El exarzobispo de Washington, Theodore McCarrick.

El exarzobispo de Washington, Theodore McCarrick.

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Juan Pablo y Benedicto ignoraron las acusaciones de pederastia contra el arzobispo McCarrick

El informe apunta a un sistema de malas informaciones sobre las conductas "impropias" de Theodore McCarrick.

10 noviembre, 2020 20:00

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El Vaticano ha publicado la investigación sobre el exarzobispo de Washington Theodore McCarrick, de 90 años, expulsado del sacerdocio y del colegio cardenalicio por el papa Francisco por abusos a menores, en el que se explica que el papa argentino conocía "sólo de oídas" su "comportamiento inmoral con adultos" y que Juan Pablo II y Benedicto XVI, a pesar de los continuos rumores, dejaron pasar el asunto al ser mal informados o no tener pruebas ciertas.

Para esta investigación judicial de 450 páginas que ha durado dos años y que fue ordenada por Francisco en un gesto inédito, el Vaticano asegura que no se ha puesto ningún límite y que documentos de todos los departamentos de la Santa Sede, la Secretaria de Estado y la nunciatura han sido consultados, al tiempo que se han realizado hasta 90 entrevistas con un total de cerca 30 horas de grabaciones.

El informe, según cómo ha sido redactado, apunta un sistema durante años de mala información por parte de los obispos y los nuncios al papa, de desestimación de las denuncias anónimas por parte de las víctimas, de superficialidad y de falta de investigación de una conducta considerada entonces impropia, pero que en realidad escondía reiterados abusos sexuales y de poder de un verdadero depredador.

El caso estalló cuando el exnuncio en Estados Unidos, Carlo María Viganò pidió en agosto de 2018 en una carta de once páginas, publicadas en medios católicos conservadores, la renuncia del papa Francisco al asegurar que éste conocía ya desde 2013 las acusaciones que pesaban sobre el cardenal McCarrick.

Francisco actuó

En el esperado informe que busca dar transparencia a uno de los asuntos más espinosos del pontificado de Francisco, se explica que al respecto de lo que dijo Viganò, el papa ha recordado una breve conversación sobre McCarrik con el entonces sustituto de la secretaria de Estado, Angelo Becciu, y no ha excluido otra conversación breve con el secretario de Estado, Pietro Parolin.

Se subraya que hasta 2017 a Francisco nunca se le entregó ningún documento o cartas anónimas sobre McCarrik y que nunca habló del tema con Benedicto XVI ni con el entonces prefecto de la Congregación para los obispos, Marc Ouellet.

Pero el informe concluye que "papa Francisco había conocido sólo de oídas las acusaciones y rumores respecto a una conducta inmoral con adultos relativa al periodo anterior al nombramiento de McCarrik como arzobispo de Washington".

Y que "considerando que las acusaciones habían sido ya examinadas y rechazadas por Juan Pablo II y considerando que McCarrik, que en 2013 tenía 83 años, estuvo en actividad durante el pontificado de Benedicto XVI, Francisco no vio necesidad de modificar la línea adoptada en los años precedentes", escriben en las conclusiones.

Juan Pablo II lo sabía

La carrera de McCarrik empiezan cuando es elegido obispo de Mentuchen en 1981 y de Newark en 1986, donde empieza a destacar por ser hábil en recoger fondos para la Santa Sede y su nombre empieza a resonar para la poderosa diócesis de Washington, que va ligada siempre a convertirse en cardenal.

En el informe se recoge que uno de los testigos al que llaman "cura 1" de la diócesis de Metuchen afirmó que había notado las actividades sexuales de Mcarrik con otro sacerdote y después lo intentó con él.

También llegan una serie de cartas anónimas enviadas a la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, al nuncio (embajador) y a varios cardenales estadounidenses entre 1992 y 1993 que acusan a Mcarrik de abusos a menores.

Se sabía que el prelado había "compartido cama" con jóvenes adultos en la residencia del obispos en Metuchen y Nerwak y que también los llevaba en una casa que tenía cerca del mar en New Jersey.

Todas estas acusaciones fueron recogidas en una carta que el 28 de octubre de 1999 del cardenal John O'Connor, arzobispo de nueva York, al nuncio apostólico y que llega a Juan Pablo II.

O'Connor desaconsejó su nombramiento porque considera que sería un gran escándalo. Juan Pablo II pide un informe al entonces nuncio en Estados Unidos, Gabriel Montalvo, quien pide su parecer a los cuatro obispos de New Jersey y, según la investigación, "las respuestas de los obispos confirmaron que McCarrik compartió cama con jóvenes", pero no indicaban con claridad que hubiera una "mala conducta sexual".

Según la Santa Sede, tres de los cuatro obispos "no proporcionaron a la Santa Sede informaciones completas ni cuidadosas sobre la conducta sexuales con los jóvenes, mayores de edad".

En un principio, el papa prefirió apartar la candidatura de McCarrik para Washington pero éste el 6 de agosto escribe al secretario personal de Juan Pablo II, Stalisnaw Dziwisz y asegura que "en los 70 años de su vida jamás ha tenidos relaciones sexuales con ninguna persona hombre, mujer, joven o viejo, religioso o laico, no ha abusado de una persona o la ha tratado sin respeto".

"McCarrick reconoció que compartió cama con seminaristas en la casa del mar y que fue algo imprudente, pero insistió en que no había nunca tenido una conducta sexual impropia y que todo eran calumnias".

Juan Pablo II creyó a Mcarrick  a quien conocía muy bien desde los años 70 y como presidente de la Papal Foundation, que recogía importantes donaciones para el Vaticano, y le nombró arzobispo de Washington.

Donaciones

El informe del Vaticano se concluye que las transferencias que fueron enviadas a diferentes personas del Vaticano durante varios años "no influyeron en las decisiones" tomadas sobre la carrera de McCarrik.

El año pasado el diario The Washington Post desveló que McCarrik envió desde su propia cuenta, donde llegaban las donaciones que recogía para la Iglesia en Estados Unidos, hasta 600.000 dólares durante casi dos décadas.

La investigación de este periódico afirmaba que envió dinero donado a la iglesia por donantes estadounidenses a más de 100 funcionarios católicos, incluidos Juan Pablo II, que recibió 90.000 dólares, y Benedicto XVI, que recibió 291.000 dólares.

También un portavoz del cardenal Leonardo Sandri, sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado de 2000 a 2007 recibió 6.500 dólares, mientras que el cardenal secretario de Estado hasta 2006, Angelo Sodano, recibió 19.000 dólares.

Perfil bajo

Cuando en 2005 vuelven a surgir las acusaciones contra McCarrik de abusos sexuales a adultos, Benedicto XVI decide poner fin a la prórroga que había decidido sobre la jubilación del arzobispo, que acaba de cumplir 75 años. McCarrik le pide que espere unos meses para no amplificar el escándalo.

En 2006 y 2008, Viganò, que trabajaba en la secretaría de Estado, realizó dos informes sobre la conducta en los años 80 de McCarrik y preocupado porque podría surgir un escándalo sugirió abrir un proceso canónico.

El secretario de Estado, Tarciso Bertone y el sustituto para los Asuntos Generales de la secretaría, el argentino Leonardo Sandri, compartieron la preocupación y se lo dijeron al papa Benedicto, pero se desestimó un proceso canónico y se indicó sólo en 2006 al purpurado que mantuviese un perfil bajo.

El Vaticano destaca que los documentos hablan de recomendaciones y no de sanciones.

Sin embargo, McCarrik siguió viajando por el mundo sin que nadie lo impidiese. Se puntualiza que ni el nuncio Pietro Sambi ni después el mismo Viganò, que fue embajador desde 2011, impidieron o dijeron nada sobre los continuos viajes y participaciones en actos del exarzobispo.

Viganò no hizo nada

Al final del pontificado de Benedicto XVI, otro de los testigos denominado "Cura 3", otro sacerdote de Metichen, informó a Viganò de su propia causa legal afirmando que en 1991 había sido obligado a tener relaciones sexuales con McCarrik.,

Viganó escribió al entonces prefecto de la Congregación para los obispos, Marc Ouellet, sobre el asunto, quien le indicó algunos pasos qué debería hacer y la posibilidad de abrir una investigación. El Vaticano concluye que el exnuncio, que ha continuado sus ataques a través de periodistas católicos conservadores, no hizo nada.