Me quedé impresionado la semana pasada con la serie documental sonora que ha dirigido Carlos Alsina para su programa ‘Más de Uno’ de Onda Cero: ‘1931’, sobre la proclamación de la II República y lo que llevó a ella. Está disponible en diez podcasts.

Les recomiendo la escucha a quienes se la perdieron, porque logra el efecto de que vivamos la historia de ese modo acuciante y complejo, nervioso, aturdidor, en que se vive desde el presente. Cuando prima la incertidumbre sobre la fatalidad. La historia se hace y ahí se ve (se oye) cómo se hace.

Me he acordado de otra serie sonora, muy larga, que seguí de adolescente en Radio Nacional, sobre la historia de España en el siglo XIX. No recuerdo su título, pero sí que recitaban en los créditos estos versos del poema “En la plaza”, de Vicente Aleixandre: “no te busques en el espejo, / en un extinto diálogo en que no te oyes. / Baja, baja despacio y búscate entre los otros. / Allí están todos, y tú entre ellos”.

Hacía pocos años de la intentona golpista de Antonio Tejero y era agobiante asistir al desfile de nuestros espadones decimonónicos, con sus asonadas y sus quebrantos. Todo era un lío sin solución. Predominaba, sin embargo, el ánimo de que nuestro país ya no era aquel desastre, de que había encontrado el camino.

Ese ánimo ha desaparecido. La sensación es la contraria ahora, nos hemos vuelto a extraviar. Por eso el ‘1931’ de Alsina se escucha con una particular pesadumbre. Algunos simpatizamos con la II República, con su proyecto, con sus ilusiones, sin podernos quitar de la cabeza su dificultosa realidad, ni cómo acabó. Es una simpatía trágica.

Otros, en cambio, la celebran acríticamente, como una quimera, como herramienta guerracivilista trasladada a la actualidad. Son, curiosamente, los herederos de los que minaron la República desde dentro, contribuyendo a su derrumbe. Tanto como los fascistas, o más.

Entonces, como hoy, estuvieron contra el Estado democrático realmente existente. Entonces para cambiarlo por la Revolución, hoy (qué paradoja) por aquella República.

Aunque se ha señalado la truculencia de aquellas elecciones municipales del 12 de abril de 1931, en los podcasts de Alsina se percibe que con la República estaba lo mejor del país. En la izquierda, pero también en la derecha. Hubo una ocasión real de que España fuese un país democrático y moderno.

Pero no pudo ser. Pronto la realidad se empezó a cargar los sueños. Qué rabia la de los que estamos en la simpatía trágica por nuestra República. También (¡casi más rabiosos aún!) contra nuestros actuales necios (¡es que nos queman la sangre!) del republicanismo.

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