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Covid: Las variantes necesitan el "supercontagio" para propagarse, según un estudio de la USC

"Si una variante emerge en un momento de restricciones, probablemente no llegue a tener éxito", aseguran los investigadores Antonio Salas y Federico Martinón
Los investigadores del IDIS Antonio Salas y Federico Martinón
SERGAS
Los investigadores del IDIS Antonio Salas y Federico Martinón

SANTIAGO DE COMPOSTELA, 27 Sep. (EUROPA PRESS) - 

Los profesores de la Universidade de Santiago (USC) Antonio Salas y Federico Martinón explican en su último artículo publicado en Trends in Genetics como las variantes de SARS-CoV-2 "necesitan de la acción de eventos de supercontagio para lograr éxito epidemiológico" pues, son estos "la verdadera gasolina" con la que "el incendio está garantizado".

"Un supercontagiador tendría un efecto comparable con el de prender fuego a un monte seco usando sustancias acelerantes como la gasolina", advierten Salas y Martinón en su trabajo.

Para estos investigadores, el "triunfo de una variante depende en gran medida "de esta fuerza motriz" porque, según explican, "un solo evento de supercontagio puede causar un daño regional terrible al hacer crecer los contagios de manera exponencial, iniciando en muy poco tiempo brotes repentinos que son difíciles de controlar al perderse la posibilidad de trazar las transmisiones".

Según manifiestan los autores, "los supercontagiadores actúan de manera independiente a la variante del virus, se trata de un fenómeno universal y que estuvo moviendo la pandemia de forma permanente".

Estos dos profesores de la USC llegaron a esta conclusión tras analizar más de 1,4 millones de secuencias del virus, disponibles gracias a la colaboración de miles de laboratorios de genética y microbiología en todo el mundo.

El grupo de Salas y Martinón comenzó a trabajar en esta línea en el inicio de la pandemia y, desde entonces, fueron llegando evidencias sobre la dinámica del virus y de Covid-19 publicadas en revistas internacionales como las que ahora acaban de ver la luz en Trends in Genetics.

Ya en marzo de 2020, este equipo de investigación de la USC había propuesto que los supercontagiadores "eran los grandes motores de la pandemia", explica la USC en un comunicado. Desde entonces han surgido numerosos estudios de otros grupos de investigación que defienden la misma hipótesis.

Capacidad infecciosa

Además, este nuevo trabajo introduce dudas sobre la manera en la que se mide la capacidad infecciosa del virus, apuntan. Así, Salas indica que "existen evidencias razonables que permiten concluir que variantes de riesgo tan populares como alpha y delta difícilmente podrían tener el éxito poblacional que tuvieron si no fueran catapultadas por el efecto catalizador de los eventos de supercontagio".

Este hecho, continúa Salas, resulta "importante" por dos motivos principales: "por una parte, significaría que el cálculo de la capacidad infecciosa de las variantes del virus podría estar sobreestimada; y, por la otra, porque trasladaría la carga de la responsabilidad de la pandemia al comportamiento social, y no tanto a las variantes del virus".

Aglomeraciones en la travesía de la Cormelana.

A favor de esta hipótesis apunta la observación de que todas las ondas importantes en los distintos países del mundo "surgieron después de momentos de gran relajación de las restricciones y confinamientos, tales como épocas festivas, vacaciones de verano, grandes eventos deportivos, o manifestaciones de diversa índole". Todas ellas, subrayan estos investigadores, "se vieron atenuadas cuando se recuperaron las medidas restrictivas".

Su artículo defiende, además, que los eventos de supercontagio "necesitan de la intervención de personas supercontagiadoras, porque este modo de transmisión deja una huella en los genomas de los virus que no se podría explicar sin su intervención".

"Alarma innecesaria"

Los autores de este trabajo también reflexionan sobre la tasa de cambio del genoma del virus. Al respecto, Salas afirma que "existieron muchas variantes preocupantes desde el inicio de la pandemia" y no solo en la actualidad.

De hecho, mientras muchos especialistas "se acogían al discurso de que el SARS-CoV-2 mutaba muy poco", ellos informaban, recuerdan "de que el coronavirus tenía una capacidad de cambio ligeramente inferior pero comparable con otros virus RNA (cómo el de la gripe y el VIH) cuando se ponderaba por el tamaño de sus genomas", continúa el profesor de la USC.

Además, Salas añade que "solamente a finales del pasado diciembre el discurso de las variantes empezó a tomar forma en los medios, a pesar de que la importancia de una variante es siempre relativa y, en el algoritmo de la pandemia, el contexto social en el que surge es fundamental".

Tal y como afirma este profesor de la Facultad de Medicina, "si una variante emerge en un momento de restricciones, probablemente no llegue a tener éxito".

Test de autodiagnóstico Covid

El trabajo cuestiona las interpretaciones y mensajes catastrofistas que frecuentemente acompañan la aparición de estas mutaciones, han explicado. "A menudo las interpretaciones son excesivamente prematuras y crean una alarma social innecesaria basada en una buena dosis de incertidumbre, en datos insuficientes y especulaciones científicas aún inmaduras", sostiene Salas.

Los autores defienden que "muchas de esas mutaciones potencialmente peligrosas surgieron mucho antes de la aparición de los brotes por los que se hicieron famosos", pero que en su momento no causaron ningún daño o en algunos casos fue "autolimitado y anecdótico", consistente en brotes que no llegaron a tener una mayor repercusión. De ahí que el nuevo estudio defiende que esas variantes por sí solas no tendrían éxito epidemiológico de no ser catalizadas por el comportamiento social.

"Por poner un ejemplo, que una variante del virus tenga muchas mutaciones no-sinónimas en la proteína que codifica para el famoso gen de la espícula, no tiene porqué atribuirle una mayor capacidad de infección; existen en las bases de datos actuales muchos genomas del virus con muchas más mutaciones que las variantes alpha y delta y con características aparentemente similares, y que no demostraron ser epidemiológicamente relevantes", expone Salas.

Asimismo, los autores indican que "algunos especialistas pudieron confundir distintas maneras para medir la tasa de cambio del genoma de un patógeno: en ocasiones, se mide por unidad de tiempo y en otras por ciclo de replicación del virus".

Con todo, para interpretar el impacto epidemiológico, la primera, la tasa de cambio en el tiempo, "es la que ilumina el panorama epidemiológico porque es la que permite valorar las variantes que circularán en la población a lo largo del tiempo", añade Salas.

Sin embargo, estos investigadores advierten de que el virus "tiene una capacidad de cambio importante" y que, aunque para ellos el aspecto social "ha jugado un rol fundamental en su dispersión", es posible que el peso de la pandemia en el futuro "recaiga más en el patógeno; sobre todo, si surgen variantes que escapen en mayor o menor medida al efecto protector de las vacunas".

"Incluso en la presencia de nuevas variantes capaces de evadir la respuesta previa al virus o a la vacuna, es poco probable que volvamos al punto inicial, ya que nuestro organismo aprendió ya muchas cosas del virus", asegura Martinón.

Niños

Este aspecto es importante porque apuntaría a que no es solo el ambiente lo que determina el éxito de un supercontagio, sino también la facilidad que tienen algunas personas de transmitir el virus a otras, explican. A este respeto, Martinón indica que "los niños no parece que sean los supercontagiadores".

"Hace unos meses surgieron publicaciones que sugerían algunos factores de riesgo que podrían favorecer que una persona fuera supercontagiadora, entre los que se encuentra la edad y la obesidad, pero es difícil identificar a priori al supercontagiador", matiza. "Como no podemos intervenir selectivamente sobre los supercontagiadores, es necesario realizar medidas generales", concluye.

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