La hipertensión, junto a la diabetes o la obesidad, es uno de los grandes males de la sociedad occidental actual. Su control debe ser exhaustivo, pues mantener una hipertensión durante un largo plazo sin control alguno es el primer factor de riesgo para acabar en un ictus o accidente cerebrovascular.

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Hasta ahora, las cifras “límite” de hipertensión solían ser entre 140 (tensión sistólica o “alta”) y 90 (tensión diastólica o “baja”) como medidas estandar, disminuyendo en caso de sufrir alguna enfermedad asociada. Sin embargo, un reciente estudio a cargo del Hospital Brigham de Mujeres de Boston ha llegado a una curiosa e importantísima conclusión: Disminuir de forma más intensa la hipertensión podría salvar muchísimas vidas más.

La hipertensión y la necesidad de un mayor control

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La investigación actual, presentada y criticada en una reunión de la Asociación Americana del Corazón en Orlando, ha llegado a la conclusión de que reducir todavía más los objetivos de hipertensión arterial de forma drástica no solo evitaría los mencionados ictus, sino que también evitaría fallos cardíacos (por insuficiencia cardíaca) y disminuiría sobremanera el riesgo de muerte total en los individuos de 50 años o más.

Para llegar a tal conclusión, los investigadores tenían pensado seguir durante cinco años a más de 9.300 pacientes diagnosticados de hipertensión arterial, un estudio que fue detenido con solo dos años de investigación al observar que se producía un gran beneficio sobre la mortalidad y otros factores de riesgo cardiovascular.

Según dichos resultados, los pacientes que conseguían reducir su presión arterial por debajo de 120 (sistólica o alta) en comparación a los que se mantenían por debajo de 140, conseguían disminuir el riesgo de insuficiencia cardíaca en un 38%, y el riesgo de muerte por causas cardíacas hasta un 43%. Evidentemente fueron razones de peso para acabar paralizando el estudio con antelación ante tales beneficios con un tratamiento intensivo de la hipertensión.

En hallazgos previos ya se vislumbró que la reducción drástica de la presión arterial por debajo de ese 120 disminuía hasta un 33% la tasa combinada de infartos cardíacos, ictus e insuficiencia cardíaca; y el riesgo de muerte por cualquier causa hasta un 25%. Además, por su parte, la frecuencia de problemas renales cayó hasta un 4,1% entre aquellos que disminuían más su hipertensión previa (en comparación al 2,5% de aquellos que la mantenían menor a 140).

Hipertensión, ¿se necesita un cambio drástico en el tratamiento actual?

Cabe destacar, por otro lado, que incluso los pacientes mayores de 75 años parecían tolerar bien un tratamiento intensivo de su hipertensión para lograr cifras de 120, cosa que reconfortó a los investigadores.

Ahora bien, la polémica está servida: ¿Se debe ser más exhaustivo en el control de la hipertensión? ¿Se deben reducir los límites de 140 a 120, al saber los beneficios que ello conlleva; o pueden existir efectos secundarios del tratamiento intensivo que debemos tener en cuenta?

Según comenta el Dr. Jackson Wright, autor principal de la investigación publicada en el prestigioso New England Journal of Medicine:

“La magnitud de los beneficios ha sido tan claramente demostrada por la evidencia de la prueba Sprint que creemos que se deben tener en cuenta estos resultados en cuando a objetivos óptimos de presión arterial en un futuro”

Aún así, los investigadores son cautos y siguen analizando sus datos para ver si esta disminución exhaustiva podría afectar en forma de deterioro cognitivo, o incluso empeorando la enfermedad renal que sufren muchos de estos pacientes a largo plazo.

Vía | Reuters.