26 noviembre, 2023 02:31

Puede que a muchos les haya resultado una imagen curiosa, pero ver al rey Felipe VI vestido de piloto dentro de un avión del Ejército compartiendo risas y comentarios con uno de los aviadores es algo verdaderamente inusual. Sin embargo, se puede decir que para el monarca es su hábitat natural. Él es militar y se siente uno de ellos hasta la médula. Por eso, todos, desde los generales hasta el primer soldado raso, lo respetan hasta el punto de que han jurado, como hizo la princesa Leonor el pasado día 7 de octubre, dar su vida por él.

El momento que han recogido todos los medios de comunicación tuvo lugar el pasado miércoles cuando el Rey recorrió las instalaciones de la Maestranza Aérea de Albacete (MAESAL), en la Base Aérea de Los Llanos. El Monarca quería conocer de primera mano el Programa de Liderazgo Táctico donde se forman los mejores pilotos de combate de la OTAN desde el año 2009.

Se trata de un programa internacional de entrenamiento táctico avanzado para tripulaciones aéreas, constituido por el acuerdo de diez países miembros de la OTAN: Alemania, Bélgica, Dinamarca, España, Estados Unidos, Francia, Grecia, Holanda, Italia y Reino Unido. Tiene la misión de aumentar la eficacia de las fuerzas aéreas aliadas mediante el desarrollo de habilidades de liderazgo, planificación de misiones, instrucciones, operaciones aéreas tácticas, habilidades de información e iniciativas conceptuales y doctrinales.

El Rey Felipe VI (4i) durante una visita al ‘Tactical Leadership Programme’ (TLP) y las instalaciones de la Maestranza Aérea de Albacete (MAESAL), en la Base Aérea de Los Llanos, a 22 de noviembre de 2023, en Albacete, Castilla-La Mancha (España).

El Rey Felipe VI (4i) durante una visita al ‘Tactical Leadership Programme’ (TLP) y las instalaciones de la Maestranza Aérea de Albacete (MAESAL), en la Base Aérea de Los Llanos, a 22 de noviembre de 2023, en Albacete, Castilla-La Mancha (España). Víctor Fernández Europa Press

Vestido como un piloto más, con mono y una cazadora de color verde caqui tipo bomber con los escudos correspondientes, Felipe VI conoció todos los detalles del programa, las instalaciones de la base y, sobre todo, pudo pasar una mañana con sus compañeros. "Al Rey le encanta, se siente uno de ellos, los escucha, les atiende y, sobre todo, les comprende. Es en este tipo de actos es en los que de verdad se encuentra relajado y disfruta", explica a EL ESPAÑOL | Porfolio una fuente cercana al equipo de Zarzuela.

Hay que recordar que el artículo 62 de la Constitución Española otorga el mando supremo de las Fuerzas Armadas al rey. Por eso, este tipo de momentos, como los que vivió el otro día en Albacete, son especiales para él, ya que le permiten demostrar su cariño hacia quienes considera sus compañeros.

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Se puede decir que el mes de octubre fue una demostración tras otras de estas afirmaciones. El día 7, su hija, la princesa Leonor, juró bandera en el mismo lugar en el que lo había hecho él 38 años antes. Aunque todos los focos de atención estaban puestos en la Princesa de Asturias, si una cámara hubiera estado retransmitiendo la cara del monarca durante toda la ceremonia, la gente se hubiera emocionado.

"Estaba orgulloso, feliz y disfrutando de cada momento que estaban viviendo. Entendió y comprendió que había conseguido inculcarle a su hija el mismo amor que siente él con todo lo relacionado con el mundo militar", explica a este diario la misma fuente. "El Rey ama ese uniforme por encima de muchas cosas. Los que lo conocen saben que su paso por el Ejército no fue un mero trámite a cumplir: se empapó de la vida de los cuarteles, hizo amigos que ahora son su mejor compañía y es cuando está con ellos cuando más relajado se le ve", añade.

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El respeto y la admiración son mutuos. Aunque hay que aclarar que, aunque el rey es capitán general de los tres ejército en servicio activo, Felipe VI no forma parte de la cadena de mando y su potestad es simbólica o representativa. Aunque es verdad que poco les importa eso a los militares que ven en él la figura y el faro al que seguir.

Una prueba de la influencia que la figura del monarca tiene sobre los mandos castrenses ocurrió con su padre, Juan Carlos I. Pese a que la Constitución Española no le concede el mando al rey, cuando tuvo que hacerlo, lo hizo. Aunque esto sólo ha ocurrido una vez: la noche del 23 de febrero de 1981.

El Rey Felipe VI (2d) durante una visita al ‘Tactical Leadership Programme’ (TLP) y las instalaciones de la Maestranza Aérea de Albacete (MAESAL), en la Base Aérea de Los Llanos, a 22 de noviembre de 2023, en Albacete, Castilla-La Mancha.

El Rey Felipe VI (2d) durante una visita al ‘Tactical Leadership Programme’ (TLP) y las instalaciones de la Maestranza Aérea de Albacete (MAESAL), en la Base Aérea de Los Llanos, a 22 de noviembre de 2023, en Albacete, Castilla-La Mancha. Víctor Fernández Europa Press

El anterior jefe del Estado se vistió el uniforme y llamó a todos los principales mandos del Ejército, incluido Jaime Milans del Bosch, sublevado en Valencia, para ordenarle que no secundara el golpe de estado. Aquella histórica velada, Juan Carlos se excedió en su poder sobre el Ejército pero, evidentemente, nadie se lo reprochó. La Constitución ya establecía entonces que es el Gobierno el que dirige la administración militar y la defensa del Estado, y que los actos del monarca deben ser refrendados por el presidente o el ministro que corresponda.

Mucho ha llovido desde entonces y también cambiado el ejército y la corona. El actual rey se considera parte de las Fuerzas Armadas y, por eso, como ocurrió el pasado miércoles, le gusta hacer regulares visitas a las unidades y maniobras. Son frecuentes sus reuniones con los mandos militares y, por supuesto, no se pierde los encuentros con sus distintas promociones, como la XLIV de la Academia General de Zaragoza y sus equivalentes en San Javier, Murcia, y en Marín, Pontevedra.

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El Rey preside, cuando puede, el Consejo de Defensa Nacional, y las órdenes militares de San Fernando y San Hermenegildo. También elige al jefe de su cuarto militar, un puesto con el rango de teniente general o almirante, en el que se van turnando los tres ejército. Y cuenta con la Guardia Real, más de 2.000 soldados cuya misión es rendir honores al jefe del Estado, a la Familia Real y a los mandatarios extranjeros que visitan España.

Con militares, Felipe VI comparte horas de intimidad, partidos de pádel y alguna que otra salida nocturna. Entre aquellos encuentros suele estar el teniente coronel Fernando Rocha y Castilla, que fue testigo de su boda en 2004; el coronel Fernando Morón; Fernando Carrillo Cremades, responsable de Apoyo de la Guardia Real; el teniente coronel Francisco Javier Vidal; y Eduardo Diz Monje, al frente de la Guardia Real.

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Una de las personas más cercanas al rey es el general de brigada Emilio Tomé de la Vera, quien fue su tutor en Zaragoza, y que actualmente dirige el gabinete de planificación y coordinación de la casa de su Majestad. "Es uno de sus más fieles consejeros y amigos, a pesar de la edad. Emilio lo lleva con el orgullo que es para todos saber que sirves de la mejor manera a España", explica a EL ESPAÑOL | Porfolio otra fuente muy cercana a Zarzuela.

A casi todos sus amigos militares los conoce de cuando el actual monarca tenía 17 años. Acaba de terminar COU en Canadá y llegó a la Academia de Zaragoza en el mismo estado que su hija Leonor hace tres meses, acostumbrado a vivir en una burbuja de colegio privado con unos compañeros de su misma clase social. "Pero en la Academia fue un shock. Eran 24 horas juntos. Vivíamos, comíamos, trabajábamos juntos, cinco días a la semana y durante 52 semanas al año. Acabas muy unido".

El Rey Felipe VI (2i) a su llegada durante una visita al ‘Tactical Leadership Programme’ (TLP) y las instalaciones de la Maestranza Aérea de Albacete (MAESAL)

El Rey Felipe VI (2i) a su llegada durante una visita al ‘Tactical Leadership Programme’ (TLP) y las instalaciones de la Maestranza Aérea de Albacete (MAESAL) Víctor Fernández Europa Press

"Con los mandos le dábamos el trato de príncipe, cuando estábamos solos era Felipe, sin más. A veces le llamábamos Pipe o Winston, por ser largo y rubio como el tabaco. Y así sigue siendo, tantos años después", confiesa uno de los amigos del rey. "Al principio era muy reservado, hasta que cogía confianza. Se negaba a que le invitáramos, siempre pagaba y tenía obsesión por ser tratado como uno más", añade.

Felipe VI vivió uno de sus episodios más dramáticos de su vida dentro del Ejército. Fue en la la Academia General del Aire de San Javier, donde entró para formarse como piloto, recibiendo la "suelta" el 27 de enero de 1988, pilotando solo una avioneta mentor C-101. Unos días antes de que pilotara solo, se mató un compañero suyo en una avioneta similar realizando el mismo ejercicio, por lo que, ante el impacto psicológico, se pensó retrasar su "suelta", pero su padre, el rey Juan Carlos, pidió que continuara el plan previsto.

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En Murcia, a Felipe VI le llamaban los compañeros 'SAR', las siglas de Su Alteza Real, que coinciden con las del servicio aéreo de rescate, que descubrió su pasión por volar. "Siempre quería más" aseguraba su instructor. También se le recuerdan detalles de compañerismo, como escribirle a Francisco Javier Vidal, uno de sus mejores amigos en la actualidad, el discurso que debía pronunciar ante el presidente murciano como número uno de su promoción.

El actual jefe del Estado ha encontrado en el ambiente militar, y sumado a la presencia de doña Letizia, una de las mejores maneras de tomarle el pulso a la sociedad española. Ha encontrado en ellos un compañerismo que aprecia y cultiva con el paso de los años. Así se desprende de muchas de sus declaraciones públicas cuando visita alguna unidad o de gestos como el que tuvo en Sevilla el pasado mes de junio, cuando aprovechó que presidía un acto en la ciudad para visitar a un compañero del Ejército que está gravemente enfermo.

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Se desplazó a su casa, en el barrio del Nervión, de forma absolutamente privada, aunque no pudo evitar revolucionar la zona con su presencia. Su destino era el domicilio de un teniente coronel del Ejército del Aire, un amigo personal que fue compañero de promoción de la Academia General de San Javier en la que Felipe VI ingresó en 1987.