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Bicos de Bolboreta: El centro de belleza de A Coruña que nació en plena pandemia

La coruñesa Iria Mosquera decidió abrir su propio negocio en diciembre porque "los sueños hay que lucharlos" y ahora cuida con honestidad a sus clientas, a las que ofrece novedosos tratamientos como la maderoterapia
El interior del centro de estética Bicos de Bolboreta.
Estudio Borrazás
El interior del centro de estética Bicos de Bolboreta.
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El coronavirus trajo consigo una crisis económica que afecta a varios sectores. Sin embargo, y a pesar de que los tiempos no son los mejores, hay emprendedores que se atreven a darle una oportunidad a sus negocios y deciden abrir en plena pandemia. Bicos de Bolboreta comenzó su recorrido el pasado 2 de diciembre en la calle Arquitecto Rey Pedreira (A Coruña) bajo la gerencia de Iria Mosquera, una joven coruñesa que regresó de Latinoamérica hace dos años y medio con la intención de perseguir su sueño.

Este centro de belleza ofrece múltiples servicios para que sus clientes se sientan mejor y dediquen un poco de tiempo a cuidarse. Mosquera lleva más de nueve años dedicándose al mundo de la estética y asegura que la apertura de Bicos de Bolboreta no es "ni de valientes ni de locos", sino la consecución de un sueño. "Los sueños hay que lucharlos. Era algo que siempre me rondó la cabeza. Me hice con fuerzas, me lancé e hice mi sueño realidad", asegura la joven.

Una larga historia con la estética

Mosquera estudió Administración y Dirección de Empresas (ADE) y Peluquería y Estética. Tras trabajar durante más de diez años en una oficina, se mudó a Latinoamérica con su marido y redescubrió su amor por la estética. "Me especialicé en extensiones y lifting de pestañas y en maquillaje oncológico y de efectos especiales", explica la coruñesa.

Varias herramientas empleadas en maderoterapia (Cedida).

La esteticista forma parte de la Asociación Española de Maderoterapia, disciplina que estudia para especializarse en masajes faciales, corporales, del sistema linfático y anticelulíticos. Esta técnica que nació en Oriente permite eliminar toxinas y reducir el volumen de manera natural mediante la utilización de unas herramientas de madera impregnadas en aceites naturales que no producen dolor ni dañan la piel. Los primeros resultados comienzan a verse desde la primera o segunda sesión, cuando la persona empieza a notar la piel más tensa o una reducción de la celulitis.

Tratamientos y cuidado en Bicos de Bolboreta

Este tipo de centros ayudan a la gente a "desconectar de la realidad y a olvidar las penas", por lo que ofrecen múltiples servicios para adaptarse a la demanda de los clientes. "Hago pedicuras, manicuras, tintes de cejas y de pestañas, limpiezas faciales, maquillaje y cursos de automaquillaje", explica Mosquera.

La coruñesa Iria Mosquera en su centro Bicos de Bolboreta (Estudio Borrazás).

Esta profesional de la estética recomienda hacer una limpieza diaria de la piel y mantenerla hidratada, sobre todo ahora que la mascarilla se ha convertido en un elemento de uso cotidiano. Uno de los tratamientos más populares en Bicos de Bolboreta son, precisamente, las limpiezas faciales, aunque también tienen mucho éxito el lifting y las extensiones de pestañas. "Lo único que se ven son los ojos y debemos acentuarlos. Como se dice, son el espejo del alma", comenta la coruñesa.

"Me gusta mucho es la aparatología facial. Hago un tratamiento de masaje con aromaterapia y radio frecuencia para arrugas, poros abiertos o manchas combinado con maderoterapia facial. Se nota mucho y a la gente le encanta", explica Mosquera sobre otra de las opciones que ofrece en su centro. Ella disfruta con su trabajo y le encanta ver como sus clientas reaccionan cuando, por ejemplo, les alarga las pestañas y les "cambia la mirada".

Una clienta antes y después de pasar por las manos de Iria Mosquera (Cedida).

Muchos de los productos que Mosquera emplea en sus tratamientos son naturales y en Bicos de Bolboreta predomina la cosmética natural. Ella misma utilizó durante más de 15 años uñas de gel y acrílicas y asegura que no volvería a ellas. Lo mejor, según esta esteticista, son las uñas naturales y, si están débiles, poner la semipermanente.

Bicos de Bolboreta, trato personalizado y honesto

El perfil de los clientes de Bicos de Bolboreta es variado, aunque muchos de ellos comenzaron a ir a este centro por Iria, que antes trabajaba en otro salón de A Coruña. "Ahora, más que nunca, los chicos también se están cuidando: vienen a hacerse tratamientos faciales y las uñas, y algunos se depilan las cejas con hilo. Está en auge que los hombres también se cuiden", explica la esteticista. Las edades varían según la ubicación: en Juan Flórez, tenía muchos clientas adolescentes, mientras que en el barrio son las mujeres de entre 35 y 50 años las que "se miman un poco más".

Depilación con hilo en Bicos de Bolboreta (Cedida).

La labor de los centros de belleza va más allá de la propia estética. Algunas personas recurren a ellos como una forma de cuidarse cuando ya no pueden, por ejemplo, cortarse las uñas de los pies. Mosquera, precisamente, destaca la importancia de cuidarse los pies durante todo el año: "Los pies sufren de pasar de unas sandalias a unas botas, del frío, del calor, de como andamos, de que pisemos mal...".

"Yo soy esteticista. Para problemas de piel, están los dermatólogos, y para los de pies, los podólogos. Una esteticista puede limar y pintar unas uñas o sacar unos callos, pero cuando hay problema en el pie, los envío a alguien especializado", explica Mosquera. La honestidad es una de las máximas de la propietaria de Bicos de Bolboreta, que siempre le dice la verdad a las personas que acuden a su negocio: "Para mi la clienta no es dinero. Si veo que no le hace falta un tratamiento o que no se le va a notar, se lo digo".

La coruñesa Iria Mosquera en su centro de belleza Bicos de Bolboreta (Estudio Borrazás).

Mosquera también imparte cursos de automaquillaje individuales en los que no importa el horario, sino que los clientes salgan de Bicos de Bolboreta conociendo los productos que tienen y la mejor forma de usarlos. Por esta razón, la esteticista les pide a sus alumnas que lleven el maquillaje que usan en casa para aprender a sacarle la mejor rentabilidad posible.

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