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Fundiciones Franco, una fábrica histórica a los pies de la Catedral de Santiago

Esta fábrica situada en el Carme de Abaixo, a escasos 500 metros de la Catedral de Santiago de Compostela, mantuvo su actividad hasta 1988
Fundiciones Franco, en el Carme de Abaixo de Santiago de Compostela.
Arquivo de Galicia
Fundiciones Franco, en el Carme de Abaixo de Santiago de Compostela.

La industria nunca ha tenido en Santiago de Compostela el mismo peso que en otras ciudades como Ferrol, Vigo o A Coruña. Sin embargo, a lo largo del siglo XX hubo un barrio que destacó por encima de otros, acogiendo la mayor parte de las curtidurías de la capital gallega e incluso unas fundiciones: el Barrio do Carme.

Así, además de las curtidurías que aprovechaban la corriente del Sarela a su paso por la zona, en 1926 inició su actividad Fundiciones Franco, una fábrica situada a poco más de 500 metros de la Catedral de Santiago que antes de su cierre en 1988 llegaría a tener un centenar de empleados.

Origen

La historia de Fundiciones Franco se debe en buena medida a Antonio Alemparte, un hombre natural de Cervo (Lugo) que, tras aprender el oficio en la fábrica de fundición y loza de Sargadelos, en los años 50 del siglo XIX se desplazó a Carril para trabajar en la Compañía de Fundición de Hierro.

Fundiciones Franco en 1975 (Arquivo de Galicia).

En 1868 creó junto a su cuñado una empresa dedicada a la fabricación de ollas, filloeiras y sartenes. No sería hasta siete años después, en 1975, cuando fundaría en Carril Fundiciones Alemparte, tras haber estado trabajando en Pontevedra y Vigo.

En esta fundición, que alcanzó un acuerdo con la cercana Fundación San Jaime para fabricar bajo la popular marca Potes Carril, empezaría como aprendiz el fundador de Fundiciones Franco, Juan Franco García, natural del municipio pontevedrés.

Franco trabajaría posteriormente en la fundición La Vasco Navarra, en Bilbao, para después estudiar Náutica en Ferrol y navegar durante años. En 1926 compraría una finca en el Carme de Abaixo, en Santiago, donde se ubicaría Fundiciones Franco.

Así, en un total de 520 metros cuadrados habría cabida para un taller mecánico y una fundición en la que se trabajaría tanto hierro como bronce y aluminio.

Fundiciones Franco en 1975 (Arquivo de Galicia).

Ocho años después de la apertura, en abril de 1934, una huelga de sus empleados en Santiago llevó a Franco a alquilar la Fundación San Jaime, en Carril, para mantener la producción. Volvería dos años más tarde, en marzo de 1936, mientras que su hermano, Francisco Franco García, compraría la fábrica de Carril.

Fundiciones Franco, que en 1935 contaba con 23 empleados, vio su plantilla reducida hasta los ocho en la posguerra. En este contexto, Franco apostaría en 1941 por ampliar y modernizar las instalaciones, que pasarían de los 520 metros cuadrados originales a 1.191.

En 1947 la plantilla se recuperaría para pasar a contar con un total de 25 empleados y, de la mano del hijo del propietario, José Franco, quien había estudiado metalurgia en Reino Unido, llegó la tecnificación total de la fundición, que alcanzaría su máximo esplendor en las décadas posteriores, llegando a contar con hasta 98 trabajadores.

Durante los años 60 y 70 trabajaría fabricando herramientas, piezas y estructuras para empresas tales como Astano, Ibercisa, Alugasa, Genosa, Mensa, Tafisa, Tune Eureka, Motores Ayón, Fenosa, Finsa, Ferretería Villaverde o Minas de Silleda.

El final

El principio del fin de Fundiciones Franco en Santiago llegaría en 1969, con la adquisición de la quebrada Fundición Sanjurjo en Vigo, en cuyos terrenos instaló una nueva factoría: Fumensa.

Así, en 1975 Franco empezó a buscarle una salida a los terrenos, intentando recalificarlos para darle un nuevo uso. No fue posible, pero en los años posteriores fue reduciendo su actividad hasta 1988, cuando contaba con 52 empleados y cerró sus puertas.

El plano de Fundiciones Franco en 1975 (Arquivo de Galicia).

Tras años sin recibir ningún uso, en 2000 su destino cambió para siempre: el Concello de Santiago aprobó la calificación de los terrenos como Suelo Urbanizable No Programado número 10 (SUNP-10), donde se construyeron un total de 52 viviendas.

Así, lo que antaño fue una fundición de éxito pasó a convertirse en un espacio residencial de 13.000 metros cuadrados, con una mitad de viviendas adosadas y otra mitad de viviendas colectivas. A día de hoy no queda rastro de Fundiciones Franco.

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