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Vodafone revela que gobiernos de todo el mundo pinchan sus líneas en secreto

6 junio, 2014 10:23

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Un año después de que Edward Snowden filtrase documentos de la NSA e iniciase un gran movimiento por la privacidad, la operadora Vodafone acaba de realizar un comunicado revelador: agencias de gobiernos de todo el mundo interceptan y graban conversaciones de sus clientes. Esta práctica se da en algunos de los 29 países en los que la compañía tiene presencia, pero no ha podido revelar cuáles son para no sufrir consecuencias legales.

Vodafone saca a la luz prácticas oscuras

Este espionaje de ciudadanos se produce en algunos casos conectando directamente cables a la red de la compañía, además de los de otras operadoras. Esto les permite a las agencias gubernamentales escuchar y grabar conversaciones, y a veces, localizar a los usuarios. En la mayoría de los casos las operadoras no pueden saber cuándo se están produciendo estas escuchas ya que las agencias no piden órdenes judiciales ni avisan a la compañía, y solo después del hecho descubren las pruebas.

Vodafone asegura que ha tomado el difícil paso de anunciar públicamente estas prácticas para obligar a los gobiernos a abandonarlas.

“Hacemos un llamamiento terminar con este acceso directo a las llamadas. […] Si recibimos una demanda podemos luchar contra la agencia. El hecho de que el gobierno tenga que publicar una hoja de papel es una restricción importante en como sus poderes son usados.”  Stephen Deadman, responsable de privacidad de Vodafone.

Vodafone no ha podido listar los países que usan estas prácticas ya que en varios de ellos la mera mención de que son posibles constituyen un delito. En España el gobierno permitió a la compañía desvelar que ha recibido mas de 24.000 peticiones de datos, pero no hay mención a estas técnicas de líneas “pinchadas”. Grupos como Privacy International han definido esta revelación como una pesadilla, y califican este anuncio de Vodafone de un movimiento valiente por parte de la compañía que esperan que siga el resto.

Fuente | The Guardian