Hemos llegado a un punto en España en el que no sólo respetamos las singularidades identitarias (sobre todo aquellas que poseen un idioma propio, léase gallego, eusquera o catalán), sino que permitimos que los nacionalismos que ejercen el monopolio sobre dichas singularidades deriven en una suerte de imperialismo lingüístico sobre el resto de los españoles. Imperialismo que pretende invadir hasta nuestra intimidad. La de nuestros mismos apellidos. Vivamos o no en esas comunidades con lengua propia.

Se trata de algo de más alcance, y más profundo, que lo que pasó con el nombre de las provincias vascas en 2011. Entonces, y a cambio del apoyo del PNV a los últimos Presupuestos Generales de José Luis Rodríguez Zapatero, la denominación oficial de Vizcaya y Guipúzcoa pasó a ser Bizkaia y Gipuzkoa. Y así se tuvo que utilizar a partir de entonces, por todos los españoles, en Correos, Notarías y allí donde hubiera que utilizar el nombre oficial de esas dos provincias.

Con Álava, en cambio, el nacionalismo tuvo a bien mantener oficialmente las dos formas, Álava o Araba. Algo por lo que tenemos encima que estar agradecidos, visto lo visto. Esto es muestra de algo que sólo cabe calificar de imperialismo lingüístico impulsado por el nacionalismo vasco sobre el resto de España. Auspiciado, además, por quienes deberían velar por lo común de todos los españoles.

La Academia de la Lengua Vasca incluye el apellido Franco como apellido vasco y su grafía eusquérica correcta sería Franku

Como saben, existe un listado oficial de apellidos vascos gestionado por la Real Academia de la Lengua Vasca. Que, por otra parte, ya nadie llama así (siendo como es su nombre oficial desde que se creó, bajo la protección del rey Alfonso XIII, en 1919), sino por su nombre en eusquera: Euskaltzaindia. En ese listado aparecen todos los apellidos que, según dicha institución, son vascos. Y todos ellos tienen dos versiones. La de siempre y, a su lado, la que se propone como correcta en grafía eusquérica.

La última actualización de ese listado, que data de 2005, incorpora el apellido Franco como apellido vasco (junto con otros que ahora veremos) y su grafía eusquérica correcta sería Franku.

Y ustedes pensarán que estamos hablando de una ocurrencia. Ocurrencia que podrá tener sus razones de índole histórica, discutibles, o sus implicaciones ideológicas. Pero a lo que, en fin, no hay que darle mayor pábulo fuera de ese ámbito puramente historiográfico o pseudopolítico.

Si te presentas con el certificado de Euskaltzaindia en cualquier Registro Civil, puedes cambiar la grafía oficial de tu apellido

¿Pero qué les parecería si les digo que ese nomenclátor de apellidos vascos tiene valor legal en toda España?

De hecho, llamé a un par de Registros Civiles para corroborarlo. Y me dijeron que, en efecto, si te presentas con el certificado de Euskaltzaindia en cualquier Registro Civil del territorio nacional, puedes cambiar la grafía oficial de tu apellido. De modo que, si te apellidas Franco, puedes cambiarlo perfectamente por Franku, que es su correlato eusquérico, vivas en Guipúzcoa o en Albacete.

Eso mismo se puede hacer con los siguientes apellidos que también aparecen en el listado de apellidos vascos:

Álvarez por Albaritz, Díaz por Diaitz, Díez por Dieitz, Domínguez por Domingitz, Duque por Duke, Escudero por Eskudero, Fernández por Fernanditz, García por Gartzia, Jiménez o Giménez por Ximenez o Ximenitz, Gómez por Gomitz, González por Gontzalitz, Ibáñez por Ibañitz, López por Lopetz o Lopitz, Márquez por Markitz, Martínez por Martinitz, Muñoz por Munioitz, Pérez por Peritz, Ramírez por Ramiritz, Rodríguez por Rodrigitz, Ruiz por Ruitz, o, en fin, Sánchez por Santxez o Santxitz.

Y eso por referirme sólo a los apellidos más comunes. Porque hay otros que no lo son tanto, pero que también son españoles de pura cepa y a los que también les han plantificado el correlato eusquérico.

El colmo es considerar Olivares apellido vasco y poner por trasunto eusquérico Olibares u Olibariz. Porque todos sabemos que, por esta parte del norte de España (salvo en la Ribera de Navarra, donde producen un aceite buenísimo) los únicos olivares que podemos ver son de un solo olivo, traído expresamente desde el sur como pieza ornamental para decorar un parque urbano o un jardín particular.

Lo importante es la posibilidad, avalada oficialmente, de euscaldunizar apellidos inequívocamente españoles

La primera versión del nomenclátor de apellidos vascos de la Real Academia de la Lengua Vasca data de 1998. Y en aquella versión no estaban incluidos ninguno de los apellidos que he citado antes, salvo García por Gartzia.

Hoy, según el INE, ya hay más de 500 personas que se apellidan Gartzia, sobre todo de primer apellido, y también algunas decenas de Albarez, Ximenitz, Lopitz o Santxez.

El número es muy pequeño en relación con los españoles que siguen llevando sus apellidos originales, ya lo sabemos. Pero aquí lo importante es la tendencia. La posibilidad que se ofrece, avalada oficialmente, de euscaldunizar apellidos inequívocamente españoles.

Esto sería absolutamente impensable en Francia, donde incluso los propios apellidos eusquéricos se escriben solo con la grafía oficial común, que incluye haches intercaladas, la letra T antes de CH o la clásica Ç francesa.

Estamos, por tanto, ante un artefacto político y lingüístico del nacionalismo vasco. Avalado, lo que es más insólito aún, desde instancias centrales del Estado.
Y esto pasa desde 2005, cuando se introdujeron ahí esos apellidos irrefutablemente españoles y sin que nadie levantara la más mínima advertencia por ello.

Ya saben que durante toda la Transición se cambió la grafía en calles, localidades, montes, ríos, provincias, indicadores de tráfico y demás. Pero eran cambios que, salvo el relativo a las provincias, afectaban sólo a territorio vasco.

Por el contrario, Euskaltzaindia no sólo incluye en su listado apellidos inconfundiblemente españoles, sino que extiende su efecto sobre todo el territorio español.

En plena dictadura de Franku, los filólogos vascos se reunieron en Aránzazu para poner en marcha el eusquera oficial

Si esos apellidos españoles se consideran también vascos es porque todos ellos aparecen en los registros parroquiales del País Vasco con la misma antigüedad, si no más, que los apellidos propiamente eusquéricos. Algo que, si una cosa demuestra, es la íntima imbricación de todos ellos sobre un mismo territorio desde tiempos ancestrales.

Por lo tanto, no tiene ningún sentido ponerles una grafía eusquérica. Más aún teniendo en cuenta que esa manera de escribir en eusquera tampoco existió nunca antes, sobre todo por lo que respecta al uso masivo de las letras K, Z, B y al compuesto TX en sustitución de C, Q, V o CH.

Esa grafía novedosa se incorporó, como fórmula ortográfica de la norma unificada, por la reunión de filólogos que puso en marcha el eusquera oficial que conocemos hoy, el llamado eusquera batua.

Reunión que tuvo lugar en el monasterio de Aránzazu (Guipúzcoa) en 1968. Es decir, en plena dictadura de Franku.

*** Pedro José Chacón Delgado es profesor de Historia del Pensamiento Político en la UPV/EHU.

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