náutico no es que se haya convertido en la casa de estos grandes artistas, sino que grupos y cantantes emergentes también tienen la oportunidad de hacer suyo el escenario con un público volcado en cada nota y melodía emitida, sobre todo tras la reformulación de concepto en el verano de 2020 cuando incorporaron los conciertos de cartel oculto a la programación. "Aquí tienen la oportunidad de tocar en las mismas condiciones que los grandes", asegura Miguel. "Digamos que es mi manera de devolverle a la música lo que la música ha hecho por mí, que me ha permitido vivir de este proyecto". 

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La programación a ciegas tuvo una muy buena aceptación durante las temporadas estivales de la pandemia, si bien de la Cierva reconoce que "este año ha sido la verdadera cuesta" para mantener el patrón. "Con el cartel oculto y los conciertos sorpresa se mantiene bastante controlada la afluencia", afirma el propietario. "Estoy asumiendo lo maravilloso que es que haya un depósito de confianza en la programación del local y que la gente venga sin saber quién toca, pero teniendo la certeza de que van a ver algo que valga la pena", agrega. De hecho, esta es una de las razones por las que el responsable del Náutico ha decido premiar la fidelidad de los compradores más habituales con el acceso a una serie de eventos enfocados a un reducido número de asistentes y que ya se han puesto en marcha en la residencia de artistas. 

Más allá de estas citas especiales con la música, la programación del Náútico de San Vicente todavía tiene mucho que ofrecer. Tal y como adelanta su responsable, este año el local contará con la presencia de artistas de la talla de Miguel Ríos, Santiago Userón, Eliades Ochoa, Iván Ferreiro, Depredo, Mikel Erentxun, Los Secretos, Xoel López o Love of Lesbian, entre otros. Hasta finales de agosto, en los carteles seguirán figurando las horas y no los artistas, pero a partir de septiembre la programación retoma el anuncio de músicos en su afán por desestacionalizar el entorno de San Vicente do Mar.

El arte que brota desde el Náutico

Hace dos años, el Náutico de San Vicente se aventuraba con su propia residencia artística, con unas instalaciones que disponían de todo lo necesario para que los músicos pudiesen componer, formarse, producir o incluso grabar. "El estudio es un apéndice que tiene el Náutico para que ocurran cosas interesantes (...) y la residencia de artistas digamos que es la segunda planta del Náutico, lo que pasa que en vez de estar encima del local está a dos kilómetros, lo cual la hace más atractiva", explica de la Cierva. En su conjunto, el actual proyecto del Náutico se compone de dos salas de conciertos (interior y exterior), un estudio de grabación y una residencia artística "apta para encuentros de creación, talleres de formación y todo tipo de actividades para la música más allá de la exhibición".

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Asimismo, desde hace un par de años, Miguel de la Cierva colabora con la Fundación Paideia ―un espacio abierto con una vocación interdisciplinar y pluridimensional que abarca formación, intervención e investigación― en el ámbito de la industria musical y la ayuda a artistas emergentes a la hora de profesionalizar sus proyectos. "Estamos haciendo el local más útil para la música en todos los ámbitos, no solo como garito de conciertos", sentencia el propietario. En esta línea, en el mes de noviembre el Náutico tiene proyectada una residencia artística para artistas plásticos, para que el espacio sirva también como lugar de trabajo y convivencia sin importar el arte o la disciplina

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