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Un gallego en Myanmar durante el golpe de Estado: “Nadie sabe qué va a pasar”

Cuando llegó por primera vez a Myanmar hace año y medio, Pedro Tanoira, natural de Vilagarcía de Arousa, no esperaba vivir un golpe de Estado en primera persona. Ahora tiene que convivir diariamente con cortes de Internet o un toque de queda militar y sin poder sacar dinero del banco.
Pedro Tanoira, un gallego en Myanmar.
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Pedro Tanoira, un gallego en Myanmar.

Cuando llegó por primera vez a Myanmar hace año y medio, Pedro Tanoira, natural de Vilagarcía de Arousa, no esperaba vivir un golpe de Estado en primera persona. Ahora tiene que convivir diariamente con cortes de Internet y las telecomunicaciones o con un toque de queda militar y no puede sacar dinero del banco.

“Cuando llegué aquí había una dinámica de estabilidad, con una mayor apertura hacia el exterior; ahora nadie sabe qué va a pasar y la situación se vive con una calma un poco tensa”, explica Tanoira en una entrevista a Quincemil.

La situación en Myanmar

Myanmar había abandonado la dictadura militar en 2010, cuando celebró unas primeras elecciones en las que, sin la participación de la oposición, venció el partido apoyado por la Junta Militar, que en 2008 había aprobado una constitución que garantizaba al ejército el 25% de los escaños del Parlamento y ministerios clave como Defensa, Interior o Fronteras.

Aquel texto también recogía otra prohibición bastante particular: nadie que tuviese hijos con un extranjero podía optar a la presidencia del país. Era el caso de la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, hija del héroe nacional Aung San y que ha pasado 21 años en arresto domiciliario.

En 2015 su partido, la Liga Nacional para la Democracia, concurrió a las elecciones con ella como rostro visible -que no como candidata- y obtuvo cerca del 80% de los escaños en disputa, excluyendo el 25% reservado a las Fuerzas Armadas, iniciando un periodo de cierta normalidad democrática.

Las elecciones de 2020 dejaron un escenario todavía más claro, con el partido de Aung San Suu Kyi obteniendo el 83% de los votos. Sin embargo, sectores del ejército alegaron desde el minuto uno que había habido un supuesto fraude electoral que habría afectado a 8,6 millones de votos.

Así, el pasado 1 de febrero, un día antes de la constitución del Parlamento, el ejército, comandado por el general Min Aung Hlaing, tomó el poder y detuvo a Aung San Suu Kyi y a otros miembros del Gobierno.

"En Galicia os enterasteis mucho antes que yo"

“En Galicia os enterasteis mucho antes que yo: el 1 de febrero me desperté sin cobertura ni electricidad y, al llegar al trabajo, vi que al resto de compañeros les pasaba lo mismo y se hablaba de un supuesto corte en las telecomunicaciones porque había una reunión en la capital y no querían que hubiese filtraciones”, explica Tanoira.

Ya por la tarde, cuando se acercó a una tienda cerca del trabajo, vio que en la televisión -que desde aquel día tan solo tiene un canal operativo- estaban emitiendo imágenes de soldados haciendo maniobras en la capital del país. Sobre las 19.00 horas volvió Internet y se encontró con la noticia y el móvil saturado de mensajes preguntando qué había pasado.

“Desde ese día tenemos cortes sin parar: de 1.00 a 9.00 no hay Internet, unos días después cortaron el acceso a Facebook, Instagram y Twitter y hay cortes casi a diario”, prosigue Tanoira, quien detalla que los opositores al nuevo régimen militar siguen utilizando las redes sociales a través de VPN.

Este joven de Vilagarcía lleva años dedicado al mundo del café y llegó a Myanmar en octubre de 2019 después de haber estado en Brasil, donde trabajó un tiempo en la Fazenda Mori, en Paraná, cuyo café ha llegado a Europa de su mano y la de un socio y cuenta con un punto de venta en Santiago.

Ahora trabaja para Mandalay Coffee Group, una procesadora de café con sede en Pyin Oo Lwin -en el distrito de Mandalay-, que se centra sobre todo en la exportación, por lo que la situación de la compañía en el medio plazo es todavía incierta.

Al vivir en una zona rural, Tanoira no ha vivido directamente las protestas que se llevan produciendo diariamente en las grandes ciudades de Myanmar desde una semana después del golpe de Estado, aunque “nunca había habido una presencia de militares mayor”.

No es posible sacar dinero de los bancos

Así, el principal cambio en su día a día afecta a la situación de la empresa: no es posible sacar dinero de los bancos y las oficinas gubernamentales que tienen que expedir los certificados fitosanitarios imprescindibles para realizar envíos o exportar café no están trabajando.

“Hace diez días que tendríamos que haber empezado a enviar muestras de los lotes a nuestros socios comerciales; la empresa tiene liquidez, pero no es ilimitada y hay que pagar a muchos temporeros que trabajan en la recogida”, continúa.

En todo caso, las fechas fundamentales para determinar cuál será el futuro de la actividad a medio plazo son el mes de abril, cuando termina la cosecha, y mayo, cuando empieza la época de exportaciones. “Tenemos que estar pendientes de cualquier movimiento diplomático y de posibles presiones o sanciones”, detalla.

Mientras tanto, el Gobierno ha decretado un toque de queda a partir de las 20.00 horas, aunque poco tiene que ver con el vigente en España. "Aquí no te para un policía local para multarte, es un toque de queda militar".

Tras haber tomado el poder, el nuevo Gobierno declaró el estado de emergencia durante un año, un periodo en el que buscará demostrar el presunto fraude electoral, continuar con normalidad con la actividad económica en el país y frenar el avance de la Covid-19.

La pandemia ha pasado a un segundo plano

“Aquí la pandemia tuvo una incidencia muy pequeña hasta noviembre; los números estaban empezando a descender en enero y, al estar en un escenario de mejoría y con toda esta situación, parece que la urgencia del Covid-19 se ha desplazado de la primera línea”, añade Tanoira, quien relata cómo desde que se produjo el golpe se han eliminado los puntos de control que había hasta entonces.

La situación en las calles también ha ido empeorando día a día: aunque las protestas tardaron en comenzar, se vienen produciendo todos los días y este mismo fin de semana han muerto dos personas, coincidiendo también con más detenciones de políticos, activistas o personas del mundo de la cultura.

“Aquí no se ven antidisturbios con porra de goma: aquí las manifestaciones las vigilan militares”, añade Tanoira, a quien la situación actual le recuerda a 1988, cuando la oposición al régimen salió a la calle de forma pacífica y, tras vencer unas elecciones en 1990 con  Aung San Suu Kyi al frente, la Junta Militar se negó a reconocer los resultados.

Incluso ante una situación como esta, a este gallego le sorprende de los birmanos lo mismo que cuando llegó a este país del sudeste asiático. “Aquí todo pasa muy despacio y la gente es muy correcta, educada y tranquila, con una enorme influencia de los valores del budismo”, afirma.

Pedro Tanoira no está "demasiado preocupado" por su situación personal ante este nuevo escenario, aunque la incertidumbre es grande y "nadie sabe qué va a pasar" tanto a nivel político como económico en Myanmar,

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