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Adrián Ben, a la final de los 800m: "Nos acabamos de pasar el juego"

Con una remontada épica en los últimos 200 metros, el atleta de Viveiro peleará por las medallas tras acceder por tiempos
Adrián Ben, tras clasificarse en Tokyo
Adrián Ben, tras clasificarse en Tokyo

Por si quedaba alguna duda: Adrián Ben está hecho de otra pasta. El atleta gallego ha emocionado a miles de personas con su semifinal de 800m en la que, tras ir toda la carrera en los últimos puestos, ha conseguido clasificarse en la final de los Juegos Olímpicos por tiempos con 1:44:30

Tras una carrera valiente en las eliminatorias, el del FC Barcelona aplicaba la estrategia que tan bien le funcionó en el Mundial de Doha 2019. Ben estiraba la goma y se colocaba cerrando el grupo de corredores tras una primera vuelta muy rápida por debajo de los 51 segundos, pero reservándose todos los cartuchos tras el toque de campana.

A 300 metros de la meta comenzaba a progresar hacia una cabeza de carrera que si bien estaba a una distancia considerable, cualquiera que haya visto correr al de Viveiro alguna vez no veía tan lejana. Y a base de orgullo, fe y un extraordinario estado físico logró engancharse a ellos en la recta principal, entrando en tercera posición

La llegada al sprint con el francés Tual a dos décimas hacía esperar a la tercera serie con el corazón en un puño. Y la caída da Amos a 120 metros de la meta despejaba la incógnita: el gallego se convertía en el primer atleta español en meterse en una final de 800 metros en una cita olímpica, tras ser el primero en hacerlo en unos Mundiales.

Él mismo reconocía que "se había pasado el juego" (o los Juegos) ya que, por la cantidad de eliminatorias y la dureza de los rivales era una de las pruebas de más nivel en el programa del atletismo. Si el pase a las semifinales era difícil, estar entre los 8 mejores vale kilates. Pero con este chaval no se puede descartar nada.

Con Viveiro y su entrenador de Lugo en el recuerdo

Tras la adrenalina llegó la explosión de emoción. En la zona mixta atendía a TVE sin saber bien qué decir, pero aflorando sus sentimientos más profundos. Preguntado por si se imaginaba en una situación así, dejo una frase para la historia: "A lo mejor me despierto mañana, estoy en Viveiro con 18 años, preparando las cosas para irme a Madrid a entrenar y apostar todo por esto"

La reflexión dejaba claro el duro camino que había pasado desde la adolescencia para poder estar ahí ahora. Pero no solamente en la Joaquín Blume se forjó ese carácter ganador: "Este último año tengo a alguien que me ayuda desde arriba". La referencia era para Mariano Castiñeira, su entrenador y gran descubridor en Lugo, fallecido el pasado 15 de noviembre a los 75 años.

Una muestra más de la grandeza deportiva y humana de un joven que cumplirá este miércoles 23 años.

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