La catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública recibió hace unos meses el Premio Optimistas Comprometidos.

La catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública recibió hace unos meses el Premio Optimistas Comprometidos. Nieves Díaz

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Dolores Corella, pionera en nutrigenómica: "Hay que crear una dieta mediterránea exprés acorde a los ritmos actuales"

La catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública explica cómo la genética y la nutrición son dos patas que sostienen un mismo proyecto.

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Dolores Corella dice que siempre ha visto el vaso medio lleno. Incluso cuando quedaba un día para entregar un proyecto, faltaban medios y a su alrededor aparecían razones para echarse atrás. En esa situación, ella prefería pensar que ya tenían la mitad.

Tiene sentido por ello que uno de los últimos reconocimientos que haya recibido en los últimos meses sea una especie de retrato: el Premio Optimistas Comprometidos, una distinción que celebra una cualidad que la pionera en nutrigenómica considera casi imprescindible para dedicarse a la investigación.

La sonrisa, en su caso, no parece un gesto accesorio, es una forma de ser y de estar. De afrontar la vida. Catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universitat de València, lleva más de 35 años tratando de entender por qué lo que funciona para una persona puede no hacerlo para otra en cuestión de dietas y alimentación.

Su trayectoria ha sido reconocida con, entre otros, el Premio Rei Jaume I de Investigación Médica, el Premio Internacional Hipócrates y el Premio Memorial Gregorio Marañón. Una lista a la que en 2026 se ha sumado este.

En la conversación, que tiene lugar en el céntrico Hotel Emperador, en plena Gran Vía madrileña, afloran palabras sobre genética y nutrición, pero también de aquello que queda entre ambos: el entorno, el sexo, la edad, el sueño, el estrés y una sociedad que cada vez sabe más sobre nutrición y, paradójicamente, parece tener más dudas que nunca sobre qué comer.

La ciudad de Madrid, desde el Hotel Emperador, a los pies de Dolores Corella.

La ciudad de Madrid, desde el Hotel Emperador, a los pies de Dolores Corella. Nieves Díaz

¿Hasta qué punto somos biológicamente distintos incluso a la hora de comer?

Ya hace tiempo que se sabe que no todas las personas responden igual a una misma dieta. Para comprobarlo, se realizaron experimentos en los que se ingresaba a los participantes en un centro, de manera que no pudieran tomar libremente lo que quisieran.

Por supuesto, se trataba de voluntarios que aceptaban esa situación y cuya alimentación estaba completamente controlada: se les proporcionaba el sustento y todos consumían exactamente lo mismo.

Esto permitía descartar la posibilidad de que un plan no funcionara porque alguien no lo hubiera seguido correctamente. Sin embargo, a pesar de que todos ingerían lo mismo, la respuesta era diferente en cada uno.

Ahí se demostró científicamente que las personas respondemos de manera diferente a una misma dieta, incluso cuando la alimentación está perfectamente controlada.

¿Y qué es lo que ocurre entonces?, ¿qué factores entran en juego?

Se empezó a investigar qué era lo que determinaba esa diferenciación y tuvimos la suerte de que se comenzó casi al mismo tiempo el Proyecto Genoma Humano, que una de las aplicaciones que puede tener es conocer las bases genéticas por las cuales se da precisamente esa respuesta distinta. A partir de ahí se integró todo en la nutrigenómica.

Por supuesto, desde entonces se ha complicado todo. La tecnología ha evolucionado y no sólo se ha detectado que hay variaciones en la secuencia de ADN, sino que también las hay de carácter epigenético —cambios en la forma en que se activan o desactivan los genes, sin cambiar la secuencia del ADN—.

Igualmente, hay otro tipo de diferencias que estamos incorporando para saber los factores por los que dos sujetos responden de manera diferente a la misma dieta y eso es lo que estamos investigando.

Hoy parece que el verdadero lujo será comer según nuestro ADN. ¿La nutrición personalizada es el futuro o todavía estamos lejos de eso?

En la actualidad ya sabemos que no hay una dieta perfecta. Lo que hacemos a nivel de salud pública es recomendar una pauta que puede ser la mejor para la mayoría de la población, pero somos conscientes de que habrá personas a las que no les irá bien por exceso y otro porcentaje, por defecto.

Conocemos ya cosas, pero todavía estamos en proceso de investigación, por lo tanto, para hacer las recomendaciones de nutrición personalizada aún falta un poquito.

Dolores Corella, 35 años al servicio de la salud alimentaria.

Dolores Corella, 35 años al servicio de la salud alimentaria. Nieves Díaz

Hay personas que aseguran que engordan mirando un cruasán y otras que parecen inmunes. Más allá de la exageración, ¿la genética realmente condiciona nuestra facilidad para ganar peso?

Sí, eso sí que lo sabemos. La genética condiciona que unas personas tengan un mayor gasto energético, otras menos. Entonces, hay gente que ingiriendo pocas calorías tiene un mayor aumento de peso y para otras es al revés.

Estamos investigando también las bases genéticas de todo ello porque, aunque lo sabemos porque lo vemos, no conocemos exactamente qué variaciones en qué genes son las importantes.

Usted habla mucho de cómo los genes interactúan con el entorno. Dicho de otra forma, ¿el estrés, dormir mal o una mala alimentación pueden cambiar la manera en la que funciona nuestro cuerpo?

Sí, ahora lo que estamos viendo es que la dieta por ella misma es un factor relevante, pero a su vez sus efectos pueden estar modificados por elementos como los que señalas; todo está relacionado.

Cuando investigamos, no sólo miramos la dieta, sino también todas esas cuestiones ambientales más relevantes. Son estudios muy complejos y cada vez se van dificultando más.

Primero la grasa era el enemigo, luego el azúcar, después los ultraprocesados, ¿qué cree que seguimos entendiendo mal sobre comer saludable?

La dieta es algo en lo que todo el mundo es experto.

Hay personas que se dedican a otras ramas de la ciencia cuyas investigaciones llegan muy poco a la población porque son conceptos más abstractos, pero todo el mundo come y a la hora de hacer los estudios nos encontramos con que cuando se quieren dar consejos, la gente dice "¿qué me van a decir a mí si yo como lo que quiero y me sienta bien?".

Es complejo de intentar dar las mejores dietas o innovar y que realmente tenga una base científica, porque al final lo que se va a imponer en su mayoría son las costumbres populares, por eso también hay tantos cambios.

Al principio se creía, en efecto, que la grasa era lo peor. Después se pasó a los azúcares, que siguen estando, pero con el ruido de los ultraprocesados. Es la propia sociedad la que va marcando las pautas.

Antes, por ejemplo, no había tantos productos de este tipo, por lo que comerlos era más ocasional, pero ahora, con la falta de tiempo para ir a comprar y cocinar, es lo más accesible y asequible. Se consume más y, por lo tanto, se dice que no es bueno.

A su larga lista de reconocimientos, la pasada primavera se unión el de Optimistas Comprometidos en la categoría de Ciencia.

A su larga lista de reconocimientos, la pasada primavera se unión el de Optimistas Comprometidos en la categoría de Ciencia. Nieves Díaz

La dieta mediterránea ha pasado de ser algo cotidiano a convertirse en algo casi aspiracional...

Estamos perdiendo una forma de comer que en realidad era una herramienta de salud.

Los estudios que se han hecho siempre han demostrado que es protectora frente a muchas enfermedades, no sólo ante las cardiovasculares, sino también diabetes y determinadas formas de cáncer. Ahora lo que se está viendo es que contribuye también a mejorar que no se produzca el deterioro cognitivo.

Estábamos en un país perfecto de dieta mediterránea tradicional, donde las personas mayores sí que la seguían, y a pesar de tener este tesoro, que sabemos que es lo más saludable actualmente, lo estamos perdiendo.

Y como sociedad es extraño, porque es nuestra costumbre, pero se desdibuja por la falta de tiempo o por el hecho de que cada vez los alimentos saludables y frescos son más caros: lo más económico es un plato preparado.

Hay que hacer otro tipo de pauta de este tipo, no sé si exprés —aunque no me gusta llamarlo así—, pero sí desde luego adaptada a la situación actual.

Uno de los aspectos más interesantes de su trabajo es también la perspectiva de género, ¿comemos, metabolizamos y enfermamos de forma distinta hombres y mujeres?

Sí, es un aspecto que se ha estudiado poco y no porque no haya interés. El problema que tenemos en investigación es que cuando hacemos un estudio necesitamos tener un tamaño de muestra amplio, porque luego hay que aplicar estadística y comprobar que las diferencias sean significativas en ese aspecto.

Cuando se diseña un proyecto de investigación, se calcula cuántas personas necesitamos incluir para que los resultados sean fiables. Por ejemplo, si tenemos presupuesto para reclutar a 2.000, el estudio se realiza pensando en ese número y se calcula el poder estadístico para el conjunto de la muestra.

El problema surge cuando queremos analizar por separado los resultados de hombres y mujeres.

Aunque incluya a 2.000 sujetos, al dividirlos en dos grupos estamos trabajando, aproximadamente, con 1.000 hombres y 1.000 mujeres. Y para muchas de las preguntas que queremos responder, ese número ya no es suficiente para obtener resultados con la precisión necesaria.

¿Cómo se gestiona entonces?

Si queremos estudiar ese factor, necesitamos aumentar el tamaño de la muestra. Eso significa reclutar a más personas y, por tanto, aumentar el coste, que podría duplicarse.

La otra opción es buscar estrategias que nos permitan analizar esas diferencias de manera adecuada sin tener que aumentar tanto el número de participantes.

Lo que sí sabemos a raíz de cuando lo hemos hecho es que esas distinciones son muy notables y habría que tenerlas en cuenta de cara a las recomendaciones. De hecho, en nutrición personalizada, uno de los factores que tenemos en cuenta es el género.

Pero también estamos viendo el envejecimiento. Ellas tienen más esperanza de vida que ellos prácticamente en todas partes y estamos investigando cuáles son los orígenes moleculares de esas diferencias.

Muchas mujeres sienten que hay etapas —embarazos, menopausia, cambios hormonales— en las que el cuerpo deja de responder igual a la comida. ¿La ciencia empieza por fin a escuchar esa experiencia femenina?

Lo estamos intentando. Yo llevo más de 35 años investigando la nutrición y los factores que la condicionan. Como hacemos los cuestionarios para hombres y mujeres conjuntamente, en muy pocos se ha preguntado, por ejemplo, edad de menarquia o de menopausia, número de hijos o si se aumentó de peso en ese punto. Y es porque son temas que no iban con ellos.

Desde que estamos teniendo en cuenta la importancia de la perspectiva de género, los nuevos formularios sí que las incluyen y estamos obteniendo resultados importantes.

Por ejemplo, en obesidad es muy importante los kilos que se ganaron durante el embarazo, si se perdieron después o si ha habido diabetes gestacional. Toda una serie de cosas que, aunque parezca que no, están ahí y van a influir.

¿Qué pesa más hoy, lo que comemos o cómo somos genéticamente?

Es un balance, son las dos cosas. La cantidad de energía que se ingiere es importante y también de dónde vienen esas calorías. Aunque una persona tenga una dieta de 2.000 kilocalorías, no es lo mismo si la proporción de los macronutrientes es diferente, si es más alta en carbohidratos, en grasas o proteínas... Todo eso lo tenemos que tener en cuenta.

Y, por otra parte, la genética es fundamental, porque es la que va a utilizar ese combustible y según cómo tengamos la composición genética, vamos a ver un resultado de cara al fenotipo diferente de otro.

Dolores Corella atendió la entrevista antes de marcharse a Estados Unidos.

Dolores Corella atendió la entrevista antes de marcharse a Estados Unidos. Nieves Díaz

Después de décadas investigando nutrición y salud pública, ¿qué le preocupa más, lo que estamos comiendo o la enorme desinformación que existe en torno a la alimentación?

Existe todavía una gran desinformación, más que nada porque ahora, en la época de las redes, se está añadiendo mucha información que no tiene base científica y la gente no sabe si lo que les están diciendo está fundamentado científicamente, si es una moda, quién se lo dice...

Pero me preocupan las dos cosas. Lo primero es que tendríamos que tener unas referencias para todos. Estamos intentando que existan estas guías que podemos hacer para la población, que se confíe en universidades y centros de investigación más que en cualquier página web que te encuentres por ahí. Tenemos que dar información fiable.

¿Cuándo mira el futuro, cree que la medicina acabará tratando la alimentación como una herramienta tan personalizada y precisa como un fármaco?

Es una pregunta complicada... Si hay algo que me pone contenta es que hace 35 años, cuando empecé siendo pionera, nutrición y genética no casaban, iban cada una por su lado. Pero yo fui un poco atípica y dije "¿por qué tiene que ser así?, ¿por qué no lo juntamos?".

Está claro que la genética va a ser importante en la alimentación y viceversa, para mí era muy obvio. Teniendo eso en cuenta, hoy en día, me hace muy feliz que se trabaje de forma interdisciplinar. Formamos equipos muy complejos y también es difícil en ese sentido ver por dónde irá la integración por la que preguntas.

La ventaja de los fármacos es que para la gente es muy fácil tomarlo. En cambio, seguir una dieta es más complicado. Se aprecia ahora con los nuevos medicamentos para adelgazar. Y claro, la gente que quiere perder peso y tiene que escoger entre pasar hambre o sacrificarse durante mucho tiempo, tiene claro qué va a hacer.

La farmacología, sin duda, tiene sus ventajas, su comodidad. También es verdad que hay efectos secundarios, pero nosotros lo que estamos intentando es que sea muy importante la nutrición.

Tras obtener tantos reconocimientos, ¿qué supone uno como el de Optimistas Comprometidos?

Es una distinción que, si lo piensas bien, es perfecta para el carácter de los científicos, investigadores e investigadoras. ¿Por qué? Porque si un investigador no es optimista, realmente puede hacer muy poco, ya que es una profesión muy complicada, con muy pocos medios.

De hecho, las nuevas generaciones ya no se quieren dedicar a ser investigadores.

Cuando lo preguntas en los colegios, quieren ser prácticamente de todo menos dedicarse a la investigación. Lo de este premio ha sido una gran alegría, un gran honor. Y es verdad que siempre he sido así, siempre he estado con la sonrisa en todas partes y he ido viendo el proyecto como si el vaso estuviera medio lleno.

Cuando tienes algo importante entre manos y te queda un día para presentarlo, es complejo. Son muchos los que quieren echarse atrás, pero yo siempre empujo. Ellos piensan que nos falta la mitad; yo que ya tenemos la mitad.

Es una vida muy complicada, sobre todo en España. Aquí tenemos mucho talento, pero pocos medios. Y los investigadores e investigadoras tienen que irse fuera. Estamos exportando demasiado talento.

¿Qué le diría a esas niñas que quizás tienen la inquietud pero les puede resultar mucho más atractivo lo que ven en redes sociales?

Yo he tenido la suerte de ver una evolución favorable de la mujer en la ciencia. Cuando comencé era muy difícil para las mujeres. La mayoría de las posiciones importantes estaban ocupadas por hombres. De hecho, sacar la cátedra siendo mujer y relativamente joven fue muy complicado.

Afortunadamente, por muchas pioneras que han ido luchando hemos conseguido más igualdad. Aun así, en lo que son las ciencias puras, más STEM, hay pocas vocaciones.

Les diría que es una profesión apasionante, que no me arrepiento de nada, ¡y eso que he hecho un montón de sacrificios! Pero es algo tan bonito y estás aportando para después mejorar la salud y la vida de otras personas. Realmente compensa si te gusta, pero claro, te tiene que gustar.