Silvia Fernández lleva la moda nupcial de Ponferrada al mundo: “Vendemos 10.000 vestidos de novia al año. Las millennial nos han llevado hasta aquí”
La diseñadora nos abre las puertas de su atelier para repasar los secretos de un imperio que no deja de crecer. Fiel a sus raíces, mantiene su sede en su ciudad natal, con un equipo eminentemente femenino que ya es familia.
Creamos en él o no, en algún lugar del destino estaba escrito que esta leonesa sería la auténtica reina de los vestidos de novia, la mujer que cada año hace felices a miles de mujeres tejiendo sus sueños en un traje único que guardará siempre en su memoria.
El camino de Silvia Fernández y su marca homónima está lleno de mágicas casualidades y de una pasión casi ‘obsesiva’ por la moda. En menos de una década, esta leonesa ha conseguido levantar un imperio que sigue creciendo. Pero ella, berciana de pro —gentilicio de las gentes de El Bierzo—, mantiene su sede central y su taller en su Ponferrada natal. Y de allí al mundo, haciendo patria y sin ninguna intención de irse.
Nos encontramos con la diseñadora en su tienda de la calle Camino de Santiago de la ciudad. Una cristalera permite ver el imponente taller contiguo, donde el ritmo frenético de las costureras no para. Ellas son el alma de una firma que ha revolucionado el sector nupcial y de invitada, con clientas nacionales e internacionales, entre las que se encuentran muchas famosas.
Nos recibe ilusionada, presentándonos al equipo y mostrándonos todo lo que se cuece tras bambalinas. El local donde nace este gran sueño fue la primera señal que recibió de aquel era el principio de una historia de éxito empresarial.
Silvia, ¿de dónde te viene esa pasión por la moda?
Desde que tengo uso de razón, incluso antes, porque era sólo una niña. Mi madre es costurera de toda la vida y creo que la gente que ve la moda no se da cuenta de que detrás de cada prenda hay una persona. Yo lo viví desde el inicio.
Siempre tuve mucha imaginación. Se me ocurría una idea, y como no existía en el mercado, ella me lo hacía. Dice que me hice mi primer vestido a los 12 años, era de cuadros Vichy en rosa.
No he tenido opción de elegir, amo la moda desde siempre, porque, además, para mí es un estilo de vida.
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Tu madre ha sido un referente para ti, ¿qué recuerdos tienes de esa infancia?
Yo no la vi empezar a coser hasta que falleció mi padre. Era la manera en la que ella podía trabajar en casa y llevar a cabo la crianza de dos niños pequeños, porque yo tenía diez años, pero mi hermano sólo seis.
Al principio, no me gustaba, porque la veía coser y llorar; no tenía la perspectiva de lo que estaba pasando en casa. Cuando lo entendí, quise ayudarla y rápidamente empecé a coger una tijera, a desmontar… Me convertí un poco en su ayudante.
El hecho de darte cuenta de que con un trozo de tela puedes hacer lo que tú quieras te da ese impacto de cubrir una necesidad que a lo mejor el mercado no te ofrece.
Esto no dista demasiado de lo que es hoy Silvia Fernández; creo que como marca hemos llegado para cubrir un espacio libre que había en el sector textil.
Y, sin embargo, tu formación es otra…
Siempre fui muy buena estudiante y mis profesores aquí en Ponferrada le decían a mi madre que tenía que hacer una carrera, porque era muy disciplinada, sacaba muy buenas notas y se me daban muy bien las relaciones públicas.
Así que terminé en Madrid haciendo RRPP y Publicidad. La saqué, pero nunca me he dedicado a ello. Fue ahí donde empecé en el mundo de la moda.
¿Diseñando?
No, mi trayectoria profesional en la moda comenzó desde el modelaje. Tras ser descubierta por la directora de una agencia, mi estatura me permitió trabajar como maniquí y conocer la industria desde sus entrañas; de forma inesperada, en apenas tres meses ya estaba desfilando en París.
Sin embargo, el amor supuso el gran punto de inflexión en mi destino. Durante unas vacaciones de verano en mi ciudad para visitar a mi madre, conocí a quien hoy es mi marido.
Esa fe absoluta en el amor es la que me impulsa a diseñar vestidos de novia. Aunque hubo quienes cuestionaron mi decisión de abandonar mi carrera exterior para regresar a casa, prioricé mi faceta personal y el fuerte vínculo con mi familia.
Estar cerca de mi madre, que ha sido mi pilar fundamental, resultaba más valioso que cualquier éxito profesional efímero que pudiera alcanzar fuera. A pesar de las oportunidades que tenía en aquel momento, decidí apostar por mis raíces y mi vida privada.
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Y empezaste de cero… ¿cuál fue tu primer trabajo aquí?
Pues fue precisamente en este local donde se ubica mi tienda, que antiguamente era el Zara de Ponferrada. Aquí trabajé en las rebajas de invierno, porque no encontraba nada de lo mío. Quién me iba a decir a mí que aquí iba acabar teniendo mi atelier.
¿Lo buscaste o simplemente apareció?
Fue una auténtica y verdadera casualidad. En el 2021, cuando pasó el COVID, la marca ya estaba creciendo y las instalaciones donde fabricábamos, que estaban en una nave en un polígono industrial, se nos quedaban pequeñas. Entonces, una persona de Ponferrada me dijo: "Está libre el antiguo Zara, ¿no te serviría?".
A mí me parecía impensable, porque este local era del propio Amancio Ortega, ya que fue la primera tienda de la marca que abrió fuera de Galicia. No estaba en alquiler, sólo en venta, así que hablamos con ellos y la verdad es que nos lo pusieron fácil. Querían que estuviera en manos bercianas y más para una firma made in Spain.
Pero antes de lanzarte a crear tu propia marca ya trabajabas en la moda nupcial, ¿cómo fueron aquellos años?
Sí, estuve dos décadas en una empresa del sector y pensé que me iba a jubilar allí. La sorpresa fue cuando me despidieron… De pronto, te encuentras con 42 años y dices ‘¿y ahora qué?’.
Le dimos muchas vueltas y casi me sentí obligada a crear una marca propia, porque los valores que yo tenía como profesional no existían dentro del sector en ese momento. Cuando empecé, yo creo que la palabra "miedo" se queda pequeña, lo que sentía era terror.
Siempre digo que las personas que hemos estado en el infierno nos volvemos osadas, porque conocemos la puerta de salida. Yo era muy conocida dentro del gremio, pero fuera no porque nunca había estado en primera línea.
Hasta poner el nombre Silvia Fernández me parecía osado, porque es un nombre muy común, y yo soy una mujer muy normal. Yo no era consciente de que esa normalidad podría gustar.
En el mundo de la moda parece que la gente que tiene éxito tiene que ser muy diva, personas a las que les gusta mucho el foco, y yo soy todo lo contrario.
Y en sólo ocho años has construido tu propio imperio, ¿dónde está el secreto?
Buena, esta es una marca super pequeñita, pero hay mujeres que valoran una prenda muy bien hecha. Para mí los valores estaban clarísimos cuando la fundé: made in Spain, infraestructura propia y que las piezas se puedan personalizar.
Creo que nos tenemos que acercar al gusto de cada persona. Yo diseño una colección, pero luego cada mujer puede personalizarla bajo nuestro asesoramiento para hacer algo especial. Buen patrón y buen tejido; a partir de ahí, vemos si los diseños encajan.
Justo cuando estaba tomando esta decisión, entró la generación millennial a casarse. De repente, son mujeres que admiran absolutamente nuestros valores.
Lo que nos puso en el mercado, sin tener tentáculos, sin conocer a nadie del mundo de la prensa, sin conocer celebridades ni nada, fue lo más democrático que existe: el cliente. Ellas han decidido que hoy seamos la marca española número uno en ventas en nuestro país.
¿Vuestra gran ventana al mundo desde Ponferrada fueron las redes sociales?
Totalmente, sobre todo durante la pandemia Instagram fue nuestro escaparate. Estaba todo parado, pero las redes seguían muy activas. Eso hizo que muchas mujeres jóvenes nos conocieran como marca. No paraban de escribirnos preguntando cómo podían comprar un vestido de nuestro. En ese momento, sólo teníamos tres tiendas abiertas.
¿Cuándo aterrizaste en Madrid?
En plenas navidades de 2021, en mitad de la ola de COVID, decidimos hacer un viaje a la capital para buscar locales. El edificio del primer local que vimos tenía una placa que indicaba que había sido el atelier de Jesús del Pozo. ¡Yo trabajé con él dentro del sector bridal durante ocho años y lo conocí personalmente!
Otra casualidad… Hablé con la dueña y en 30 minutos ya habíamos cerrado el acuerdo. Pintamos, hicimos cuatro cosas y abrimos. De pronto entraban las novias dándonos las gracias por haber llegado a Madrid. Ahí fue cuando fui consciente por primera vez del conocimiento real de la marca.
Y llegaron las celebrities y la exposición pública, ¿quién fue la primera en confiar en vosotras?
Sí. nos empezaron a escribir de repente por Instagram diciendo que les encantaba la marca y pidiéndonos vestidos para eventos como los Premios Goya.
Una de las primeras en ponerse en contacto con nosotros fue Lidia Bedman, a quien hemos vestido muchas veces.
Un dia nos escribió para contarnos que iba a asistir al Día de la Hispanidad, al besamanos con los Reyes, y me dijo: “Yo me vestiría siempre de tu marca, pero creo que es mejor que el look no me lo hagas tú porque te voy a hacer muchísimo daño. Mi marido es Santiago Abascal y la prensa me va a criticar lleve lo que lleve".
Yo le respondí: "Es imposible que te critiquen, porque vas a ser la más elegante”. Y así fue...
Siempre digo que, a veces, un gran diseño puede con la persona que lo lleva, pero es que Lidia además es un ser de luz y una persona muy dulce.
“Un día me llamó Lidia Bedman para decirme que no me iba a pedir el look para el Día de la Hispanidad con los Reyes, porque era la mujer de Abascal y la iban a criticar llevara lo que llevara. Le dije: ‘No, vas a ser la más elegante’. Y así fue”.- Silvia Fernández
Otro de tus hitos fue vestir a Lalachus para las Campanadas 2025…
Sí y encantadísimas. Nos hemos enfrentado a looks donde creo que hemos salido muy vencedores. Ningún cuerpo ni ninguna mujer me puede asustar; lo único que necesito para vestirlas es admirarlas.
No miro sus seguidores ni me importa su profesión, mientras sea algo legítimo. Entonces se produce un gran match porque entiendo perfectamente lo que necesitas, y ahí creamos el look perfecto.
¿La gente acude a vuestras tiendas pidiendo directamente el look de una famosa o inspirándose en ellas?
Sí, entran pidiendo el vestido de tal persona, con nombre y apellidos, Las celebrities y mujeres influyentes nos han ayudado muchísimo.
Silvia Fernández también triunfa a nivel internacional, ¿cómo es el perfil de esa clienta?
Eso se ha disparado, sobre todo, desde que abrimos nuestra tienda el pasado octubre en la calle Claudio Coello de Madrid. Tenemos a muchísimas mujeres sudamericanas que cargan maletas enteras con vestidos de fiesta de Silvia Fernández para llevarlos a sus países, porque valoran muchísimo la alta costura española.
Tenemos puntos de venta en Portugal, Francia, Austria e Italia, y también contamos con presencia en Nueva York y Miami. Ya no es solamente que vengan a nuestras tiendas propias en España, sino que estamos presentes en puntos de venta multimarca que nos acercan a otro público.
Y seguís creciendo, ¿qué piensas cuando echas la vista atrás?
Va todo tan deprisa… Esta es una carrera de fondo constante. A veces me paro y me emociono hablándolo con el equipo, porque muchas de las trabajadoras han estado desde el minuto uno de Silvia Fernández.
En esta casa ha habido muchas lágrimas y miedos, pero siempre me he sentido muy arropada por el equipo. Es impactante cómo en tan poco tiempo el mercado nos ha dicho tantas veces "sí, quiero".
Pese al éxito mantienes los pies en la tierra y una línea firme y constante con la marca, ¿por qué?
Muchos compañeros hacen novias y también pret-a-porter porque es rentable; yo nunca me meteré en eso. Si tengo la joya de la corona que son las novias, ¿cómo voy a ponerme a hacer un pantalón o una falda? A veces diseño cosas para mí o para mis amigas, pero nunca las comercializamos.
¿Qué te da la moda nupcial?
El vestido de novia tiene un componente muy emocional, de sentimientos y de corazón, porque compartes momentos superbonitos con la familia, especialmente con las madres.
Somos conscientes de lo que recibimos cuando una mujer entra a nuestra casa; sabemos el miedo que le tienen a ese traje, y acompañarlas en un momento tan único es un regalo y una bendición.
¿Cuántos vestidos podéis llegar a vender al año?
Estamos en una fabricación que ya supera las 10.000. Este 2026, además, abriremos tres tiendas más, en Coruña, Alicante y Murcia, con las que alcanzaremos el número 18.
Cada ciudad tiene sus características y las novias también son diferentes… ¿cómo afrontas ese aspecto?
Escucharlas y acercarme a ellas es lo que me da el poder de hacer colecciones que después encajan muy bien en el mercado. Hago muchísimo evento "de tierra" en las tiendas para aprender de ellas.
“Estuve dos décadas en una empresa del sector nupcial y pensé que me iba a jubilar allí. La sorpresa fue cuando me despidieron…Con 42 años, dices ‘¿y ahora qué?’. Casi me sentí obligada a crear una marca propia”- Silvia Fernández
El asesoramiento es parte fundamental de la marca, ¿no crees que hacéis de alguna manera un trabajo psicológico y emocional?
¡Claro que sí! Tenemos que darles muchísima seguridad en cuanto entran para que se sientan tranquilas y poder ‘leerlas’. Yo siempre digo que visto vulnerabilidades.
Siempre pienso si algún día vestiré a una mujer que no le tenga miedo al vestido que le voy a hacer, aunque también creo que tengo el don de hacer que se sientan seguras.
Le digo siempre a mi equipo cuando viajo a las tiendas que nuestro trabajo no es hacer vestidos de fiesta, ni de novia, ni para alfombras rojas sino hacer feliz a las mujeres.
¿Y hay trucos para hacer el vestido perfecto?
Un buen patrón es mágico. porque te quita visualmente todo lo que haya que quitar. No existe el cuerpo perfecto; quien diga que lo tiene, miente-. Y no hay ninguna mujer que se sienta cien por cien segura; todas somos vulnerables.
Ahora también entramos en esas madres, cuyos hijos se casan y van de madrinas, que te dicen: "Es que yo no me quiero ver como una señora". Lo importante es hacer un vestido correcto para la ceremonia que han elegido, que cambia si es civil o religiosa, pero el objetivo siempre es ponerla guapa.
¿Notas que la gente joven recurre a la moda a medida en eventos como graduaciones o looks de invitada, rompiendo la idea de que esto era sólo para mujeres de cierta edad?
Gracias a Dios, las generaciones que vienen lo valoran muchísimo. Estamos normalizando decir: "Me voy a hacer un vestido exclusivo porque tengo un evento especial y no quiero ir vestida como todas".
Ese es el poder que tienen las millennials, que han dado un golpe encima de la mesa. En el sector nupcial, hace diez años. el 90% de las novias llevaba un vestido chino; es un dato muy fuerte. Hoy eso ha cambiado.
Es un impulso para el sector…
Sí. Tenemos que ser conscientes de que aquí, en el taller central, somos 60 mujeres, y sumando nuestras tiendas somos ya 115 trabajando dentro de Silvia Fernández. Si esta industria crece, hacemos crecer primero una cultura, porque la moda es un arte, y estamos dando valor al made in Spain generando empleo femenino.
La difusión en redes sociales está provocando una revolución en el mercado gracias a estas novias millennial, que han sido las primeras en volver a vestirse de moda española, haciendo que el talento salga a la palestra.
Marcas jóvenes como Silvia Fernández y muchos compañeros a los que admiro muchísimo nos estamos haciendo muy fuertes en el mercado porque este está hablando de forma democrática.
Es un tsunami que viene para quedarse. No tendríamos que volver a las industrializaciones que ni tan siquiera son éticas. Estoy segura de que muchas mujeres que en su momento llevaron un vestido made in China, si supiesen que las personas que están trabajando allí ni tan siquiera duermen en una cama y trabajan 20 horas al día, no lo habrían comprado.
¿Crees entonces que tenemos más conciencia social?
Debería haber más, porque el gran problema es la información, y la información es poder. Al final, yo no dejo de ser una embajadora de todas mis trabajadoras. Muchas se van a jubilar conmigo y las hay que nunca habían estado dadas de alta en la seguridad social. La primera vez ha sido aquí y eso que tienen 50 años de profesión.
Estos trabajos ponen en valor el lado más artesanal de la moda: las bordadoras, las costureras... Es una manera de mantener y recuperar oficios dándoles valor y normalizándolos más allá de una moda efímera.
El 90% del empleo en este sector es femenino.
Es Silvia Fernández, todo queda en familia: tu marido lleva la parte empresarial, tú la creativa, tu madre ayuda en el taller... ¿Cómo lleváis lo de trabajar y vivir juntos?
Mi madre viene todos los días por prescripción médica, sí —dice entre risas—. Y mi marido lleva toda la comercialización de la firma, tanto en los puntos de venta multimarca en España como en el extranjero. Él es el que tiene el conocimiento de los mercados nacionales e internacionales.
Tengo que decir que me llevo mejor con él como pareja que como jefe — bromea—. Pero es porque en la parte creativa somos más soñadores.
¿A qué diseñadores admiras?
¡A muchos! Me encanta lo osado que es Palomo Spain; esa osadía combinada con una perfección absoluta en el patrón me alucina. También a Redondo Brand y a Fabio Encinar, porque tiene mucha raza.
Me gusta mucho el estilo de Alicia Rueda. Es compañera del sector nupcial, buena persona y admiro mucho las cosas que ha vivido y ha superado.
¿Cómo es el estilo de Silvia?
En mi día a día, te diría que me gusta ser cool y estar absolutamente al día de las tendencias. Soy una gran consumidora de textil y tengo un fetiche absoluto por las piezas icónicas del mundo de la moda.
Lo ‘peor’ es que las consumo para tenerlas, pero no para ponérmelas. Normalmente hay cosas que nunca me pongo, pero me importa tenerlas en casa; para mí es como quien se compra un cuadro.
Guardo cosas icónicas dentro de mi armario que me he puesto solamente dos veces, pero me gusta verlas.
Por ejemplo, el 2.55 de Chanel. Fue el primer bolso bueno que me compré. Tenía 22 años y recuerdo perfectamente que me costó 175.000 pesetas —unos 1.100 euros— ..
Había ahorrado durante mucho tiempo como una hormiguita y ese día no llevaba ni bolso, sólo los billetes doblados en el bolsillo del vaquero..
Cerramos la entrevista poniendo en el foco las colaboraciones solidarias de la marca. ¿Qué tipo de acciones lleváis a cabo?
Yo siempre digo que estas cosas muchas veces no hace falta ni contarlas, porque las haces porque quieres y porque te nace de dentro, sin que nadie te lo pida.
Aquí en Ponferrada colaboramos activamente con la Asociación Amanecer, que pertenece a Cáritas y que ayuda a sacar a mujeres del mundo de la prostitución.
Desde nuestra marca, además de la sección de producción, tenemos un área dedicada a la formación. Creo firmemente que a las mujeres que son presas de ese entorno hay que enseñarles que existe otro mundo y, sobre todo, darles herramientas para valerse por sí mismas y poder salir de ahí.
Por eso, en los cursos anuales que impartimos integramos a personas derivadas de esta asociación.
Soy empresaria y considero que hay que tener una responsabilidad social a muchos niveles. Al ser una marca del Bierzo, ayudamos en todo lo que podemos en Ponferrada. Si Cáritas organiza una chocolatada solidaria, ahí estoy yo..
Cuando llegan las Navidades también colaboramos con Proyecto Hombre en León. Pienso en el sufrimiento que supone esa situación para cualquier madre, pero se puede superar. Para ellos hicimos una camiseta con la frase ‘Puedes diseñar tu vida’. Los beneficios de la venta van destinados íntegramente a esa entidad.
Ese lema se ha convertido ya en un auténtica insignia e himno de nuestra casa. No pasa nada por haberse equivocado en el camino, existen las segundas oportunidades y nunca es tarde si la dicha es buena.
Y esa red benéfica se extiende fuera de nuestras fronteras, ¿verdad?
Sí, desarrollamos una colaboración muy bonita con una asociación de mujeres colombianas que se han quedado viudas o que han sufrido situaciones de maltrato por parte de sus parejas, tienen hijos pequeños a su cargo y trabajan la técnica del macramé desde sus casas para poder conciliar.
Hemos diseñado de forma conjunta un complemento maravilloso para novias. Nosotros lo importamos a España para ofrecérselo a nuestras clientas y va a empezar a comercializarse de manera oficial en todas nuestras tiendas a partir de la temporada de novias de 2027.
Al final, si te das cuenta, casi todas nuestras acciones solidarias están enfocadas en ayudar a mujeres. Si podemos sumar, es nuestra obligación como personas que tenemos la capacidad de llegar al público empujar y construir.