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La sede de Hacienda en A Coruña que nunca se construyó

En 1956 se convoca un concurso para la sede de la Delegación de Hacienda en A Coruña. La propuesta ganadora fue diseñada por los arquitectos Alejandro de la Sota, Ramón Vázquez Molezún y Antonio Tenreiro, sin embargo, el proyecto nunca llegaría a construirse.
El espacio entre la Delegación del Gobierno y la Delegación del Ministerio de Defensa, la parcela donde debería encontrarse el edificio de la Sede de la Delegación de Hacienda en A Coruña (Foto: Nuria Prieto)
El espacio entre la Delegación del Gobierno y la Delegación del Ministerio de Defensa, la parcela donde debería encontrarse el edificio de la Sede de la Delegación de Hacienda en A Coruña (Foto: Nuria Prieto)
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Hay arquitecturas que nunca fueron. Edificios que por diversas circunstancias no se llegaron a construir dejando, en ocasiones, un hueco en la ciudad que significa más su ausencia que su presencia. El paso del tiempo ha transformado la percepción de algunos de esos vacíos en algo usual para el que desconoce aquello que pudo ser. Algo como ver el final alternativo de una película clásica.

En la película El Resplandor, Kubrick había ideado un final alternativo. Ullman, gerente del Hotel Overlook (donde transcurre la película) visita a Wendy y Danny en el hospital, donde se recuperan de su traumática experiencia. Cuando la conversación ha terminado, Ullman abandona la habitación, pero vuelve para darle a Danny una pelota amarilla, la misma que una fuerza sobrenatural lanzó al pasillo desde la habitación 237 justo cuando el pequeño conducía su triciclo por el pasillo. ‘Te veo mañana’ dice Ullman mientras se aleja. La versión, mantiene el perturbador epílogo de la versión original. Ese final plantea nuevas preguntas y arroja una interpretación completamente diferente de la historia. Un guión que nunca vio la luz planteando otra realidad, otra historia. 

En la ciudad las historias alternativas desaparecen a través de la monotonía diaria y de la organicidad propia de su crecimiento natural. Por eso, a veces es necesario aquellos edificios que nunca fueron, sean recordados como testigos de otro contexto, permitiendo una forma diferente de interpretar la ciudad: otra realidad, otra ciudad. 

Revista Nacional de Arquitectura 1956, n172 (pag07)

Tertulias entre amigos

La historia alternativa resulta aún más interesante cuando aquellos que la idearon son además referentes culturales. Los intereses comunes acercan a profesionales y artistas entre sí, creando obras singulares y formas de pensar que transforman la cultura. Una atmósfera que Alberti dibujaba en sus memorias.

‘’Estábamos en los jardines de la Residencia de Estudiantes (Altos del Hipódromo), en donde García Lorca —aspirante a abogado— pasaba todo el curso desde hacía varios años. Como era el mes de octubre, el poeta acababa de llegar de su Granada. (…) Salvador Dalí, entonces, me pareció muy tímido y de pocas palabras. Me dijeron que trabajaba todo el día, olvidándose a veces de comer o llegando ya pasada la hora al comedor de la Residencia.’’ Rafael Alberti, La arboleda perdida.

Unas décadas más tarde los arquitectos Alejandro de la Sota y Ramón Vázquez Molezún desarrollaban su vida profesional desde la calle Bretón de los Herreros. Ambos profesionales de origen gallego, tenían una buena relación personal y profesional, algo que sin duda propiciaba interesantes conversaciones y proyectos comunes. Uno de los proyectos nacidos de esta atmósfera es el edificio para la sede de Hacienda en A Coruña. Una propuesta que planteaba una ciudad alternativa. 

Evolución de los alrededores de la parcela destinada a albergar el edificio de la Delegación de Hacienda en A Coruña
(Foto: Nuria Prieto)

La sede de Hacienda de A Coruña

El proyecto para la sede de Hacienda de A Coruña (1956), fue diseñado por los arquitectos Alejandro de la Sota (Pontevedra-1913, Madrid-1996), Ramón Vázquez Molezún (A Coruña-1922, Madrid-1993) y Antonio Tenreiro (A Coruña-1926. Íbidem, 2006). Los tres eran arquitectos de gran proyección en el momento del concurso: Tenreiro era un arquitecto consolidado en la ciudad tras haber sido arquitecto municipal; Vázquez Molezún era un profesional muy prometedor, dibujante brillante y socio de José Antonio Corrales con el que había comenzado una colaboración muy productiva a principios de la década de los cincuenta; Alejandro de la Sota se encontraba en una etapa muy intensa de su carrera profesional, había realizado el poblado de Esquivel en 1952, y se encontraba inmerso en la realización de concursos y en la construcción del Gobierno Civil de Tarragona (1954-1957). Tres profesionales en una posición óptima para desarrollar un proyecto vanguardista capaz de transformar la imagen de la ciudad. Tanto es así que el proyecto resultó ser la propuesta ganadora del concurso.

La parcela propuesta para el edificio se encuentra en una zona próxima al puerto, vacía en la actualidad.
(Foto: Xunta de Galicia)

La parcela propuesta para el edificio se encuentra en una zona próxima al puerto, vacía en la actualidad, que se encuentra entre la Delegación del Gobierno y la Delegación del Ministerio de Defensa, entre la avenida Porto da Coruña y el muelle de Batería. Sota, Vázquez Molezún y Tenreiro plantean una propuesta que reinterpreta la galería tradicional coruñesa, una estrategia que muchos proyectos utilizaron años después, pero que aquí resulta innovador. 

‘’No se ha analizado detenidamente el hecho de que una gran parte de las casas del paseo de la Marina no son tal ‘arquitectura sin arquitectos’, sino precisamente la conversión de unos tipos definidos por la tradición popular en condiciones para la operación de proyectar de unos arquitectos que, por lo menos unos cuantos, están muy lejos de actuar con una cultura popular’’ Adolfo González Amézqueta. Las galerías de A Coruña (1968).

El edificio sigue un módulo de 5,90x5,90, una base formal que organiza la estructura lo cual permite mayor flexibilidad espacial. El uso de esta modulación se basa en parte en el estudio de la arquitectura vernácula coruñesa, prestando especial atención a la galería. Por esta razón el edificio propone una solución diáfana y ligera. Los tres arquitectos, experimentados en el diseño de edificios públicos, ponen especial atención a la distribución de la planta baja. El acceso desde la calle proponía una percepción espacial abierta con atención a los ejes, rincones y alturas de forma que el interior del edificio puede ser comprendido desde la planta baja. Este efecto se ve amplificado mediante el uso de las galerías en fachada permitiendo que el interior y el exterior se difuminen. 

La ligereza de la estructura se consigue mediante el uso de soportes de acero que resuelven los problemas de esbeltez y estabilidad mediante atirantamiento. La inestabilidad propia de un planteamiento así se rigidiza mediante el uso de forjados de losa de hormigón, además toda la estructura se asienta sobre pilotes dada su ubicación inmediata al puerto. Es precisamente esta base estructural la que permite la definición de un sistema de fachada también ligero que hace que el edificio se integre en la estética urbana. El cerramiento se resuelve mediante una carpintería ligera en los paños transparentes, y hormigón ligero en los ciegos. El aislamiento térmico se dispondría por la cara interior del mismo, y exteriormente se protegería mediante chapa en la planta superior y un zócalo pétreo en la inferior. La cubierta se resuelve mediante un acabo de zinc, muy común en la ciudad. 

La materialidad de la planta baja y la distribución espacial de la planta primera son los puntos en los que los arquitectos centran su atención en el interior del edificio. La planta baja utilizaría el mármol como hilo narrativo del espacio semipúblico. En la planta primera se prima la calidad espacial de los despachos, especialmente de aquellos destinados a la dirección de la delegación. El despacho del delegado cuenta con una galería privada que dota de mayor calidad a su espacio. En esta misma planta se sitúa la Administración de Propiedades, la Sección Provincial de la Administración Local y Mancomunidad Sanitaria Provincial. El resto de oficinas de consulta se plantean como una prolongación del espacio abierto al público de la planta baja. 

En la planta segunda se ubicaría la Oficina de Inspección, la Abogacía del Estado, el Tribunal Provincial de Contrabando y Defraudación y la Sección de Contribución sobre la Renta. En la tercera el Catastro de Rústica, de forma que los ingenieros pudieran tener un área más aislada para desarrollar su trabajo. En la cuarta planta se reproduce el uso y el esquema de la anterior, en la última se ubicaría la vivienda del delegado de hacienda con acceso independiente desde su despacho en la primera planta. La quinta planta contaba con una maravillosa terraza que en el proyecto se apostilla como ‘terraza de señores’ destinada a reuniones privadas del delegado provincial. 

El planteamiento de este edificio que no llegó a construirse se nutre de la experiencia de los arquitectos en otros concursos como la Delegación de Hacienda de Guipúzcoa en San Sebastián (Alejandro de la Sota y José María Iturriaga, no construido 1955-1965), el concurso para la Delegación de Hacienda en Tarragona (Alejandro de la Sota, 1954), delegación de Hacienda de Valencia (Alejandro de la Sota, 1952), la Sede del Gobierno Civil de Tarragona (Alejandro de la Sota, 1956), la diputación de A Coruña (Alejandro de la Sota, no construido, 1954) o el ministerio de Industria y Comercio (Corrales, Romany, Sáenz de Oiza, Sota y Vázquez Molezún, 1956).

La experiencia de Tarragona es la que influye en mayor medida en el proyecto de A Coruña, si bien el de Tarragona es ligeramente posterior en entrega, ambos se diseñan de forma paralela como comenta Miguel Ángel Baldellou refiriéndose a la obra de Sota ‘La inflexión de su arquitectura en esos años le hizo abandonar toda la veleidad organicista, y con ello las evidencias populares’, sin embargo, son Vázquez Molezún y Tenreiro los que aportan la integración estética en la narrativa de la galería vernácula coruñesa. 

La arquitectura que "no fue"

‘’La institución pública está al servicio de los acuerdos de una hermandad, es decir, no es tan sólo un contenedor funcional, sino que debería ofrecer una explicación que relacione el modo de vida de la comunidad con las estructuras generales del mundo. Po tanto, la institución es una ‘imago mundi’ en un sentido muy significativo’’ Christian Norberg-Schulz, citado por Antonio Río en La Recuperación de la Modernidad. 

Vista aérea de la parcela destinada al proyecto que nunca llegó a construirse, la arquitectura que "no fue".

Aunque hay arquitecturas que no fueron, el vacío que dejaron son el testimonio de su ausencia. El proyecto que pudo haber sido es un testimonio de otra ciudad posible. A lo largo de la historia de la ciudad, son muchos los cambios, avances, rupturas y transformaciones que van acomodando poco a poco el espacio urbano a sus habitantes. En la década de los años cincuenta, tres arquitectos consolidados con gran talento, propusieron un proyecto que no se llevó a cabo. Su idea vanguardista hubiese significado un cambio en la fachada portuaria de la ciudad. 

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