Piedad Garrido con una de sus botellas en las viñas de la bodega.

Piedad Garrido con una de sus botellas en las viñas de la bodega. Cedida

Protagonistas

Piedad Garrido, CEO de Bodegas Marisol Rubio: "Nuestro objetivo era pasional. Ahora somos una gran marca"

Con esta empresa, no sólo sigue el legado familiar, también pone en valor el trabajo de su padre y el nombre de su madre.

Más información: Idoia Montero, la pintora del alma: "Hay que arriesgarse. Mi hermana y yo nos atrevemos a ser lo que realmente somos"

Publicada

Los dictados sociales empujan a caminos que marcan lo que hay que hacer, lo que está bien, lo establecido. Sin embargo, a veces, los que se decantan por lo emocional encuentran en sus pasos la auténtica pasión.

En Bodegas Marisol Rubio, Piedad Garrido es su directora general y CEO, el día a día se experimenta como el vino y su cosecha: con una mezcla de incertidumbre y riesgo que entronca con la certeza de que la respuesta correcta se encuentra en casa.

Esta iniciativa, que ensalza los valores de la tierra —Toledo, Castilla-La Mancha—, hoy convertida en una gran marca, nació como algo más ligado a lo irracional, pero siempre guiado con buen criterio. Aquí convergen profesionalidad, buen hacer, sentido y sensibilidad, notas de una añada perfecta que habla de presente, pasado y futuro.

Hay proyectos que nacen de una oportunidad y otros de algo sentimental. ¿Qué peso tiene la parte de negocio y esta otra faceta en las bodegas?

El origen está en eso que dices. Mi hermano y yo quisimos poner en valor el trabajo de mi padre y el nombre de mi madre, que falleció siendo joven, de repente. De ahí surgió algo puramente emocional.

No obstante, por la educación que hemos recibido, siempre intentamos hacer las cosas lo mejor posible, así que no nos lanzamos a la aventura y ya está.

Al contrario, nos fuimos a California, estuvimos viendo propuestas similares, estudiándolo todo. Conseguimos el mejor enólogo, que entendía la región y sabía trabajar viendo cultivos. Todo se hizo con mucho conocimiento y trabajo.

Es verdad que el objetivo era pasional. No teníamos ningún fin comercial ni nada. Pero luego ha ido creciendo y se ha convertido en una empresa, en un negocio donde cada vez hay más inversión y, lógicamente, un retorno con una serie de cuentas y procedimientos.

Es una compañía que ha conseguido un nombre, un prestigio estando en muy buenos sitios, recibiendo unos reconocimientos que al final hacen que quieras estar a la altura.

Entonces, lo que fue pura pasión ahora es un negocio. No me gusta mucho la palabra comercial, pero sí hay una serie de estrategias y características que lo convierten en una marca.

Teniendo en cuenta todo esto, ¿cuál es la filosofía que subyace detrás de Bodegas Marisol Rubio?

Poner en valor una tierra de la que no se ha demostrado su potencial durante mucho tiempo, sucede con Toledo y con Castilla-La Mancha.

No se han explotado lo suficiente y hay proyectos preciosos, como el mío, que están haciendo precisamente eso. Además de demostrar que aquí se hacen buenos vinos, con mucha calidad, esfuerzo y que merecen un hueco muy respetable dentro de la cultura vitivinícola.

Queremos potenciar la labor del agricultor, como mi padre, y continuar una saga. Mi hermano y yo somos la quinta generación y aparentemente llevábamos caminos diferentes —yo estudié periodismo, mi hermano, industriales—.

Y continuamos con nuestra carrera dentro de lo que nos gusta, pero también hemos conseguido continuar el legado familiar. Estar 100% relacionados con esa tradición es muy bonito.

Piedad Garrido, junto a su hermano Jorge sumergidos en el viñedo.

Piedad Garrido, junto a su hermano Jorge sumergidos en el viñedo. Cedida

Como decías, antes tu vida estaba ligada a la comunicación. ¿Qué parte de ese sector has trasladado al mundo del vino?

Toda mi trayectoria me ha ayudado mucho. Las empresas no valoran lo suficiente la labor de la comunicación y lo que no se comunica no existe.

En nuestro proyecto, la imagen de marca y la relación con medios e instituciones están muy cuidadas porque tengo esa sensibilidad y he prestado especial atención a esa parte.

Muchas veces, en los negocios pequeños no hay presupuesto para todo, pero es porque creemos que no hay un valor directo que sí está. Sin duda, es fundamental que haya un buen producto de base, pero luego hay que saber trasladarlo y cuidar muchísimo lo que se muestra.

Detrás de la idea de ir a California también estaba esto, queríamos conocer cómo hacen ellos la parte de marketing.

¿Qué has descubierto de ti misma y de tu familia en este proceso?

Estoy muy contenta de haber emprendido así, porque es verdad que no es sencillo.

Nosotros nos pasamos la vida hablando del tema, aunque lo queramos evitar. Nos ha unido más todavía porque los tres tenemos un objetivo en común, que es sacar Bodegas Marisol Rubio adelante, darla a conocer, demostrar su calidad, el cariño...

Al final, si surge una discusión, hay algo que tenemos claro: lo que nos importa es Marisol Rubio, que es mi madre, la de mi hermano y la esposa de mi padre. La persona que los tres más queremos, así que dedicamos todo nuestro esfuerzo a ello, a conocernos más y a respetarnos más.

Es muy bonito también ver cómo nuestros hijos se están involucrando, cómo cogen la botella con ese aprecio...

Si entramos en el liderazgo, ¿cuáles han sido tus referentes femeninos?

Nunca he sido muy de eso, sino más de tener los pies en la tierra y las ideas muy claras. Pero al margen de ello, y aunque suene a tópico, era mi madre, que es el primer ejemplo que tienes.

Todos los valores que he visto en ella, lo que me inculcó. Era una persona muy cariñosa, empática, trabajadora... Al final, todo eso te imprime carácter. También me ha influido mucho el ir consiguiendo mis sueños, manteniéndome humilde y con constancia.

E intentar aprender siempre. He tenido la suerte de estar rodeada de grandes profesionales y de multinacionales muy potentes. Si eres un poquito esponja y observas, te vas a quedar con lo más útil.

Más allá del proyecto, ¿dónde te gustaría dejar huella?

Por supuesto en mi hija, que tiene dos años. Quiero que se sienta orgullosa de mí, eso es lo más importante. No necesito más. Al final se trata de mi gente más cercana: mi hermano, mi cuñada, mi padre, mis amigos más íntimos... Quienes me quieran, me valoren, me inspiren.

Y luego, si yo dejo una huella en mi niña, si ella me ve como referente y me admira, ya estaría (se emociona por segunda vez en la conversación).

Piedad, junto a su padre.

Piedad, junto a su padre. Cedida

Creo que ahí está también el valor de lo que hacéis y de aquello que impregna vuestro producto y vuestra tierra. Poco sentido tendría el proyecto sin eso...

Vinos hay muchos, es una locura. ¿Y buenos? También. Pero al final hay que tratarlo como a un ser vivo y lograr que transmita esa parte. Se trata de algo que expresa muy bien de dónde viene, la tierra, lo que le rodea.

Parece muy poético y muy filosófico, pero es la verdad. Es algo que tiene ese carácter y en esto hay puesto mucho cariño y se nota.

Precisamente a raíz de lo que comentas se genera una especie de intimidad. Se trabaja con el tiempo, con la tierra y, por supuesto, con cosas que uno no controla. ¿Cómo se convive con esa incertidumbre por la parte del negocio?

Es muy duro, porque nunca sabes cómo va a salir, ni la cosecha ni luego la producción. No tienes ni idea, porque en función de si hace más o menos calor, de si llueve o no, etcétera, el vino va adquiriendo lo que es.

Al final estás en vilo de forma constante y eso lo he vivido con mi padre, que siempre estaba mirando al cielo. Puede suceder que, al final, todo se estropee porque ha caído una granizada y se lo ha llevado todo.

Aun así, es muy bonito porque tiene mucha relación con lo que es la vida. Está ahí esa emoción donde todo puede salir bien o mal. Si eres una persona a la que le gusta el riesgo, pues te atrae, porque tiene cierta gracia, cierta pasión, viveza... No es sencillo.

Lo fácil nunca lo es, aunque suene paradójico. Lo bonito es crear una vida con emociones. Nosotros tenemos un lema que nos encanta: 'Nuestra cosecha es vivir con V de vino' y encierra justo eso.

¿Qué parte de tu vida personal se cuela en la toma de decisiones?

Creo que van en paralelo, cuando te gusta mucho tu trabajo, caminan de la mano. Yo no sé separar. Es verdad que ahora que tengo a la niña intento dedicarme a ella, encontrar mis momentos para las dos, que no los interrumpa nadie.

Pero si estuviese hablando contigo esta tarde mientras voy conduciendo en el coche con ella sentada detrás, lo disfrutaría igual. Es algo irremediable.

Piedad Garrido dirige Bodegas Marisol Rubio, un proyecto que nació hace ocho años.

Piedad Garrido dirige Bodegas Marisol Rubio, un proyecto que nació hace ocho años. Cedida

Cuando comenzó esta aventura, hace ya ocho años, ¿hubo miedo?

Sinceramente, no, porque como empezamos con tanta pasión, alegría y entusiasmo, no veíamos eso.

A medida que el negocio va creciendo—porque lo ha hecho una barbaridad— vas adquiriendo responsabilidades y quieres estar a la altura e ir superándote.

Ahí sí que aparece esa sombra, sería inconsciente no sentirla. Sin embargo, con trabajo, esfuerzo e intentando hacer las cosas bien, se va un poco.

En un sector que, al menos desde fuera, se ve muy masculinizado, ¿te has sentido cuestionada en algún momento?

Es cierto lo que dices. Piensas en campo y lo asocias al hombre, al igual que en vino o en una bodega.

Ese cliché sigue estando ahí, pero yo siempre me he sentido muy aceptada. He hecho grandes amigos en este sector y me he sentido respetada y escuchada. Respondiendo a la pregunta, personalmente no.

También las mujeres nos vamos adentrando cada vez más, demostrando nuestra valía, que somos iguales que los hombres, ni más ni menos.

¿Y cómo son las mujeres de las que te rodeas en este sector?, ¿qué has aprendido de ellas?

Es cierto que sigue habiendo más hombres, pero al final si eres una buena profesional, lo vas a ser en un sector o en otro. He visto a mujeres que están formadas, que tienen valía, con sentido común, que se esfuerzan.

De todos modos, me gusta valorar a las personas por lo que son, no por su sexo.

El vino tiene un vocabulario propio, si tuvieras que escoger tres palabras que normalmente se asocian a la cosecha o a las bodegas para definirte, ¿cuáles serían?

Personalidad, sensibilidad y sofisticación.