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Edificio Gómez de la Puente, racionalismo en la mitología arquitectónica de A Coruña

El Edificio Gómez de la Puente es obra del arquitecto Antonio Vicéns Moltó. Una pieza racionalista que pasa desapercibida en el tejido del ensanche coruñés
Edificio Gómez de la Puente, en la esquina de Fernando Macías con la Avenida Calvo Sotelo de A Coruña
Foto: Nuria Prieto
Edificio Gómez de la Puente, en la esquina de Fernando Macías con la Avenida Calvo Sotelo de A Coruña
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Hay detalles biográficos que, aunque de manera inadvertida, nunca se olvidan. La caricia amable de la abuela, el tacto de la mano de un abuelo, la mirada de orgullo de una madre y un padre, la sonrisa de un hermano…son pequeños instantes que en el momento en el cual suceden apenas parecen percibirse con valor, especialmente en la infancia. Con el paso del tiempo, esos instantes que se quedaron detenidos en algún punto de la memoria adquieren un valor nostálgico. A veces de una forma tan intensa, que se convierten en pequeños tesoros inmateriales que definen la propia identidad y el patrimonio biográfico. En esa colección de momentos hay otros que, sin embargo, supusieron un pequeño trauma cuando sucedieron, como el día que fruto de un balón de trayectoria un tanto descompensada la situación terminó con algún jarrón o cristal roto y unas cuantas lágrimas. Pero nuevamente el paso del tiempo lo reviste de nostalgia, y lo que fue tristeza se transforma en una mirada constructiva de la propia vida. 

La ciudad, al igual que la biografía humana, recrea instantes inadvertidos que con el paso del tiempo se convierten en elementos identitarios cuya transformación o destrucción serían vistos como un agravio y pérdida de significado urbano. La mitología de la ciudad subyace quizás, en la superposición saturada de fragmentos de tejido congelados en el tiempo, junto con elementos simbólicos o identitarios y volúmenes monumentales.

Foto: Nuria Prieto

“Desde que estaba en Los Ángeles, oía sin parar historias así. Conseguirlo: eso podía llevar toda una vida. Uno podía no llegar a conseguirlo nunca y ocasionalmente podía producirse de la noche a la mañana. Historias de esta última categoría formaban parte de la mitología de la ciudad. Eran parte del ambiente, a veces literalmente.” R. Rayner, ‘En Los Ángeles sin un plano’

La mitología urbana es complicada, ya que su composición heterogénea constituye una amplia y desordenada sucesión de capas de carácter diferente con vocación económica, cultural, social, funcional o emocional. La ciudad, a través de su arquitectura define un escenario que refleja esa mitología de una manera reconocible. Y que como las instantáneas infantiles que con el tiempo adquieren el valor de la nostalgia, la ciudad dota de significado y emoción a algunas pequeñas piezas que pasaron desapercibidas. 

Un tejido urbano con un lenguaje racionalista

En el tejido urbano coruñés hay muchas pequeñas piezas, habitualmente edificios de viviendas, de gran valor arquitectónico que conforman un escenario neutro, pero de gran calidad. Las diferentes etapas históricas que atraviesa la ciudad crean atmósferas propias dentro de un conjunto urbano mayor. Un único edificio no sería capaz de formar esa percepción global en un sector urbano, es la suma ordenada o desordenada de pequeños volúmenes la que dota de estructura al tejido residencial. 

En A Coruña, como en tantas otras ciudades occidentales, los estilos arquitectónicos reflejan el lenguaje y el pensamiento de la época. Desde el barroco al neoclasicismo, o del racionalismo al movimiento moderno, la exuberancia urbana de la ciudad permite reconocer a cada paso un nuevo estímulo, un fragmento de pensamiento que traduce la emoción de un tiempo.

Foto: Nuria Prieto

El racionalismo coruñés que siguió al florido modernismo se convirtió en la estética silenciosa, neutra y económicamente sostenible de la España de los treinta y cuarenta en la que los recursos, debido al golpe de estado y la consecuente guerra, comenzaron a escasear. La arquitectura se adaptó, dejando al margen el ornamento exagerado, sin renunciar a una estética cuidada y honesta. El racionalismo coruñés, tiene varios nombres propios en términos arquitectónicos. Uno de ellos es Antonio Vicéns Moltó, quien fue arquitecto municipal de Ponferrada aunque originario de Alcoy. Años después tras su ascenso militar vinculado al final de la guerra (En el BOE de 22 de Febrero de 1937 fue ascendido de soldado voluntario a Alférez honorario del Arma de ingenieros) será arquitecto municipal de A Coruña, en sustitución de Antonio Tenreiro (que fue inhabilitado por las autoridades franquistas) y de Rafael González Villar (que enfermó y falleció repentinamente). Este cambio profesional le sirvió para catalizar su carrera y desarrollar proyectos de carácter racionalista en la ciudad como el Edificio Vázquez (en la calle Juan Flórez) o el Edificio Gómez de la Puente (en la avenida Calvo Sotelo). 

El edificio Gómez de la Puente

El edificio Gómez de la Puente situado en la esquina de la avenida Calvo Sotelo con la calle Fernando Macías es una pieza fundamental del racionalismo coruñés que, además pertenece a una tipología específica. La cuestión de la esquina parece un aspecto irrelevante en términos urbanísticos, ya que supone únicamente el encuentro entre dos planos de fachada. Pero la llegada de las teorías higienistas a finales del siglo XIX y principios del XX crean una modificación en la sección de la calle para permitir que las viviendas se beneficien de una mejor iluminación natural y una ventilación correcta, al tiempo que comienzan a considerar el espacio público como un bien común y necesario que incorpore vegetación.

Foto: Nuria Prieto

El Plan Cerdá del ensanche barcelonés se convierte en un modelo internacional, desarrollado por Ildefonso Cerdá el plan proponía una cuadrícula continua compuesta por manzanas de 113,30m de lado con calles de ancho variable según una jerarquía de 20, 30 o 60 metros. La altura máxima de la construcción sería de 16 metros. Las características de este ensanche no sorprenderían demasiado en comparación con actuaciones igualmente ambiciosas como en Plan Haussmann de París, si no fuese porque la cuadrícula hipodámica se ve alterada por un elemento esencial: la solución de la esquina. Las esquinas se realizan con un chaflán a 45º que permiten una mejor visibilidad y generan un espacio público flexible que desahoga y oxigena el tejido urbano. Aunque el Plan Cerdá fue desvirtuado por intereses económicos de los propietarios del suelo, fue una influencia fundamental en el urbanismo de finales del siglo XIX. Este rasgo tan peculiar se aplica en los ensanches de muchas ciudades de forma directa o versionada mediante un chaflán en la planta baja y curvatura en los siguientes niveles. 

El Edificio Gómez de la Puente, construido entre 1949 y 1952, obra de Vicéns Moltó, es una pieza fundamental del racionalismo, pero también una aplicación urbana de aspectos urbanísticos vinculados a los planes de ensanche de conceptualización moderna. La esquina sirve como eje virtual para definir una simetría que remate de manera homogénea la esquina. Siguiendo el planteamiento que realiza en otros edificios de la ciudad Vicéns Moltó dota de protagonismo a la fachada de esquina, en lugar de tratarla como un elemento secundario, y la convierte en una tercera fachada. 

Foto: Nuria Prieto

Detalles sencillos

El volumen se organiza a través de tres paños de fachada centrados dentro de cada plano, el paño avanza sobre la línea de fachada creando un juego volumétrico. El plano central es escueto y crea un torreón mediante una posición avanzada respecto de la línea de cornisa. Sobre la cornisa se produce un retranqueo que no es del todo perceptible desde la calle, ya que el plano continuo se perfora mediante una arquería de cinco huecos que se amplía con un arco más a cada lado, aunque estos dos últimos se incrustan en dos volúmenes cerrados de los cuales uno pertenece al torreón central y el otro a una pieza secundaria en el extremo que sirve de medianera con las parcelas próximas. 

Las fachadas son sencillas, el paño de fachada se trata con encintados de tal forma que simula ser un muro de sillería, mientras que los volúmenes salientes presentan un revestimiento liso. La ornamentación es escasa, apenas líneas de cornisa y falsos canecillos bajo los voladizos. Además, la cubierta se optimiza mediante una solución en mansarda lo cual enfatiza la rigidez de las líneas rectas en todo el edificio. Las carpinterías del edificio incorporan en su mayoría apertura de guillotina, el resto, son de apertura francesa. Aún conservan su color rojo original, que muchos otros edificios del ensanche coruñés han sustituido por un pintado blanco próximo a la estética de la galería. El acceso al edificio se produce por la fachada central mediante un hueco que destaca del resto, y además se resalta con una marquesina perforada. Los materiales utilizados muestran honestamente su materialidad a través del color.  

Foto: Nuria Prieto

Nostalgia racional

El edificio Gómez de la Puente, es una de esas piezas neutras que componen el tejido residencial de la ciudad. Una instantánea de un momento en el que el racionalismo era quizás la única opción, pero que desde la perspectiva actual adquiere un cierto valor nostálgico. 

“El hombre camina días enteros entre los árboles y las piedras. Raramente el ojo se detiene en una cosa, y es cuando la ha reconocido como el signo de otra: una huella en la arena indica el paso del tigre, un pantano anuncia una vena de agua, la flor del hibisco el fin del invierno. (…) El ojo no ve cosas sino figuras de cosas que significan otras cosas” Italo Calvino, Las ciudades invisibles 

Foto: Nuria Prieto

Hay edificios que parecen invisibles en la trama urbana, quizás porque su lenguaje es sencillo o porque fueron construidos en un momento en que no causaron un impacto formal. Con el paso del tiempo, la mirada cambia, y la nostalgia alcanza a aquellas piezas de arquitectura que no se volverán a repetir. La ciudad crea así su propia mitología, que funde en la estructura urbana la complejidad de sus habitantes, su pensamiento mágico y su realidad visceral de forma natural.

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