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Fantasmas entre edificios de A Coruña: El Banco Pastor, la Fundación Barrié y Abanca

¿Cuentos de fantasmas bajo el edificio del Banco Pastor? Un poco más de la historia de tres edificios emblemáticos de la ciudad herculina
06:00 · 18/12/2019
El Banco Pastor, la Fundación Barrié y la Fundación Abanca (José Luis Cernadas Iglesias)

Un buen día el edificio del Banco Pastor en el Cantón comenzó a “quejarse” tras muchas décadas de silencio. Unos cuantos años antes, a su lado se había levantado el edificio de la Fundación Barrié, con posterioridad el edificio de la Fundación Abanca buscaba su lugar adyacente a los dos anteriores. Y entonces se escucharon unos extraños ruidos de… ¿fantasmas?

El sonido de la arquitectura

Un proverbio alemán dice "los ojos se fían de ellos mismos, las orejas se fían de los demás". El sonido es capaz de producir sensaciones que moldean nuestras emociones al instante. La acústica como disciplina científica se diluye en los márgenes de la sensibilidad hasta ser capaz de explicar un sentimiento abstracto, como la sensación de escuchar atentamente una fuga al piano. Por eso es fácil sentir como un sonido grave abraza y produce una vibración casi simbiótica y muy profunda del cuerpo, mientras que los agudos son casi flechas ágiles que esquivar para no sentir una penetración limpia e instantánea. A través de esta definición tan simplificada la combinación de sonidos de la manera adecuada puede llegar a producir un sentimiento desbordante. Pero el sonido no es un narrador fiable, puede ser sencillamente una herramienta de sugestión que manipula al receptor de manera certera con algún fin premeditado o no.

A veces la arquitectura tiene sonido. No sólo es el contenedor con mayor o menor fortuna de sonidos en forma de música, sino que a veces... canta, habla, e incluso grita. Y al igual que a través de las múltiples herramientas que esta disciplina hospeda, el sonido, como la luz y la proporción busca provocar una experiencia espacial en el usuario. Aunque algunas veces ésta es accidental.

Los teatros siempre están habitados por fantasmas

Como si de la película “A Ghost Story” de David Lowery1 se tratase, en muchos edificios hay una extraña percepción de compañía. Alguien parece caminar, observar y acompañar al visitante, una sensación que aumenta con la capacidad de sugestión. Al igual que un piano que suena al fondo de un salón, la atracción se produce de manera inefable. La arquitectura provoca al visitante de forma premeditada o quizás accidental.

Muchos edificios se dice, son habitados por fantasmas, sobre todo los teatros. No sólo la Ópera de París es célebre por sus laberínticos sótanos que son vivienda de un monstruo o un “ángel de la música”, sino que también Drury Lane (el teatro más antiguo de Londres) tiene a su “hombre de gris” que con puntualidad británica sólo se aparece a las diez y cuarto y se sienta en la cuarta fila. Son también populares las historias del Teatro Lara (Madrid), del Teatro Zorrila (Valladolid) o el Palace Theatre (Broadway, Nueva York) en el que Judy Garland atormenta a los actores, quizás cantando incesantemente “we're off to see the wizard2. Resulta curioso sin embargo la predilección de estos espectros para habitar en los sótanos de los edificios, y nunca entre bambalinas. 

Uno de los casos más recientes de estas “apariciones” dignas de llamar a los Cazafantasmas es el del Teatro de la Plaza del Rossio de Lisboa (conocido de manera oficial como Teatro Nacional Doña María II). El espectro se aparecía cada seis horas, gimiendo y gritando molesto. Pero para entender los sentimientos de este fantasma es necesario caminar unos años atrás en el tiempo.

Grabado del antiguo Palacio dos Estaús

El teatro fue construido en el área norte de la plaza del Rossio, donde se encontraba el antiguo Palacio dos Estaús, un edificio destinado al alojamiento de representantes y nobles extranjeros que visitaban la ciudad, entonces, 1450, un puerto fundamental de la estructura de comunicaciones europea con los territorios de ultramar. El edificio consiguió resistir el traumático terremoto de Lisboa (1755) pero fue devastado por un incendio en 1836. Fue el poeta y dramaturgo romántico Almeida Garrett quien propuso de manera tenaz la construcción de un teatro moderno en el lugar donde se encontraba el palacio. Esta idea fue una realidad, cuando entre 1842 y 1846 el arquitecto italiano Fortunato Lodi proyecta y construye en estilo neoclásico el nuevo templo del drama y la música.

Todo parecía armónico y maravilloso, una nueva vida para un lugar notable de la ciudad, la popular plaza del Rossio (de nombre oficial Plaza de Pedro IV) con su nueva y deslumbrante arquitectura de estilo pombalino que había sido escenario de juicios, autos de la inquisición, festivales y desfiles militares. Pero a mediados del siglo XIX, el ayuntamiento toma la decisión de re-pavimentar con adoquín blanco y negro la plaza. Esta actividad tan meticulosa, era entonces llevada a cabo por presos dirigidos por encargados expertos en construcción que los instruían en la colocación de las piezas y el uso de las plantillas para crear los dibujos.

Plaza del Rossio, en Lisboa

Fueron estos los que, asustados, denunciaron la presencia de fantasmas en el teatro, ya que se escuchaban gemidos y sonidos extraños que provenían de los sótanos de esta construcción. Pero no sólo los presos los escuchaban, y no es una escena decimonónica propia de romanticismo gótico, sino que dicen que hoy en día los fantasmas siguen allí. El edificio gime, grita o quizás sus “extraños” moradores.

“Un fantasma no puede existir, y no creo que las leyes de la naturaleza admitan excepciones en favor de la aristocracia inglesa”

Oscar Wilde

Esto mismo le sucede en A Coruña al edificio del Banco Pastor, y es que estos edificios antiguos algo tienen en su sótano que a veces, unos años después de que se transforme su entorno empiezan a quejarse. Pero no son historias de fantasmas, aquí se termina el cuento. ¿Quiénes son esos fantasmas?

El edificio del Banco Pastor. Un icono de la arquitectura y la construcción en Coruña

La historia de la construcción del Banco Pastor, es la de muchos edificios que nacen con la vocación de transformar la ciudad. Su posición frente al puerto, es un lugar fantástico que Ricardo Rodríguez Pastor y Pedro Barrié deciden adquirir en 1918 para construir la sede de su banco. Proyectado en un momento de cambios en el planeamiento, la construcción de este edificio es posible con las características que lo conocemos. Éste fue diseñado por Antonio Tenreiro, Peregrín Estellés y Emilio Moya, en un estilo que referencia directamente a la vanguardista escuela de Chicago en cuanto a su lenguaje arquitectónico.

El rascacielos Banco Pastor en A Coruña de 1925

El edificio fue inaugurado en 1925, y se convirtió, con sus 40 metros, en el más alto de España hasta 1928. Pero a los “fantasmas” el estilo, la altura y su carácter icónico no les importa demasiado, a ellos les preocupa la construcción y el lugar. El edificio del Banco Pastor se asienta sobre un terreno que antes, siglos atrás, era mar. El sustrato no es otro que arena, al igual que la playa. El edificio proyectado de 1000 metros cuadrados con 40 metros de altura presenta una estructura de hormigón armado de muros de carga (en aquellos momentos aún no existía la liberación de la planta respecto de la fachada que propondría el Movimiento Moderno unos años después).

Antigua foto de A Coruña en la que vemos un Banco Pastor sin su característico letrero, y en cambio con publicidad de bebidas alcohólicas

El peso del edificio es por tanto muy elevado, y el terreno presenta una capacidad resistente muy baja, lo que podría suceder en este caso es que éste, al igual que un barco varado sea devorado paulatinamente por la arena del mar, puesto que se produciría una concentración de carga tal que lo hundiría. Frente a esta condición existen varias soluciones técnicas, la mayoría de las cuales buscan una reducción de concentración de carga, que de manera simplificada se pueden resumir en: 

  • Pilotes, es decir pequeños palillos que se clavan sobre la arena aprovechando el rozamiento de su fuste (gracias a la granulometría de la arena y la compacidad derivada de la humedad del terreno) para sostener un equilibrio estable a través de la disposición de un gran número de estos pilotes, provocando así la reducción de la presión sobre el terreno y un mayor reparto de carga por superficie.
  • Losa permeable, es decir una losa inferior que cierra el edificio, pero que de alguna manera flota en el interior del edificio con respecto a los muros que la encierran de una manera controlada. El contacto entre losa y muros es un punto delicado, por el que eventualmente penetrará agua derivada del exceso de la presión que el terreno (arena con agua) ejerce de manera directa contra el cerramiento del edificio. Esta infiltración es asumida, y eliminada cuando sucede.
  • Losa impermeable, es decir, crear un casco de un barco que flota sobre el terreno. La estabilidad frente al vuelco previsible se consigue a través de la profundidad de esta cimentación sirviéndose nuevamente de la granulometría y la compacidad de la arena húmeda. La presión frente al posible hundimiento es soportada por la distribución de cargas sobre la losa, que se dimensionará de acuerdo con la capacidad portante admisible del mismo.
Nuria Prieto

Las dos últimas técnicas son más modernas, y se derivan de la investigación de las características constructivas del hormigón como material de cimentación. Así pues, el edificio del Banco Pastor presenta una cimentación de pilotes de madera al igual que el Teatro de la plaza del Rossio de Lisboa. Los pilotes de madera son una solución muy buena técnicamente para resolver una cimentación en un terreno como el del barrio de la Pescadería de Coruña, siempre y cuando la madera se mantenga en condiciones invariables de humedad, su capacidad resistente se mantiene inalterada, y el material no se ve deteriorado con el paso del tiempo.

El edificio de la Fundación Barrié diseñado por Gerardo Salvador Molezún, Rafael Olalquiaga y Ramón Vázquez Molezún entre 1978 y 1995, presenta una cimentación de losa permeable, es decir, que drena puntualmente agua. La construcción de éste no supuso una alteración para la estabilidad del edificio del Banco Pastor, puesto que la permeabilidad de la cimentación permitía el paso de las corrientes de agua de mar que aún afectan a las transformaciones de humedad del terreno. El edificio de la Fundación Abanca, diseñado por Nicholas Grimshaw entre 2000 y 2006 presenta una cimentación tecnológicamente muy avanzada, se trata de una losa impermeable que permite al edificio, de mayor profundidad bajo rasante que sus vecinos, flotar sobre la arena. Ésta fue construida tras desmontar unas ruinas romanas preexistentes que se habían conservado en perfecto estado hasta ese momento.

La extraña vista de unos Cantones sin el edificio del Banco Pastor

Fue apenas unos meses después de la finalización de este último vecino en la alineación que el edificio del Banco Pastor comenzó a “quejarse” y sus fantasmas a hacer acto de presencia. Como si de un abuelo cascarrabias se tratase, éste parecía quejarse de sus compañeros más jóvenes. La explicación de este fenómeno tiene lugar, de nuevo, en el sótano, allí donde habitan los fantasmas. Los pilotes de madera se mantuvieron en un estado de humedad estable durante años, debido a que por debajo de la línea de superficie, las corrientes marinas se veían inalteradas. La construcción del edificio de la Fundación Barrié no alteró esta circunstancia ya que su sótano es permeable y, a pesar de emplazar un volumen de grandes dimensiones y profundidad adyacente, éste no produjo cambios.

Fue con la construcción del sótano impermeable del edificio de la fundación Abanca el que, con su volumen y su profundidad sumados a la impenetrabilidad del agua, lo constituyeron en un tajamares que alteraba la corriente subterránea. Esta circunstancia, imprevisible y sostenida en la observación de fenómenos que pueden ser cambiantes, desvió la corriente provocando que los pilotes que conforman la cimentación de el edificio del Banco Pastor vean escasear el agua. Debido a los cambios de humedad la madera cruje, de forma fuerte e inesperada, y en este caso al ser un gran número de pilotes, el conjunto emite una sinfonía aterradora. Circunstancia que el edificio del banco Pastor comparte con el teatro del Rossio (que perdía el agua de su cimentación por efecto de la obra de la plaza que alteraba las mareas cada seis horas) y con tantas otras construcciones alrededor del mundo. Esta particularidad se ha solventado recientemente mediante una solución de drenaje simple que garantiza el correcto funcionamiento de las cimentaciones de los tres edificios del frente coruñés y su convivencia en “armonía técnica”.

Foto: Contando Estrelas

Cuentos de fantasmas

Y es que así son los fantasmas que habitan los edificios. Quizás sigan ahí, pero con su enfado aplacado a través de una mundana solución técnica. El arte siempre tiene estos misterios que lo envuelven, y la arquitectura a través de todas sus herramientas, la capacidad de provocarnos sensaciones intensas, incluso miedo. 

"No existe, realmente, el Arte. Tan sólo hay artistas. Éstos eran en otros tiempos hombres que cogían tierra coloreada y dibujaban toscamente las formas de un bisonte sobre las paredes de una cueva; hoy, compran sus colores y trazan carteles para las estaciones del metro. No hay ningún mal en llamar arte a todas estas actividades, mientras tengamos en cuenta que tal palabra puede significar muchas cosas distintas, en épocas y lugares diversos, y mientras advirtamos que el arte, escrita con A mayúscula, no existe, pues el Arte con a mayúscula tiene por esencia ser un fantasma y un ídolo." E.H. Gombrich

El emblemático edificio del Banco Pastor en A Coruña (Turismo de Galicia)

Nuria Prieto es Doctora en Arquitectura

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