Juan Luis López Aranguren, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Zaragoza.

Juan Luis López Aranguren, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Zaragoza. Eduardo Buxens. Cedida.

Asia

López Aranguren, profesor y analista, sobre la cumbre EEUU-China: "Xi sigue una estrategia meticulosa, Trump va de farol"

"Trump se lanzó a la piscina pero no había tanta agua. Ha estrangulado el suministro de petróleo pero el control no está en sus manos"/ "La lucha por el control del petróleo y la guerra de aranceles son estrategias de contención"/ "China juega al Go, un juego de enorme complejidad; Rusia juega al ajedrez: estrategia y engaño; y EEUU juega al póker: gana el que más faroles echa".

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Las claves

Las claves

El profesor López Aranguren analiza la inminente cumbre entre Trump y Xi Jinping, destacando la estrategia meticulosa del líder chino frente al estilo impulsivo y de farol de Trump.

El Indo-Pacífico se consolida como el nuevo centro de gravedad mundial, con China como actor principal, una región clave por su peso demográfico, económico y militar.

El auge chino desafía la hegemonía estadounidense en ámbitos como la inteligencia artificial, el control marítimo y la producción industrial, intensificando la competencia global.

La tensión en Taiwán, los conflictos en el Indo-Pacífico y la pugna por recursos estratégicos aumentan el riesgo de confrontación directa entre grandes potencias.

El presidente Donald Trump y su homónimo chino Xi Jinping están a punto de encontrarse. El profesor Juan Luis López Aranguren, autor de El eje del mundo que viene (editorial Ariel), nos ayuda a comprender la importancia capital de ese encuentro. Un nuevo orden mundial amanece por el este, pero no sabemos cómo lo hará.

Europa brilló durante el siglo XIX y América se apropió del XX, pero el siglo XXI es de Asia. Eso propone López Aranguren, un pamplonés de 42 años, profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad de Zaragoza.

Se enamoró de Asia y de su cultura desde su primer viaje en 2004, mientras estudiaba periodismo. Diplomado en Estudios Avanzados de Asia y en Comunicación Internacional, obtuvo maestrías en Sociología y Relaciones Internacionales y en Análisis Político. Es doctor en Filosofía, en la rama de Comunicación Internacional.

Vivió en Japón, conoció China e India y de las notas de sus experiencias y de sus años de estudio surgió El eje del mundo que viene. Es un manual imprescindible para entender por qué el peso del poder se inclina hacia el Indo-Pacífico.

Desde su obra, conecta al lector con todas las dimensiones de la realidad de una región que tiene mucha influencia cultural, económica o política en nuestras vidas. Los grandes cambios nos afectan, aunque no sepamos de dónde vienen, porque "todo está conectado".

El centro de gravedad del planeta se desplaza al Indo-Pacífico ¿Qué significa y por qué es tan importante?

El término lo acuñó el almirante estadounidense Alfred Mahan, estratega militar del siglo XIX. Sostenía que el poder político y comercial dependía del control de las rutas marítimas y que la balanza se inclinaría a favor de las potencias oceánicas, como lo fue España durante siglos.

Portada del libro El eje del mundo que viene, de Juan Luis López Aranguren.

Portada del libro El eje del mundo que viene, de Juan Luis López Aranguren. Eduardo Buxens. Cedida.

Él dijo: "Aquel que domine el océano índico dominará Asia y el destino del mundo se decidirá en sus aguas". Los dos estrechos clave para el comercio mundial están en el Índico: Ormuz y Malaca.

El concepto de Asia como continente evolucionó en el siglo XX al de Asia-Pacífico como región. Hoy nos referimos al Indo-Pacífico, como el territorio, los archipiélagos y los océanos donde habita el 65 % de la población mundial y se genera más del 60% del PIB del planeta.

Allí confluyen grandes potencias nucleares: China, India, Pakistán, Corea del Norte y, en parte, Rusia. La mitad del arsenal nuclear mundial está en la región

El Indo-Pacífico, además de inmensos recursos naturales y energéticos, acoge los puntos más calientes del planeta. Conflictos latentes o abiertos entre China y Taiwán, Pakistán y Afganistán, China y Japón y, por supuesto, Irán e Israel.

La región del Indo-Pacífico.

La región del Indo-Pacífico. Shutterstock.

China es el actor más destacado de la región ¿Hacia dónde va?

El 'imperio del centro', como se llama China en su lengua, representa el 18 % de la población mundial y el 19 % del PIB. Su crecimiento económico ha sido espectacular, con índices de dos dígitos durante varios años. Hoy se ha moderado, pero sigue siendo del 5 %, casi el doble que el de EEUU.

El dato más llamativo es que la clase media ha pasado del 7% al 50% de la población en menos de dos décadas. Hablamos de 700 millones de personas concentradas en unas cuantas grandes ciudades.

Es un reto descomunal desde el punto de vista social, urbanístico, medioambiental, energético y, por supuesto, político. El Partido Comunista sigue ostentando el poder y controla cada aspecto de la vida de la población.

Pero las fuentes de legitimación del poder han cambiado. Tras la fundación del partido, eran ideológicas. Desde los 70, fueron económicas, pero, con una clase media tan numerosa y un crecimiento moderado, hace falta una fuente nueva.

El profesor López Aranguren explica el concepto en una conferencia del Euskal Encounter de Bilbao.

El profesor López Aranguren explica el concepto en una conferencia del Euskal Encounter de Bilbao. Cedida.

Ahora, se apela a la legitimidad nacionalista. Xi Jinping quiere conducir a la nación al mismo lugar de influencia que ocupaba en el Indo-Pacífico hace siglos.

Históricamente, China ha jugado muy bien sus cartas para convertirse en una potencia a largo plazo. Ha invertido discretamente en la extracción y refinado de materiales críticos y explotaciones de materias primas en África y América Latina.

El Gobierno ha fomentado la competitividad entre las empresas nacionales. Las obliga a una lucha feroz en el mercado interior para ser más fuertes en el exterior. Es la cultura del mérito por encima del talento.

Otro detalle: China lidera de forma abrumadora el número de patentes de inteligencia artificial (IA). Se estima que entre un 60 % y un 74 % de las patentes de IA registradas en el mundo en los últimos 15 años corresponden a científicos y empresas chinas.

¿Cabe pensar que el ataque a Irán y el cierre del estrecho de Ormuz sean acciones orientadas a estrangular el suministro de crudo a China?

Creo que la guerra de Irán ha sido un error de análisis. Por lo que sabemos ahora, la decisión podría haberse tomado bajo la influencia del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu que le 'vendió' a Trump la idea de una operación relámpago.

No fue difícil, porque jugó la carta siempre eficaz de alimentar su ego. Seguramente le prometió que se repetiría lo que pasó en Venezuela con Maduro. En el caso de Irán, el plan era descabezar al régimen y destruir su capacidad ofensiva. Le hizo creer que en 48 horas caería el Gobierno y tendría acceso al petróleo iraní.

La visita de Trump a Xi Jinping se pactó entre los dos mandatarios en septiembre y estaba prevista para finales de marzo. Encajaba bien en el calendario: captura de Maduro, control del petróleo venezolano, apoderamiento del crudo iraní… Era un buen argumentario para empezar a negociar.

Como Trump es tan impulsivo, se lanzó a la piscina y se dio cuenta de que no había tanta agua como pensaba. Sí, había estrangulado una parte del suministro de petróleo, pero el control no estaba en sus manos. Ha tenido que retrasar un mes el viaje para resolver la situación, pero es posible que no le dé tiempo a hacerlo.

Trump tiene fama de negociador implacable y presume de jugar con las mejores cartas.

Donald Trump es un empresario, pero también es un showman. Su popularidad se fraguó en un programa de televisión de éxito. Por eso le gusta tanto aparecer en las redes sociales, escribir 'tuits' incendiarios y dar espectáculo.

En la mesa de negociación se comporta como un vendedor de alfombras persas: empieza adulando al adversario, luego amaga con romper el trato, insulta… parece que se va a ir, pero vuelve.

En Asia se regatea todo, pero el proceso es más sutil, no tan abrupto. Es un ritual que hay que seguir. La impulsividad de Trump le está costando algunos disgustos. Enfrente tiene a un Xi Jinping que sigue una estrategia muy clara y sabe cómo manejar los tiempos.

La dimensión individual de un personaje tan peculiar rompe el clasicismo de la escuela realista. Los Estados no son entes racionales, como la IA. Los representan personas con emociones y traumas familiares. Esto introduce una variable de incertidumbre, de caos, en las relaciones internacionales, porque las decisiones dependen de estados de ánimo, de presunciones, de lances imprevistos.

El libro menciona la ‘trampa de Tucídides’. ¿Significa que tarde o temprano China y Estados Unidos se enfrentarán en una guerra?

Tucídides fue un general ateniense que luchó en la guerra del Peloponeso. Escribió que "Fue el ascenso de Atenas y el temor que esto infundió en Esparta lo que hizo inevitable la guerra".

El politólogo Graham Allison estudió 16 situaciones históricas en las que un Estado emergente desafió a una potencia consolidada. 12 de ellas terminaron en guerra.

En geopolítica se habla de las cuatro ces, los cuatro tipos de relación entre Estados: Cooperación, competición, contención y conflicto. Cuando la industria estadounidense trasladó la producción a China, ambas potencias cooperaban. La pugna por la hegemonía en la IA ya es una señal evidente de competición.

Los chinos desafían a la industria estadounidense en muchos campos: controlan el 53 % de la construcción naval mundial, frente a menos del 1 % de EEUU. En el campo militar también están desarrollando tecnologías muy avanzadas.

Acaban de botar su tercer portaaviones y ya están construyendo el cuarto, que será de propulsión nuclear. La estrategia que impulsó Deng Xiaoping hace 50 años fue de crecimiento discreto, pero continuado.

Un caza Shangjiang J-15 despega del portaaviones chino Fujian.

Un caza Shangjiang J-15 despega del portaaviones chino Fujian. Li Tang. Europa Press.

Un aforismo en el mundo de las relaciones internacionales dice que China juega al Go, un juego de más de 2.000 años, de reglas sencillas y enorme complejidad estratégica. Rusia juega al ajedrez: estrategia y engaño, mientras que Estados Unidos juega al póker: gana el que más faroles echa.

La lucha por el control del petróleo de Venezuela e Irán, la guerra de aranceles, la limitación de acceso a tecnologías de semiconductores para IA, todo eso son signos de una estrategia de contención ligados a una retórica hostil.

Hasta ahora, la respuesta de China ha sido sutil, dentro de ese juego de estrategia a largo plazo. Puede llegar un momento en que EEUU diga "¡Basta!" y decida frenar la amenaza sobre su liderazgo mundial.

Taiwán está bajo el temor constante de una invasión. ¿Podría ser ese el desencadenante de la Tercera Guerra Mundial?

Para que una guerra se califique como mundial tiene que involucrar conflictos dispersos entre diferentes naciones, pero articulados en un mismo eje común. Algunos piensan que la Tercera Guerra Mundial ya ha comenzado.

Rusia invadió Ucrania y emplea tropas norcoreanas, aunque los ucranianos reciben ayuda de Europa y EEUU. Los rusos han empleado drones iraníes. Ahora, Israel y EEUU luchan contra Irán, que ha atacado a los vecinos del Golfo, quienes, a su vez, reciben ayuda de Ucrania. Como he dicho, todo está conectado.

Taiwán no es el único foco de tensión que hay en el Indo-Pacífico. En el libro explico que EEUU ha establecido varias cadenas defensivas en su flanco occidental. Japón forma parte de una de ellas. Desde hace años, hay un conflicto con China por las islas Senkaku, a 130 km de Taiwán y 330 km de la costa continental china.

Son de soberanía japonesa y se cree que en su Zona de Exclusión Económica se encuentra uno de los yacimientos de petróleo más grandes del mundo. Pekín y Taipéi las reclaman a Tokio. Además, en sus aguas se encuentra el paso hacia las profundidades del Pacífico, donde los submarinos chinos se harían indetectables.

En el pasado ha habido encuentros entre patrulleras japonesas y pesqueros chinos. No es descabellado pensar que se produjera una invasión popular, como la Marcha Verde que ocupó el Sáhara Occidental.

Volviendo a Taiwán: para China tiene un valor simbólico. Es una herida abierta desde la revolución. Xi Jinping ha asegurado que la unificación es una parte inevitable de la historia y es esencial para el gran renacimiento de la nación China. En 2049 se cumple el centenario de la fundación de la República Popular: el problema debería estar resuelto para entonces.

Estados Unidos, no lo reconoce formalmente como un Estado soberano, pero los últimos presidentes han declarado que, ante una eventual invasión, colaborarían en la defensa de la isla. Allí se producen el 60 % de los semiconductores y un 90 % de los chips más avanzados del mundo. China podría hacerse con el dominio de la tecnología más puntera.

Como ya he dicho, cabe la posibilidad de que Trump diga: "Ahora o nunca". Cuanto más tiempo pase, más se va a acercar el poder militar chino al estadounidense. Lo que pasa es que una intervención directa de los estadounidenses significaría un conflicto abierto de consecuencias incalculables.

¿Qué podemos esperar de la reunión entre Trump y Xi Jinping?

Desde la caída de la URSS, el liderazgo mundial lo ha ejercido EEUU y nadie ha podido desafiarlo hasta el momento. El 11-S marcó un cambio. Las amenazas se reformularon: no se luchaba entre grandes ejércitos, sino contra grupos terroristas o guerrilleros. El nuevo orden mundial está volviendo a la confrontación entre Estados.

Vladimir Putin amenaza a Europa por el Este. Xi Jinping resucita la grandeza imperial china en el Indo-Pacífico y Donald Trump se dedica a hacer que América sea grande de nuevo y que su supremacía no tenga contestación posible.

La polarización nos está llevando a modelos autoritarios. Quizá nos enfrentemos a que la democracia haya sido una moda pasajera en la historia. Me atrevo a asegurar que estamos en uno de los momentos más delicados desde el fin de la Guerra Fría, cuando la amenaza nuclear era real.