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Los depósitos de agua vigilantes de A Coruña

Las ciudades esconden infraestructuras que las hacen estar vivas. En A Coruña, la red de abastecimiento de agua se esconde bajo el pavimento, pero de su tejido emergen algunas torres que son iconos urbanos.
El depósito de agua de Monte Alto
El depósito de agua de Monte Alto
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Los tejados de Praga constituyen una topografía urbana. Una sucesión de formas que en la novela de Gustav Meyrink, El Golem (1915) adquieren una mirada evocadora: un laberinto de casas superpuestas en el barrio de Josefov del rabino Löw. Un lugar en aquel momento insalubre que fue derribado para sanear sus instalaciones conservando algunos de sus iconos como el cementerio judío o la sinagoga. Y aunque "El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia" como decía Milan Kundera, los tejados de Praga siguen siendo una naturaleza artificial evocadora. Dentro de esa armonía desordenada y mágica, emergen pequeñas piezas, torres que contribuyen a definir más la identidad de la ciudad. 

"Las bibliotecas son fascinantes: a veces parece que uno está bajo la marquesina de una estación ferroviaria y, al consultar libros sobre tierras exóticas, tiene la impresión de viajar hacia mares lejanos"

Umberto Eco. El cementerio de Praga, 2010

Leer sobre la fisionomía de las ciudades y sus topografías artificiales, aquellas que construye e interpreta el ser humano, desarrolla una epistemología urbana que comparten ciudades como Nueva York con sus depósitos y rooftops, París con sus mansardas y antenas, Roma con sus cúpulas o Londres y sus muros cortafuegos. Algo que permanece bajo la lectura monumental y significativa de la ciudad, definiendo una identidad perenne.

Fotografía via Wikimedia Commons

En A Coruña, la topografía natural se suma a la artificial, creando un millón de lecturas metafóricas que la convierten en ciudad de cristal, navío o castillo. Pero existe una identidad perfilada en la arquitectura que se recorta contra el cielo, única y compuesta como los planos de un diorama. Y de entre ese perfil destacan una serie de torres que sobresalen de los volúmenes principales

Al igual que en Praga, los depósitos de agua son elementos sobresalientes. También en Nueva York, aunque se disuelven tras la escala de los grandes edificios. Y también en A Coruña. Y es que el abastecimiento de agua comienza a llegar de forma paulatina con la reestructuración urbana higienista con la que se reorganizan las ciudades a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Este proceso de renovación es una mutación más de la ciudad, como tantas otras que los hábitats urbanos sufren a lo largo de su historia particular, comparable quizás a la entrada del ferrocarril o el impacto del automóvil. Lo que sucede con el abastecimiento de agua es que, aunque es tan vital como trasunto de la circulación sanguínea en un ser vivo, es una red oculta. Una infraestructura subliminal cuya consciencia llega con un gesto tan simple como abrir un grifo. Y es que como decía el antropólogo Loren Eiseley:  Si hay magia en este planeta, está contenida en el agua.

El agua de A Coruña

El día de año nuevo de 1908, marca el inicio de la red de abastecimiento de agua en A Coruña, siendo inaugurada por Juan Sánchez Anido, entonces alcalde de la ciudad. Pero había un pequeño dato que anticipaba esta inauguración, un depósito de abastecimiento en el barrio de Montealto, que había sido construido en 1906 (aunque los trámites se habían iniciado en febrero de 1896), y funcionaba en modo de prueba desde 1907. Y aunque ahora este primer testigo que anticipaba la red de abastecimiento de la ciudad se encuentra oculto bajo una plaza en la calle Vereda del Polvorín, fue el primer paso de un proyecto ambicioso sin el que hoy la ciudad sería inconcebible. 

Antes de que depósitos como el vigía de Montealto o el de O Ventorrilo se conformasen como iconos del perfil urbano, hubo varios trabajos fundamentales de construcción que dieron forma al trazado como recoge el ingeniero Carlos Nárdiz desde el punto de vista técnico en la publicación "El abastecimiento de agua a La Coruña". También resultan interesantes los informes de Fermín Casares Bescansa y Estanislao Pan Pérez en 1903 sobre las necesidades de abastecimiento de A Coruña como se cita en la publicación "El agua en A Coruña. Fuentes estanques y lavaderos" de José Manuel Fernández Caamaño y Ricardo Pérez Vázquez. Y es que antes de la llegada de la modernidad, el abastecimiento de la ciudad ya había sido objeto de profundos estudios como apunta Carlos Valerio Solsona en "Los orígenes del abastecimiento de agua a la ciudad de A Coruña" (Actas del Segundo Congreso Nacional de Historia de la Construcción, A Coruña, 22-24 octubre 1998).

"El proyecto de Yáñez [ingeniero de caminos Fernández Yáñez, en 1881] se plantea desde una óptica moderna, inspirado en los trabajos de Jerez, Santander y Madrid, con un sistema de distribución de agua a las viviendas. Se fija en ciento cincuenta litros la dotación por persona y día, de lo que resulta unas necesidades de caudal que ascienden a cien litros por segundo"

Carlos Valerio Solsona

Aunque los depósitos garantizaban el abastecimiento, la población no era usuaria de esta red, o al menos era reticente. Se apuntan varias razones como el coste del agua procedente de la red municipal frente a las fuentes públicas, una cuestión importante que marca un cambio social en términos de infraestructura. El agua procedente de las fuentes no estaba filtrada, y en ocasiones no era apta para el consumo, además con el crecimiento industrial de la ciudad algunas podían verse contaminadas. Factores que se suman, creando un descontento social que desgraciadamente llega a su fin en 1913 con una epidemia de tifus. El alcalde Folla Yordi decretó el cierre de las fuentes públicas entonces, al detectarse contaminación en el agua. Y aunque estas se reabrieron unos años después con filtros especiales, se decidió conectarlas a la traída para evitar nuevas epidemias, que se repitieron años después en focos ocasionados por fuentes externas a la red aún no filtradas

La complejidad del sistema de abastecimiento urbano de A Coruña es similar al de cualquier ciudad de tamaño medio, y las mejoras en la infraestructura se suceden de manera sistemática. En 1915 se instalan los filtros en la planta de Cañás, una construcción situada en Carral que captaba el agua del río Barcés. Pero en 1921, debido al crecimiento de la ciudad en ese breve periodo de tiempo (un aumento de casi 20.000 habitantes), la instalación queda obsoleta y comienzan los planes para mejorarla. Un cambio sustancial fue la sustitución de filtros lentos por filtros rápidos (1925), una modificación que permite mayor caudal de abastecimiento y que, aunque eran comunes en algunos países europeos o EEUU, en España tan sólo Valencia y Bilbao se anticiparon a A Coruña en su uso. Paralelamente a este avance se ampliaron las instalaciones, con numerosos sistemas que permitían filtrar y purificar el agua para hacerla apta para el consumo humano. Se la suele considerar la depuradora más antigua de España

Los avances no se detuvieron, y la comunicación con el depósito de Montealto era constante para garantizar el buen funcionamiento del sistema. En 1935 se abre una captación en el río Mero (consolidada en 1939) ante la duda sobre la capacidad del río Barcés, construyendo una planta de abastecimiento con una capacidad de 200 litros por segundo. Para que el sistema realmente funcione se construye la depuradora de A Telva (Cambre) en 1941. Esta depuradora servía inicialmente agua al depósito de Monte Alto, pero unos años después se la dota de dos tanques bajos, uno en Alvedro y otro en Eirís, para mejorar el flujo de la instalación.  En 1963 se acomete una nueva ampliación que permite llegar a un poco más de 700 litros/segundo. Obras constantes que culminan con una solución de gran escala, la construcción de un embalse.

Técnicos como Ricardo Fernández Cuevas (gerente de Aguas de Coruña) o el ingeniero coruñés Luciano Yordi de Carricarte (promotor de la refinería o el aeropuerto en Alvedro y autor de embalses como el del Eume en 1959, Belesar en 1963 o Velle en 1969 entre muchísimos otros que se encontraban a la vanguardia de la ingeniería civil de esta tipología en España) promueven esta idea. Tras varios estudios técnicos que analizan el caudal y la morfología del terreno en 1972, se decide construir el embalse de Cecebre entre 1975 y 1976 captando el caudal de los ríos Mero y Barcés que se conduce al depósito renovado de A Telva  para ser distribuido a los sistemas de almacenamiento de la ciudad. El  sistema de abastecimiento en la actualidad da servicio a 391.669 habitantes, según Emalcsa, en los ayuntamientos de A Coruña, Carral, Cambre, Culleredo, Oleiros, Arteixo, Sada y Bergondo.

Fotografía de Emalcsa

Segundos planos que construyen la ciudad

Y frente a esta lectura desde las instalaciones que orbitan en torno a la ciudad, desde un segundo plano escondido: ¿Qué ocurría en A Coruña para que el abastecimiento tuviese que ampliarse y consolidarse una y otra vez? Ocurría de todo. Desde 1920 hasta finales de la década de 1970, los avatares históricos definen el ritmo de las necesidades humanas, pero desde una perspectiva más alejada, se produce un crecimiento urbano importante. Si entre 1900 y 1920 la población había crecido aproximadamente en 20.000 personas, entre 1930 y 1940 el crecimiento es de 30.000 habitantes.

La progresiva industrialización de la ciudad, especialmente en las inmediaciones de Orzán, se combina con una modernización basada en principios higienistas que se aplicaban de manera sistemática desde las autoridades municipales en la mayor parte de las ciudades europeas. El higienismo, combinado con el desarrollismo industrial, siempre produce un choque, independientemente de la época en la que suceda, ya que atraviesa transversalmente a la sociedad y tiene implicaciones emocionales, sanitarias, económicas... en definitiva, un escenario muy complejo. Pero, a pesar de las dificultades, con el aprendizaje común que se establece a través del conocimiento compartido de las diferentes experiencias en otras ciudades de Europa y de España, se van tomando medidas que contribuyen a mejorar las condiciones de vida en la ciudad

Nuria Prieto

El primer barrio dotado con red de agua propia fue Ciudad Jardín, un aspecto que se constituía como servicio ofrecido por los promotores (Sociedad Coruñesa de Urbanismo) de la urbanización para hacer más atractiva la venta de parcelas y casas en esta zona a partir de 1920. Se ofertaban mejoras como instalación de gas, agua corriente o electricidad. Tanto es así que se construye un depósito enterrado y otro en altura (en 1925, en la actual ubicación del Hospital Modelo) para garantizar su abastecimiento, aunque estas estructuras fueron derribadas en la década de los 70 con la mejora de la infraestructura urbana en general. Pero Ciudad Jardín no es una extraña excepción, ya que en 1930 Os Castros tendrá también su propia red, y a este le seguirán Monelos, Campo de Marte, A Gaiteira, San Roque y ya en 1950 Santa Lucía. Una dotación que iba creciendo y avanzando lo más rápido posible a medida que la población crecía o se construía un nuevo barrio.

Los 'watchmen' del agua

A pesar de la obvia mejora de las condiciones de vida debido a la existencia de agua corriente en la mayoría de los barrios, con el impacto que este hecho en apariencia secundario tiene sobre la ciudad, parece que no hay testigos de esta inmensa y omnipresente red urbana. Y es que escondidos en la diversidad caótica que conforma siempre la mirada despreocupada sobre la ciudad, hay algunos elementos elevados al grado de icono por derecho propio, que atestiguan que el agua corre bajo el pavimento hasta los grifos de cualquier casa.  La red de depósitos de A Coruña responde a un proyecto de regularización redactado por el ingeniero José Antonio Orejón ("Proyecto Desglosado de Depósitos de Regulación para el Abastecimiento de Agua a la Coruña Pena Moa y Eirís, Ampliación y Obras Complementarias", 1978), una reforma que moderniza la red y permite ordenar  el suministro en dos fases: la construcción de depósitos en Pena Moa, y la segunda que incluía la ampliación de los depósitos de Eirís y la construcción del depósito elevado del Vigía. En total, en el imaginario popular existen tres depósitos elevados: Vigía, Eirís y Ventorrillo y los bajos: Penamoa, Monte de San Pedro, Vío Alto y Bajo y Os Rosales.

131,64 metros es la altura que alcanza el depósito de Montealto, una de las construcciones industriales más icónicas de la ciudad, que presenta una capacidad aproximada de 8.000 metros cúbicos. Con 50 metros de altura, esta estructura de hormigón, planteada en el proyecto de 1978 y construida a principios de los 80, es un depósito circular de hormigón armado que se ha convertido en un símbolo del barrio de Montealto y de la ciudad, recibiendo el sobrenombre de El Vigía. Paralelamente, se construye el depósito de Eirís, su gemelo, ya que presenta la misma tipología y unas proporciones similares. El depósito de Ventorrillo, presenta unas características constructivas diferentes, y además es anterior ya que se construyó a principios de 1970. Un depósito de aproximadamente 74m de alto muy similar morfológicamente al icónico depósito de Matadero Madrid, una tipologia muy común en España.

Nuria Prieto

Torres, vértigo y chocolate con churros

El perfil de A Coruña es poliédrico. Su condición topográfica singular permite infinitas perspectivas semiaéreas en las que la ciudad, por unos instantes, parece convertirse en una gran maqueta habitada. Contemplar por unos segundos esa ficción inducida en la que el autobús urbano parece uno de esos trenecitos eléctricos, avanzando a toda velocidad por un trazado estático, permite entender la volumetría desordenadamente armónica que constituye la ciudad. Y pasado un instante, aparecen las afortunadas distorsiones: las torres, las playas, las luces... y entre esas torres que son hitos reconocibles e identitarios se comienza a reconocer la Torre de Hércules, la Torre de Telefónica, la torre de la calle Costa Rica, la Torre del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo y los depósitos de agua. Desde una cierta altura, se contempla la propia construcción en altura, no sin cierto temor:

"Aquel que quiera permanentemente 'llegar más alto' tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo"

Milan Kundera

Con el riesgo de sucumbir al vértigo, quizás en el caso de los depósitos de agua de A Coruña, su integración en la trama  y en el perfil urbano es una realidad latente. Pero también representa un ejemplo magnífico de integración de la arquitectura industrial en el tejido siempre complejo de la ciudad. No hay nada que envidiar a Praga, ni siquiera sus tejados que reflejan luz dorada al amanecer. Bueno quizás sí, ese dulce tan rico que venden por las calles en invierno, que sabe a canela y azúcar... aunque siempre se puede sustituir por un buen chocolate con churros.

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