26 noviembre, 2023 02:31

Mark Rakhilkin está obsesionado con los números. Mira una y otra vez un programa que tiene en el móvil que le muestra los euros que está ganando por minuto por el contenido que vende en OnlyFans. "Piénsalo bien: nos quedamos con el 70% de tu dinero y estás facturando muy poco", dice por teléfono a una mujer que busca trabajar con él. Sus escasos 19 años no le impiden sonar convencido y contundente. Sabe que nada de lo que está haciendo es un juego.

Nacido en Rusia pero educado en Tenerife, la suya podría ser una historia de tantas: una infancia y una adolescencia razonablemente felices, un Bachillerato superado sin muchos apuros y un interés por el mundo de los negocios que lo llevó a empezar la carrera de Económicas en la Universidad Complutense de Madrid. De haber seguido el camino marcado, Rakhlikin hubiera terminado sus estudios y se hubiera postulado para trabajar en alguna consultora para adquirir algo de experiencia antes de dar el gran salto de cumplir el sueño de su vida: montar su propio negocio. Sin embargo, en febrero del 2022 se cruzó con él la guerra entre Rusia y Ucrania, y su destino cambió para siempre.

Aún con la mayoría de edad recién estrenada, donde otros solo veían pobreza, horror y muerte, Rakhilkin vio ante sí también una oportunidad, un negocio sólo apto para tipos como él, dispuestos a enriquecerse a costa de lo que sea necesario. En un país como su Rusia natal, en el que la prostitución está tan instalada en la sociedad que llegó a ser legal en el siglo XIX, ¿qué ocurriría con todas las mujeres que vivían de esta actividad? Con el país entero mirando al conflicto bélico con Ucrania, ¿no era esta la clase de negocio que se presenta una vez en la vida?

Mark Rakhilkin tiene 18 años y su empresa factura 500.000 € al mes.

Mark Rakhilkin tiene 18 años y su empresa factura 500.000 € al mes. Imagen cedida

Se puso manos a la obra. A través de contactos en clubs de alterne, empezó a llegar a las chicas para ofrecerles la oportunidad de dejar el trato con los clientes a cambio de subir contenido a OnlyFans. Todo empezaba con una pregunta: "En mitad de todo lo que está pasando, ¿prefieres seguir teniendo contacto directo con hombres o simplemente pasarme a mí videos y fotos que te puedes hacer cuando quieras y donde quieras?". La respuesta era clara.

Como el gobierno ruso había prohibido el uso de la red social en el país, Rakhilkin y su equipo ofrecían sus servicios como managers para abrir las cuentas y administrarlas. Ahí nació No solo Fans, una empresa que factura medio millón de euros al mes, según cuentan ellos mismos. "Yo era la única persona que tenía la capacidad de abrir cuentas a chicas rusas y ucranianas. Allí hay agencias, pero no podían por la censura”, dice. Los métodos que utiliza para poder hacerlo, explica, no los puede compartir.

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Menos de dos años más tarde, tiene una plantilla de 80 personas que manejan las redes sociales de 135 mujeres en Rusia, 34 en Brasil, 17 españolas y 50 en el resto de Europa. Su contenido sexual se vende sobre todo en países como Alemania, Reino Unido y Estados Unidos. "Nunca vendemos en el país de origen de la mujer que tiene la cuenta. Así evitamos que su familia se entere de lo que hace". Al día, el ruso asegura que recibe más de cinco solicitudes de mujeres que quieren trabajar para él.

Las mujeres cobran en promedio 20.000 euros, de los que la agencia se queda con el 70%. Rakhilkin asegura que el 25% es para él. "La mujer que tengo ahora mismo que más factura llega a los 100.000 euros al mes", dice.

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Dentro de la empresa, las mujeres sólo se encargan de grabar el contenido con los límites que se establecen en el contrato: "Algunas piden que no se les vea la cara, otras el no tener sexo en directo", explica. El resto del trabajo le corresponde a los managers.

La plataforma de OnlyFans está formada por canales privados, accesibles bajo suscripción. Desde allí las personas emiten contenido como si fuera un servicio de streaming. Los fans pagan mensualmente una cantidad estipulada por el dueño del perfil. Además, los suscriptores tienen la posibilidad de tener un chat privado con las dueñas de las cuentas: por ahí también se pueden mandar videos y fotos por un precio extra.

Pero la cosa tiene truco. "Los clientes creen que están hablando con las mujeres de las fotos, pero la realidad es que al otro lado de la pantalla hay un hombre de la agencia que se encarga del chat", asegura. "Marco cree que está teniendo una conversación sexual con Vanessa, por ejemplo, pero en realidad la está teniendo con Raúl". Cuando Rakhilkin empezó su negocio, él mismo se encargaba de responder a sus clientes. "Me llegaban al día cientos de fotopollas", relata.

Dinero a cambio de intimidad

Debido a la alta demanda de las estrellas porno en la plataforma de OnlyFans, desde Filipinas trabajan cientos de empleados como chateadores que suplantan la identidad de las modelos en la red social y venden contenido personalizado en los chats, según ha adelantado EL PAÍS. El manager contactado por este periódico acepta el uso de estos chateadores y explica qué se hace para mejorar la rentabilidad del negocio. 

En los mensajes directos con los suscriptores es donde más dinero se gana porque por cada foto o video personalizado se paga aparte. Esto va más allá de la tarifa que pagan mensualmente los suscriptores, como explican desde la agencia No solo Fans.

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La red social, que durante mucho tiempo se consideró la uberización del porno, porque en ella, supuestamente, las mujeres se saltaban a los intermediarios, ahora se está llenando de agencias de management que se encargan de rentabilizar al máximo las cuentas. "Es un negocio muy nuevo, pero ya nos están copiando mucho", asegura el empresario, que hace poco decidió hacer público en sus redes su trabajo.

La divisa de la red social son los dólares, por lo que todas las transacciones se hacen en OnlyFans a la cuenta bancaria de la empresa. Después, son ellos los encargados de pagarle a la mujer que produce el contenido. La red social para adultos tiene 120 millones de usuarios en el mundo y reparte una media de 200 millones de euros mensuales entre sus creadores, según datos que la compañía publicó a principios de 2021.

Uno de los deportes favoritos de Rakhilkin es el boxeo.

Uno de los deportes favoritos de Rakhilkin es el boxeo. Imagen cedida

"Las mujeres que más triunfan no son necesariamente las más guapas, sino las que tienen rasgos únicos. Las gordas, las trans, las que tienen alguna macha sobre la piel. Tengo una que sufre de alopecia que lo está petando", afirma Rakhlikin mientras mira los mensajes directos que le llegan a las chicas de celebridades y futbolistas.

Pero la actividad está empezando a pasarle factura. El año pasado, sin ir más lejos, de tanto ver porno durante todo el día por trabajo terminó saturado y tuvo que tomarse un descanso: "No podía ver una sola teta más. Me estaba afectando mucho a mi deseo sexual. Ya nada me ponía", cuenta el empresario, que tiene claro que el día que se case su mujer no podrá trabajar en Only Fans.

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Hoy, Rakhilkin considera que su trabajo ayuda a las mujeres a dejar la prostitución. Muchas de ellas, cuenta, tienen adicciones o problemas de salud mental con los cuales les ayudan con terapia psicológica dentro de la empresa: "Mi deseo es que las mujeres que entren en este mundo lo hagan con mucho cuidado. En el negocio es importante dejar los límites claros y no trabajar nunca con hombres que tengan deseo sexual hacia ellas".

Desde hace un año, vive en el madrileño municipio de Pozuelo, desde donde administra su imperio. "Tengo más de diez móviles desde donde controlo todos mis negocios", asegura. La razón para tantos teléfonos es porque en cada uno tiene decenas de cuentas de OnlyFans que abre con un programa que lo geolocaliza en Nueva York: "Las mujeres usan sus cuentas desde Rusia, pero gracias al servidor que usamos parece que están en Estados Unidos".

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Rakhilkin, además de ser ruso, tiene pasaporte israelí. Explica que en el conflicto entre Rusia y Ucrania va con Ucrania, pero entre Israel y Palestina, va con Israel: "Ya nunca sé qué pasaporte usar", explica, mientras presume de que gracias a su doble nacionalidad los bloqueos a las grandes fortunas rusas no le han afectado. Esto no le ha impedido tener algún que otro problema, sobre todo con Hacienda: "A mí no me importa pagar impuestos, pero hay gente muy envidiosa".

A su corta edad, se siente orgulloso de decir que lidera cuatro equipos de diferentes emprendimientos: una agencia de marketing, un pódcast llamado MafiaCast, una startup de IA y la agencia de management más grande de OnlyFans de habla hispana: "Nací en una familia con mucho dinero, siempre he sido rico".

Trabaja de sol a sol. Un imperio, explica, no se construye en un día. Su tiempo libre, eso sí, lo dedica a darse la buena vida por los restaurantes de Madrid: le encanta la buena carne. Aunque su verdadera afición desde hace muchos es el boxeo: "Es mi deporte por excelencia". Allá donde va, toma un Uber porque dice no tener tiempo para sacarse el carné de conducir. Parece razonable: no hay tiempo para actividades tan mundanas cuando el gran objetivo, revela el ruso, es ser más rico e importante que el mismísimo Amancio Ortega. Rakhlikin no lleva mal ritmo: un imperio del sexo a los 19 años.