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Esta fruta es la bomba: la granada, tu acompañamiento ideal en la cocina

Conoce la historia, las curiosidades y las múltiples propiedades que rodean a la granada, un súper alimento antioxidante que se encuentra de temporada
Fuente:eladerezo.com
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Quizás sea por su icónica forma, por su limitado período de temporada (septiembre – noviembre) o su versatilidad para estar en casi cualquier plato que se le eche encima, pero la granada es un éxito de ventas nada más empezar el otoño. Como estamos en el momento idóneo para consumir esta fruta tan “explosiva”, es de recibo empezar por su principio: ¿de dónde viene la granada?

Todos los indicios nos señalan que la granada tiene su origen en la extensa área que va de la región de Irán hasta la cordillera del Himalaya en la India. Sin embargo, su “casa” adoptiva siempre ha sido el Mediterráneo, donde su cultivo fue introducido ya en la Antigüedad. Su expansión llega al Norte de África, Asia occidental y hay documentos que confirman su plantación en los jardines colgantes de Babilonia o inscripciones que confirman su presencia en la cultura egipcia y griega. Esta fruta ya ha visto más mundo que un servidor.

Las pepitas de la Granada han supuesto un símbolo de fertilidad y fortuna para muchas culturas

En Mesopotamia se le asociaba un carácter de invencibilidad y no eran pocos los guerreros que la consumían antes de darse de tortazos. En Egipto era una habitual en los enterramientos (como símbolo de la prosperidad en la otra vida) y en la Antigua Grecia se creía que había sido la propia Afrodita quien plantó por primera vez el granado (el árbol que da este curioso fruto).

Además de saber varios idiomas, la granada ha arraigado en muchas culturas hasta hoy, especialmente en el imaginario judío y cristiano, donde su misticismo y su simbolismo es muy reconocido. En el caso de los judíos la fruta tiene relación con el Rosh Hashaná (el año nuevo judío) y está relacionado con la fecundidad (algo que se repite en muchas otras culturas). Además, según la religión judía esta fruta contiene 613 semillas, haciendo referencia a los 613 preceptos bíblicos de la Torá. Aunque la cantidad en realidad varía dependiendo de la fruta, sí que suele rondar este número de semillas. En la religión cristiana también se le asocia la fecundidad e incluso el sufrimiento (fructífero) debido a su llamativo color rojo. De hecho, esta fruta tan viajada es una habitual en cuadros de Boticelli o Da Vinci. Ahí es nada.

La “Virgen de la granada” de Boticelli muestra la importancia iconográfica de la fruta, que respondía como símbolo de plenitud y fecundidad. Se encuentra en la Galería de los Ufizzi en Florencia (Wikipedia)

Por supuesto, la granada no es solo una fruta mística y elegante, si no que su éxito reciente se debe a que se trata de una “bomba” (disculpas por cualquier juego de palabras futuro) de antioxidantes, y sus taninos han confirmados ser un potente anticancerígeno. Lucha contra el envejecimiento, enfermedades degenerativas, es digestiva y ayuda a depurar el hígado y los riñones durante un consumo habitual. Además, ayuda al sistema circulatorio y el sistema inmunitario. Tampoco es una cuestión de alimentarse solo de granadas, pero está claro que hay que aprovechar cuando este valioso alimento está de temporada.

Un superalimento (palabra que ganó mucha popularidad hace unos años) que además tiene un sabor único, un balance entre lo dulce y lo ácido, provocado por sus componentes fitoquímicos, su fuerte concentrado de vitaminas C y E y su contenido rico en minerales (calcio, zinc y magnesio, entre otros).

La granada lleva tiempo con nosotros (unos 5.000 años) y además parece que es un alimento muy saludable, así que solo nos queda saber cómo comerla. Y este es uno de esos trucos de la abuela, porque cada uno tiene el suyo. El más extendido es también uno de los más simples: cortar por la mitad la fruta, estrujar un poco para que vayan cayendo las primeras pepitas y luego golpear suavemente la piel con una cuchara u otro utensilio que tengamos a mano (tranquilos, esta granada no explota). Eso sí, hay que hacerlo con tino para que caigan dentro del bol que previamente habremos colocado debajo, y con cuidado de no manchar nada con su llamativo jugo rojo. 

Si somos un poquito más frikis en esto de la cocina, seguro que tenemos en algún cajón un desgranador, un utensilio específico para quitar las ricas semillas del fruto, aunque el proceso no se aleja demasiado de la versión clásica, consistente en cortar y golpear. Otra forma es utilizar una cucharilla para ir quitando por dentro las semillas, pero siguiendo este método resulta casi imposible salir indemne de los jugos y las manchas provocadas por la fruta. Ojo, que un proceso que igual puede resultar interesante es la de utilizar agua. Al sumergir la fruta cortada en gajos en un bol con agua, podemos ir separando con las propias manos las pepitas de las molestas membranas, ya que las primeras se hundirán mientras que las segundas flotarán en la superficie. Pepitas limpias y listas para comer. Fácil, ¿eh? Y ojo, si queremos podemos guardarlas en un recipiente apto para nevera, donde aguantarán el tipo durante unas tres semanas.

La granada combina muy bien con la untuosidad de un yogur griego y el crujiente del muesli (unileverfoodsolutions.es)

Lo mejor de la granada es que además es bastante fácil de incluir en cualquier plato. Desde las primeras horas del día con un desayuno de yogur natural y muesli (o avena); hasta en una comida o cena donde tengamos una ensalada ligera, a base de brotes como la rúcula. Pero también podemos ir a lo clásico: una rica macedonia con alguna fruta cítrica como la naranja o la mandarina harán que el sabor de la granada se potencie; o podemos aprovechar los últimos rayos de sol del otoño para hacer un refrescante helado o granizado de granada. Las opciones son infinitas, y sus propiedades también. ¿Quién se puede negar a una explosión tan saludable?

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