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El columpio viral de la Ribeira Sacra gallega: un enclave único con 2.700 visitas

Esta original atracción está hecha completamente de madera y la idea surgió por la afición del dueño de la bodega por volar en parapente
El columpio de la Adega Terra Brava (Ribeira Sacra).
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El columpio de la Adega Terra Brava (Ribeira Sacra).
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La Adega Terra Brava (Doade, Lugo) podía ser desconocida para muchos hace unos meses pero este verano ha sido un punto de inflexión que lo ha cambiado todo gracias a la influencia de las redes sociales y su espectacular columpio con vistas inmejorables a la Ribeira Sacra. Esta atracción elaborada completamente en madera fue construida hace ocho años pero no fue hasta este anómalo 2020 cuando empezaron a circular imágenes en redes sociales de visitantes columpiándose en parte gracias también al coronavirus, que ha empujado a los gallegos a hacer turismo de proximidad y la Ribeira Sacra ha sido uno de los destinos estivales estrella. Esto se demuestra con las cifras de la adega, que ha recibido desde junio hasta ahora alrededor de 2.700 visitantes.

El propietario de la adega, Breogán Pereiro, comenzó en ella en 2012 pero desde 1995 su familia tiene los viñedos ya que antiguamente los cuidaba su padre. La idea del columpio surgió a raíz de su afición por volar en parapente, un pasatiempo para el que su trabajo en las viñas no le dejaba mucho tiempo, por lo que decidió construir en su lugar de trabajo una instalación que se semejase lo máximo posible a la sensación de volar. "La ubicación del columpio es un sitio súper especial, de hecho es la única sombra en las dos hectáreas de viña. Está bien anclado y pensado pero no lo recomiendo para personas con vértigo porque cuando te columpias te sitúas tranquilamente a cuatro o cinco metros de altura", afirma.

La vista desde el columpio de madera abarca toda la ladera de Doade, desde Paradela hasta Sacar de Bois, en plena Ribeira Sacra, un enclave que ahora mismo está esperando la resolución correspondiente para convertirse en Patrimonio de la Humanidad. Pereiro concreta que para acceder al columpio se necesita reserva previa pero él no ofrece sólo este servicio, sino una experiencia más completa. "Si cobrara por columpiarse pediría mucho más, simplemente quiero que la gente se lleve una experiencia única y conozca la parte más humana y natural de nuestro trabajo en la adega, a parte de disfrutar en la propia viña de nuestros vinos", comenta.

A principio de verano el responsable de la Adega Terra Brava dejaba subir a la gente al columpio de visita y empezó cobrando entre 15 y 20 euros por botella, pero alega que "mucha gente empezó a no respetar las normas del entorno" y decidió variar la cantidad. "La gente venía aquí y comía las uvas y estropeaba bastante la ruta al no respetar las indicaciones, por lo que subimos el precio a 40 euros para hacer una especie de selección natural y que la gente pague por respetar las cosas", dice, a lo que añade que "sólo viene gente que entiende el mensaje que quieren transmitir y que aprecia conocer la dificultad del trabajo en las viñas". Ahora el coste es de 40 euros por pareja y si vienen tres personas, de 20 euros por cada una de ellas, porque pueden optar entre adquirir para catar botellas de 40 y de 20 euros según lo consideren, explica Pereiro. "Quiero mostrar a los visitantes lo sagrado y el privilegio que supone para mí estar haciendo vino en esta ladera", cuenta entre emocionado y orgulloso.

La viña "más pija" y proyectos de futuro para salvar la cultura

Según Pereiro, "el famoso columpio está situado en la viña más pija de las que tiene" y concreta que todo el recorrido que hace la gente en el recinto "está balizado y señalizado, además de que se sube y se baja por distintas zonas y dos personas pueden estar en la atracción entre 10 y 15 minutos". La última parada de la experiencia es una cata del vino que se adquiere con posibilidad de picar deliciosas porciones de chorizo y queso. En total, en la Adega Terra Brava se producen cuatro tipos de vino: un Godello, un tinto joven y dos crianzas, pero para el responsable de la adega el estrella es el denominado "Lagar do Breo".

Es esta experiencia quienes lo deseen aprenderán cómo se hacen los vinos y la manera más adecuada de cuidar las viñas, pero los proyectos de Pereiro no se ciñen exclusivamente a este columpio que ya es viral, sino que contempla otras acciones de cara al otoño y los próximos meses si la pandemia lo permite. Entre sus planes está el potenciar la música y el mundo de la cultura, ya que él es gaiteiro y "tiene amigos músicos que lo están pasando mal", razón por la cual proyecta realizar conciertos acústicos de otoño para grupos reducidos en el espacio donde se encuentran las viñas con las medidas necesarias y una iluminación que lleve hasta el columpio.

"Tengo en mente sorpresas que irán saliendo y me gustaría hacer el Samaín en la Ribeira y en Carnaval que la gente viniese disfrazada y que hubiese premio para la mejor caracterización, incluso por grupos. Busco ofrecer algo distinto, ir buscando el hilo para que haya eventos aquí todo el año más allá del columpio y del vino", reconoce con ilusión.

Trabajo costoso y "respeto"

Pereiro reconoce que el trabajo en la Adega Terra Brava es complicado, sobre todo en los últimos años debido al cambio climático y recientemente a causa de la crisis sanitaria. "El cambio climático está ahí y hoy estoy pasando el vino a limpio cuando generalmente la vendimia empezaba el 21 de septiembre. Este año tuvimos heladas en marzo y en febrero estaba la viña brotando, estamos un poco descolocados y dependemos mucho del tiempo que venga y tenemos que ir adaptándonos", admite, al mismo tiempo que lamenta que "de 30.000 kilos que debería dar la viña sólo han cogido 10.000", al margen de que el coronavirus les paró los pedidos procedentes de restaurantes y locales de hostelería.

En cuanto a las visitas, el creador del columpio pide respeto, porque critica que "pequeños grupos de impresentables intentan colarse todos los días en las viñas e ir al columpio". "Alguna gente no respeta los letreros y vienen individuos que quieren colarse por lo que estoy pagando sueldos a personas de seguridad y es una auténtica vergüenza. Estos grupos vienen con cervezas que luego dejan tiradas por ahí y se comen las uvas, algo que me enfada porque nos estropean las visitas y la magia del sitio", concluye.

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